De la Reforma Tributaria a la Emergencia Progresista - El Mostrador

Sábado, 18 de noviembre de 2017 Actualizado a las 05:20

Opinión

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De la Reforma Tributaria a la Emergencia Progresista

¿Hasta qué punto las reformas promovidas por Michelle Bachelet mejoran la vida de las personas? ¿Hasta qué punto nos permiten avanzar en ser dueños de nuestra vida? ¿Hasta qué punto nos dejan en una mejor posición como movimiento popular para poder avanzar más allá de los límites que el capital está dispuesto a ceder frente a lo que, hasta ahora, han sido demandas más bien clasemedieras y que han sido en su mayoría incorporadas al programa bacheletista?

Es difícil pensar que la Reforma Tributaria que el gobierno de Michelle Bachelet está llevando adelante no tenga un efecto progresivo sobre la distribución de los ingresos en Chile, ya sea vía recaudación y/o gastos. Y es que la situación en la que nos encontramos es extrema: por un lado, la mercantilización de la vida ha llegado a niveles nunca antes vistos en la historia nacional; y por el otro, la expansión mercantil ha tenido un resultado completamente predecible, un aumento radical de la desigualdad: el 0,01% más rico de la población concentra el 10% del ingreso personal total, mientras el 75% de los hogares tiene un ingreso que no supera los $797.000 pesos. El espacio para las migajas de las clases dominantes a través del Estado es amplio, y pretende hipotecar el desarrollo de las fuerzas del movimiento popular vía (1) reducción del malestar social a través de una política pública clientelar, (2) esperanzas de un nuevo ciclo político y económico con más participación del Estado y pretensiones emergentes de progresistas de superar lo que el presidente ecuatoriano ha llamado la larga noche neoliberal, y (3) promover una mayor participación para que la ciudadanía pueda opinar del menú preestablecido de las elecciones. Un análisis desde la izquierda de la Reforma Tributaria requiere ir más allá de qué tanto menos miserables serán las condiciones del pueblo en nuestro país, así como también de los cambios en la, siempre impactante, desigualdad de ingresos en el capitalismo (con uno de sus extremos en su forma neoliberal). Resulta necesario pasar de la discusión en torno al ingreso familiar y/o individual, hacia una discusión estructural sobre el capitalismo, al hecho de que las personas que viven del trabajo de la gran mayoría de los chilenos están dispuestas a cualquier cosa por mantener su poder. Ya lo hemos visto, pues la Concertación ha venido a hacer madurar un modelo implementado por la dictadura militar, la cual hizo el trabajo sucio de (1) destruir las fuerzas articuladas desde la clase trabajadora durante el periodo anterior, y (2) implementar el proyecto neoliberal en Chile.

¿Hasta qué punto las reformas promovidas por Michelle Bachelet mejoran la vida de las personas? ¿Hasta qué punto nos permiten avanzar en ser dueños de nuestra vida? ¿Hasta qué punto nos dejan en una mejor posición como movimiento popular para poder avanzar más allá de los límites que el capital está dispuesto a ceder frente a lo que, hasta ahora, han sido demandas más bien clasemedieras y que han sido en su mayoría incorporadas al programa bacheletista?

¿Hasta qué punto las reformas promovidas por Michelle Bachelet mejoran la vida de las personas? ¿Hasta qué punto nos permiten avanzar en ser dueños de nuestra vida? ¿Hasta qué punto nos dejan en una mejor posición como movimiento popular para poder avanzar más allá de los límites que el capital está dispuesto a ceder frente a lo que, hasta ahora, han sido demandas más bien clasemedieras y que han sido en su mayoría incorporadas al programa bacheletista?

¿Es el problema la desigualdad? Por las diversas críticas que se han realizado desde la izquierda chilena, eso pareciera. Éstas se han centrado en los límites y en la estrechez de la reforma: que existe una disminución en el global complementario para los más ricos, que se excluyó la tributación sobre el sector minero o que las empresas van a seguir exentas del pago de impuestos en Chile. La crítica del gatopardismo hace su entrada bajo la rúbrica de que todo cambie para que siga todo igual, sin embargo de allí no se ha pasado a lo que realmente queda igual y que se pretende perpetuar bajo un rostro humano con la emergencia del progresismo dentro de la discusión del proyecto de dominación de la clase capitalista chilena. Lo que con las acciones del emergente progresismo queda igual es la correlación de fuerzas entre las clases centrales del capitalismo, la clase trabajadora y la clase capitalista. En momentos donde la fuerza constituida desde la clase trabajadora es sumamente precaria, lo que tiene su expresión en la estrechez de las reformas donde los mayores grupos de presión no han dejado de ser conducidos por sectores clasemedieros, cabe preguntarse cómo y en qué situación dejan al movimiento popular las reformas que el gobierno de Michelle Bachelet está llevando adelante.

Bajo la impronta progresista se pretende llevar la discusión en torno a (1) la oposición Estado y mercado, enfocando el debate en (2) la mejora de las condiciones de vida de la población y en disminuir la aberrante desigualdad nacional. Este discurso resulta atrayente para diversos compañeros honestos que con su trabajo cotidiano buscan construir una sociedad mejor, sin embargo sus peligros no son menores, como ya se ha planteado hasta aquí.

Y es que (1) la oposición no es Estado y mercado, pues más que oponerse, el Estado burgués se articula para posibilitar la acumulación y predominio del capital, manteniendo la tan necesaria cohesión social en la población. Además, un Estado más fuerte y un retroceso del mercado no implican mecánicamente mejores condiciones para la organización popular. La construcción de organizaciones que aspiren a la superación del predominio del capital no tiene atajos y debe ser enfrentada directamente a través de un trabajo que es arduo, cotidiano y, la gran mayoría de las veces, poco satisfactorio al corto plazo.

Y respecto a (2) la mejora de las condiciones de vida, esto no se reduce a los niveles de ingreso y de consumo, con las consecuentes y miserables estadísticas en torno a múltiples líneas de pobreza, sino que debe ser analizado desde las reales posibilidades que tenemos de construir y mejorar nuestras propias vidas, y no simplemente de recibir las siempre fluctuantes migajas del chorreo capitalista. Esto va más allá de controlar el tiempo o el contenido del trabajo propio, verdaderos límites cotidianos del trabajo alienado, pues implica que desarrollemos las capacidades de construir las poblaciones donde vivimos, los colegios donde estudiamos y los centros de salud donde nos atendemos. En este sentido, ¿hasta qué punto las reformas promovidas por Michelle Bachelet mejoran la vida de las personas? ¿Hasta qué punto nos permiten avanzar en ser dueños de nuestra vida? ¿Hasta qué punto nos dejan en una mejor posición como movimiento popular para poder avanzar más allá de los límites que el capital está dispuesto a ceder frente a lo que, hasta ahora, han sido demandas más bien clasemedieras y que han sido en su mayoría incorporadas al programa bacheletista?

Y es que ya lo hemos visto, quienes viven y se apropian del trabajo de la gran mayoría tienen un amplio espacio para mejorar las condiciones del pueblo en Chile, sin embargo su límite está y estará dado por las fuerzas que pueda desarrollar la clase trabajadora tanto para avanzar en mejores condiciones de vida y en las posibilidades de la democracia burguesa, como para ir más allá de los límites a los que tales fuerzas están condenadas bajo la primacía del capital.

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