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La movilidad urbana: ¿una oportunidad para la ciudad?

por 13 octubre, 2014

Es conocido que ciudades como Santiago son significativamente segregadoras, aglomerando deficiencias urbanas y desigualdades territoriales, con poca posibilidad de mejorar la accesibilidad a las oportunidades que ofrece la ciudad. Al mirarlo dese la movilidad, nos encontramos que además de contar con sectores con viviendas de mala calidad, donde los problemas sociales son significativos, y pocas posibilidades de infraestructura, las oportunidades de acceder a la ciudad, de vincularse con otros espacios, genera una doble segregación, encontrarse aislados en la localización residencial y con serias dificultades para acceder al resto de la ciudad y, cuando se hace, este acceso es en sí mismo segregado.

Inseguridad en el Metro y protesta de usuarios por el alza de pasajes, paro de choferes del Transantiago, entre otros, parecen ser síntomas de agotamiento y colapso del sistema de transporte de Santiago. Si bien estas dificultades pueden encontrar soluciones técnicas en el corto plazo, nuestro sistema de transporte evidencia una planificación miope en el mediano y largo plazo. Y esto no tiene que ver con el plan PMTS 2025, que consiste en aumentar km de metro, vías segregadas o autopistas, sino en comprender que el problema de fondo de la movilidad se relaciona con la experiencia cotidiana que tienen los viajeros de esta la ciudad. Las intervenciones de transporte ya no pueden ser vistas solo como infraestructura sino que requieren de una mirada de movilidad y, sobre todo, de su aporte a la ciudad a largo plazo.

Una mirada de movilidad implica comprender que la manera en que las personas se mueven por la ciudad impacta la vida cotidiana. Esperar de forma incierta que pase la micro, viajar 6 personas en un metro cuadrado y sentirse manoseado en el Metro, imposibilidad de viajar con guaguas, coches y bultos en horas de alta demanda, paraderos oscuros, micros sucias, son algunas de las experiencias que impactan de forma cotidiana en nuestra calidad de vida. Este tipo de problemas requieren ser abordados desde la movilidad a partir de la planificación urbana, desarrollar una noción de intermodalidad y considerar que la movilidad es una forma de construir integración social en la ciudad.

Es conocido que ciudades como Santiago son significativamente segregadoras, aglomerando deficiencias urbanas y desigualdades territoriales, con poca posibilidad de mejorar la accesibilidad a las oportunidades que ofrece la ciudad. Al mirarlo dese la movilidad, nos encontramos que además de contar con sectores con viviendas de mala calidad, donde los problemas sociales son significativos, y pocas posibilidades de infraestructura, las oportunidades de acceder a la ciudad, de vincularse con otros espacios, genera una doble segregación, encontrarse aislados en la localización residencial y con serias dificultades para acceder al resto de la ciudad y, cuando se hace, este acceso es en sí mismo segregado.

En relación con la planificación urbana, las intervenciones en transporte pocas veces son vistas como vinculadas al “hacer ciudad”, la preocupación en la construcción de infraestructura tiende a concentrarse en disminuir el tiempo de transporte sin relacionarse con el impacto urbano que tienen tales obras en el entorno donde se desarrollan. Eso se evidencia en la forma en que las estaciones de Metro son pensadas, cómo las autopistas son trazadas, cómo las estaciones de trasbordo están lejos de ser soluciones prácticas para los usuarios.

Por otro lado, moverse en ciudades metropolitanas como Santiago no es una tarea fácil para sus habitantes. Automovilistas, ciclistas, peatones o usuarios del transporte público enfrentan dificultades permanentes en los intercambios modales. Las necesidades de movilidad en la ciudad han aumentado (empleo flexible, patrones de consumo y segregación inciden en este aumento) y con ella los integración de modos. Los viajeros se suben y bajan, cambian del auto al Metro, caminan y estacionan bicicletas, son parte de las prácticas de intermodalidad cotidianas. Sin embargo, el sistema no piensa en estos cambios. El esfuerzo se mantiene en disminuir los tiempos de un modo de viaje, incrementar su seguridad y servicio, pero no en la relación entre ellos. La principal dificultad que presenta la planificación de la movilidad en el Santiago actual es su obstinación en pensar que los habitantes son viajeros monomodales, mientras que la vida cotidiana se desarrolla, definitivamente, de forma intermodal.

Finalmente, es conocido que ciudades como Santiago son significativamente segregadoras, aglomerando deficiencias urbanas y desigualdades territoriales, con poca posibilidad de mejorar la accesibilidad a las oportunidades que ofrece la ciudad. Al mirarlo dese la movilidad, nos encontramos que además de contar con sectores con viviendas de mala calidad, donde los problemas sociales son significativos, y pocas posibilidades de infraestructura, las oportunidades de acceder a la ciudad, de vincularse con otros espacios, genera una doble segregación, encontrarse aislados en la localización residencial y con serias dificultades para acceder al resto de la ciudad y, cuando se hace, este acceso es en sí mismo segregado.

El desafío para las personas que piensan la ciudad tiene relación con, principalmente, conocer cómo es la experiencia de moverse por la ciudad; al comprender eso, se evidenciará que las intervenciones urbanas deben considerar cómo las personas se mueven y responder así en sus diseños, que las personas se mueven en más de un modo y, más que disminuir los tiempos de viaje, es imprescindible vincular mejor los distintos modos en que el viajero se mueve, y, finalmente, ver las intervenciones urbanas vinculadas a la movilidad, habitualmente de grandes sumas de dinero, para integrar a los habitantes.

Si quiere saber más: www.santiagosemueve.com/unevenmobilities

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