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Macri: De puntos buenos y puntos malos (o las grietas de la polaridad izquierda/derecha)

por 3 enero 2016

" Macri es de derecha. Eso está claro. Pero, es preciso reconocer, existen áreas grises que trascienden el clivaje tradicional izquierda/derecha. Y que donde se transgredan, es deber denunciarlo. Y donde se fomenten, reconocerlo".

En 2015, Argentina tuvo un vuelco fundamental. Luego de 12 años de gobiernos de centro-izquierda del peronista clan Kirchner (primero Néstor, luego su esposa Cristina Fernández), la ciudadanía eligió al derechista Mauricio Macri. Izquierda y derecha según los conceptos tradicionales, por cierto.

Bajo estos carteles, a nuestro lado de la cordillera las huestes conservadoras (en el sentido de que siguen la línea de lo establecido o de lo que se espera de ellas) se fueron alineando en consecuencia. La izquierda cuestionando todo lo que haga el nuevo gobernante, la derecha alabando cada paso dado.

Y aquí estamos. Para no sentirnos parte de una isla mirando lo que pasa más allá de nuestras blancas montañas, por encima de nuestros campos de flores bordados. Porque, para qué estamos con cosas, aunque sea interesante conocer la pugna política entre Dávalos y Pañailillo, saber que cierto gran empresariado cuando puede se echa el bien común al bolsillo y entender que el modelo extractivista no para, Chile no es único en su especificidad.

Un punto bueno

La prensa trasandina informaba el 22 de diciembre en grandes titulares sobre una reunión entre Mauricio Macri y Kris McDivitt, esposa del malogrado Douglas Tompkins. En este encuentro el flamante presidente comunicaba la disposición a aceptar para el Estado la donación de 150 mil hectáreas de los Esteros del Iberá, que pasarán a formar parte del sistema nacional de parques nacionales argentinos. Y, como bonus track, anunció que está analizando paralizar la construcción de las represas en Santa Cruz, producto de que “todos sospechamos que detrás de esas represas hubo un negociado”.

Con sus palabras el mandatario daba cuenta de su interés en la conservación de la naturaleza, uno de los aspectos con los cuales múltiples organizaciones locales y nacionales de diversos países latinoamericanos están comprometidas desde hace años, como una forma de enfrentar la voracidad de un sector privado inmisericorde en su avance en pos de un mal entendido progreso.

Es la mirada que se preocupa del ser humano, no como ser individual sino como parte de la humanidad, ya que cuando cuidamos la naturaleza estamos, en el fondo, protegiendo a los hombres y mujeres de hoy y también los que vendrán.

Dos puntos malos

Desde Argentina nos llegan las denuncias sobre el interés del nuevo gobierno de desmantelar la institucionalidad que ha permitido dar pluralidad al sistema de medios de comunicación y tecnologías de la información, interviniendo por decreto la Autoridad Federal de Servicios de Comunicación Audiovisual (creada por la Ley de Medios de radio y TV) y la Autoridad Federal de Tecnologías de la Información y la Comunicación (instituida por la Ley Argentina Digital). La primera tiene entre sus múltiples funciones evitar la concentración mediática, mientras la segunda asegurar el derecho humano a las comunicaciones además de fomentar la independencia tecnológica y productiva.

La justificación pública sería que en ambos organismos “hubo una aplicación selectiva de la Ley de Medios con premios y castigos según su alineamiento con el kirchnerismo, la realización de concursos de televisión digital que estuvieron arreglados para no permitir el ingreso de grupos críticos al gobierno como Editorial Perfil”. Pero en privado se sabe que para la derecha económica el mejor estado de situación para el sistema de comunicaciones (y de los servicios públicos en general) es entregar su destino al mercado, bajo la premisa laissez faire, laissez passer, es decir, sin regulación alguna. Tal modalidad permite una alta concentración mediática y de paso entrega el control económico e ideológico de la prensa, radio y TV a quienes cuentan con mayor poder adquisitivo.

Es posible que para algunos el vaso se vea medio lleno. Donde lo fundamental es la incorporación de nuevos territorios protegidos al sistema de parques del Estado. Algo que en Chile ha sido un parto, considerando los vínculos ciertos entre nuestra centro-izquierda (y qué decir derecha) con las principales empresas que no ven bosques sino muebles, no ven ríos sino kilowatts ni glaciares sino la cubierta de algún mineral enterrado.

Para otros, medio vacío. Donde el retroceso en logros tan importantes como asegurar el acceso a la información para la generalidad de la población, es lo primordial. Un avance que permitió que manejar un medio no estuviera al arbitrio de los dueños del negocio comunicacional (o de otro tipo), como en gran medida ocurre en Chile.

Macri es de derecha. Eso está claro. Pero, es preciso reconocer, existen áreas grises que trascienden el clivaje tradicional izquierda/derecha. Y que donde se transgredan, es deber denunciarlo. Y donde se fomenten, reconocerlo.

Y son tres los temas que caen en esta categoría.

Primero, la búsqueda por todos los medios de una relación armónica entre el ser humano y la naturaleza.

Segundo, propender a la distribución del poder de todo tipo evitando su concentración (en el ámbito político, comunicacional, cultural, económico).

Tercero, la importancia de la comunidad organizada en el devenir de la sociedad. Ni 100 % Estado, ni 100% mercado.

En estos, tanto en la derecha como en la izquierda tradicional chilena, no hay aún respuesta satisfactoria. Basta mirar cómo se legisla en el Congreso para constatar el vacío. O, por lo menos, que ningún sector se puede arrogar la exclusividad de su promoción, como sí ocurre con la defensa de los derechos laborales (izquierda) o la iniciativa empresarial (derecha).

En 2016 serán estas asignaturas aún pendientes en el concierto político nacional.

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