El neopinochetismo de José Antonio Kast: el ME-O 2009 de Piñera - El Mostrador

Martes, 21 de noviembre de 2017 Actualizado a las 15:03

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El neopinochetismo de José Antonio Kast: el ME-O 2009 de Piñera

por 1 noviembre, 2017

El neopinochetismo de José Antonio Kast: el ME-O 2009 de Piñera
JAK mediante ese neo pinochetismo ha reemergido socialmente por sobre los partidos tradicionales de derecha y con un discurso distante del progresismo imperante. En oposición a la secularización dominante, es un grupo que se asume profundamente religioso y conservador. Mantiene dogmas en torno a valores que parecen contraculturales según las encuestas, como la oposición radical al aborto en cualquier causal, el control de la inmigración, su acuerdo con la pena de muerte y una franca oposición a cualquier relación de pareja que no sea entre un hombre y una mujer.

A pesar de la última CEP, hay una tensión en el comando de Piñera que tiene un nombre: José Antonio Kast. Tensión que ha instalado un clima de urgencia dentro del comando piñerista por obtener un triunfo en primera vuelta con llamados a “no arriesgar” a ex presidente votando por JAK. Apelaciones probablemente infructuosas que parecen un déjà vu, un libreto mal aprendido de la elección de 2009, cuando la entonces Concertación hacía llamados desesperados a no votar por ME-O en primera vuelta.

Es que lenta pero consistentemente, en campaña, JAK ha ido ganando simpatías y adeptos entre un segmento de la derecha de acento duro que en su día aglutinó a un 44% de chilenos por el Sí a Pinochet. Un amplio segmento que incluye figuras políticas aún vigentes y que hoy se alinean con esfuerzo, casi a contrapelo, tras Sebastián Piñera. Paradojalmente, un ex presidente y candidato que votó No a Pinochet, que reniega sistemáticamente de su figura y, peor aún, que elige al DC Patricio Aylwin como padre político.

JAK mediante ese neo pinochetismo ha reemergido socialmente por sobre los partidos tradicionales de derecha y con un discurso distante del progresismo imperante. En oposición a la secularización dominante, es un grupo que se asume profundamente religioso y conservador. Mantiene dogmas en torno a valores que parecen contraculturales según las encuestas, como la oposición radical al aborto en cualquier causal, el control de la inmigración, su acuerdo con la pena de muerte y una franca oposición a cualquier relación de pareja que no sea entre un hombre y una mujer.

En el plano político, creen en la democracia en versión “iliberal”, es decir, tutelada; autoritaria; fuertemente centralizada en el ejecutivo y con escasa delegación de poder en la ciudadanía.

En los hechos, es un grupo de ciudadanos que post plebiscito de 1988 tuvo que replegarse y someterse a los designios de una derecha pragmática que ha encontrado en Sebastián Piñera al conductor que una vez más los encamina a La Moneda.

Pragmatismo electoral del piñerismo que hoy, más por conveniencia que por convicción, los hace mirar al centro y denigrar a Kast y sus seguidores, apuntándolos como votantes testimoniales, irresponsables y poco pragmáticos, en un guion similar al que usó la Concertación frente a la irrupción de ME-O.

Por cierto, JAK no tiene ni el magnetismo ni el encanto mediático de ME-O, pero, a su manera es igualmente irreverente. Tampoco JAK obtendrá tantos votos como ME-O en su primera incursión presidencial, pero, si se mantiene interpelando al votante de derecha más dura, obligará a Piñera a ir a segunda vuelta y a negociar con él las condiciones de su apoyo.

Probablemente JAK mirará la lección que le dejó un entonces novato ME-O en 2009, atesorando al menos tres aprendizajes. Antes que todo, el imperativo de cosechar un gran número de votos si pretende ser un actor con capacidad de negociación para lo que viene.

En segundo término, la importancia de mantener a raya su ego, de no enceguecerse ante luces que iluminan más el personalismo que las coaliciones políticas desde donde es posible consolidar en el tiempo un proyecto político.

Por último, la conveniencia que supone para él el triunfo de Piñera, como en su día le hubiese convenido a ME-O el de Frei. La victoria de Piñera le permitiría a JAK y al proyecto político e ideológico que representa, ocupar un espacio que hoy no tienen. No tienen, pese al potencial electoral de representar a un sector de la ciudadanía que crecientemente sintoniza con lo que se ha denominado democracia iliberal y que ya se despliega entre la ultraderecha europea y en Estados Unidos en versión trumpista.

Sólo siendo un actor relevante en el gobierno de Chile Vamos, JAK tendría la posibilidad de tensionar hacia la derecha el timón de un sector que ya declaró que quiere ir al centro, ir hacia el espacio que alguna vez encabezó Patricio Aylwin.

Si JAK y el segmento de derecha al que representa logran un espacio en el muy probable gobierno de Sebastián Piñera, habrán conseguido mucho más y con menos votos que lo que ME-O con su simbólico triunfo frente a Eduardo Frei en 2009.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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