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La necesaria reforma al sistema político EDITORIAL

La necesaria reforma al sistema político

Hizo bien el Presidente Boric, en su discurso ante Enade, en buscar destrabar cualquier condicionalidad para una reforma del sistema político. Pero esto ojalá vaya acompañado, también, de algo más sustantivo.


El discurso del Presidente de la República, Gabriel Boric, en Enade 2024, abrió la perspectiva de un acuerdo entre el Gobierno y la oposición sobre la necesaria reforma del sistema político. El tema ha sido uno de los extremos en el péndulo de divergencias entre oficialismo y oposición, y llegar a buen puerto requerirá de mucha voluntad política. 

La reforma del sistema político es un ámbito intersectorial amplio en materia de orden institucional, con temas doctrinarios y culturales de política, relacionados con la generación, ejercicio y reproducción del poder político en la sociedad. Por sistema político se entiende al conjunto de normas, reglas, costumbres, prácticas que, en un sentido amplio de antropología social, organizan la competencia por el poder político entre los actores. 

De todo lo que se ha dicho, los cambios del sistema político se limitarían a pocas cosas, aunque importantes y necesarias: a elevar el umbral de entrada al Parlamento, reducir el número de escaños por distrito o redibujar su base territorial, fortalecer los partidos políticos, castigar la disidencia interna, y otros aspectos más bien administrativos. Pero nada que se parezca a una reforma más de fondo. Por ejemplo, acercarse a un semipresidencialismo, a la autonomía real de los gobiernos regionales, a estándares de estricta probidad pública para funcionarios y parlamentarios.

Tampoco se aborda la indispensable sincronía institucional entre los poderes del Estado y de estos con el conjunto de órganos superiores estatales, como el Ministerio Público, la Contraloría General de la República, el Consejo de Defensa del Estado, entre otros.

Entre todos estos, lo que reina hoy es la anomia política y la asincronía institucional que se vive tan dramáticamente en materia de seguridad. Esto justificaría algo más elaborado y contundente que el simple reacomodo electoral, que es parte importante pero menor del régimen político. 

Si se tratara, por ejemplo, de buscar impacto en seguridad, no basta con crear un Ministerio de Seguridad que controle y coordine las Fuerzas de Orden Público entre sí y a estas con los dispositivos de Defensa Nacional. Para gestionar y producir seguridad es indispensable, también, terminar con la independencia corporativa y la discrecionalidad con que vienen funcionando organismos como el Ministerio Público, de decisiones aplicadas por fuera de los principios y el sentido común práctico, lo que Estados bajo amenaza de criminalidad, como Chile, requieren controlar.

Hizo bien el Presidente Boric, en su discurso ante Enade, en buscar destrabar cualquier condicionalidad para una hoy muy necesaria reforma del sistema político. Pero esto ojalá vaya acompañado, también, de algo más sustantivo. Es decir, que tenga un marco de referencia objetivo de impactos en el funcionamiento global del país.

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