Ministros de Lagos llegaron en masa al Congreso a negociar - El Mostrador

Lunes, 11 de diciembre de 2017 Actualizado a las 20:06

Ministros de Lagos llegaron en masa al Congreso a negociar

por 1 diciembre, 2003

Según un importante número de parlamentarios, el título de "ministro del 2003" se lo ganó el secretario general de Gobierno, Francisco Vidal.

Los lujosos autos Peugeot de los ministros de Lagos se instalaron casi sistemáticamente en las afueras del Congreso Nacional los martes y miércoles del año 2003. Las "negociaciones" para obtener votos en proyectos de trascendencia contemplaron reuniones de partido y conversaciones informales, pero los actores no siempre fueron los mismos, tampoco los resultados. Habilidad estratégica de algunos, falta de pericia de otros.



Según un importante número de parlamentarios, el título de "ministro del 2003" se lo ganó el secretario general de Gobierno, Francisco Vidal. A él también le llaman "el nuevo bombero de La Moneda". Diputados y senadores destacan su vitalidad. Le reconocen haber sido capaz de ordenar en cuestión de minutos una Concertación escéptica. También, el haber generado las condiciones para conversar "con quien quisiese hablar de la derecha", tal como el mismo lo expresó al momento de tratar el proyecto de licencias maternales. Sus dichos en torno al ex Presidente Eduardo Frei Ruiz-Tagle, a quien acusó de haberse salido "del ADN de la Concertación" por votar contra el alza del IVA, fueron finalmente valorados y ahora el ministro es además "apasionado" a ojos de los parlamentarios.



El hasta ahora considerado "bombero oficial" de Lagos, el ministro del Interior, José Miguel Insulza, estuvo, en cambio, más silencioso que otros años. Sin embargo, su participación en las reuniones y negociaciones ha dado dividendos positivos al Gobierno en materias tan importantes como la Agenda de Transparencia, los derechos humanos y las reformas constitucionales. Aún así, el ministro se ha apartado del Congreso, en comparación con su rol en otros períodos. Sus buenas relaciones con la UDI es la explicación que algunos parlamentarios dan a su ausentismo en las tradicionales cenas del PS en la Cámara de Diputados. El alejamiento se ha acrecentado con su candidatura a la Secretaría General de la OEA.

El liderazgo femenino cobró fuerza el 2003. Las mujeres símbolo de la Concertación, las "presidenciables" Soledad Alvear y Michelle Bachelet, fueron efectivas al momento de negociar. De ellas, se destaca su accionar en torno al episodio de espionaje en Punta Arenas, que terminó con la salida del comandante en Jefe de la Región Militar Austral, general Waldo Zauritz. En esa oportunidad, ambas secretarias de Estado lograron calmar las aguas y aplacar las críticas de los parlamentarios.



También son reconocidos los logros de Bachelet en el proyecto que regula el sistema previsional de las Fuerzas Armadas y los de Alvear en la ratificación del TLC con Estados Unidos.



Con resultados también positivos terminó el 2003 el ministro secretario general de Presidencia, Francisco Huenchumilla. Ex diputado, el ministro conoce de cerca el trámite legislativo y el lobby a efectuar. Tanto así, que gran parte de los proyectos de ley han sido "prelegislados" con parlamentarios de distintas bancadas y "acondicionados" antes de llegar al Congreso, todo bajo la supervisión de Huenchumilla.



Según el amplio espectro de parlamentarios, el trabajo del ministro ha sido ejemplar. Se destaca de él su caballerosidad, prudencia y el ser un negociador que sale en defensa del Congreso cada vez que es criticado. Su frase "el Parlamento no es un buzón", es valorada por muchos.



Entre los ministros que diputados y senadores evalúan con bajo rendimiento -o "una muñeca menos desarrollada"- figura el titular de Trabajo, Ricardo Solari. A pesar de sus continuas visitas al Congreso, el ministro no logró revertir las problemáticas. Los parlamentarios recuerdan los escándalos tras el análisis del proyecto de modernización del sector público y su frase "hay que ser sensatos, realistas y cautos para combinar un aumento de los salarios reales sin afectar el empleo", aludiendo así a una decisión equivocada en 1997 que elevó el desempleo.



Una percepción similar es la que existe en el Congreso respecto al trabajo desarrollado por la titular de la subsecretaría de Desarrollo Regional, Adriana Delpiano. También, del ministro de Educación, Sergio Bitar. Ambos, a pesar de haber tenido algunos triunfos en el Parlamento, no han figurado como lobbystas de gran nivel. No obstante, en el caso de Bitar, se destacan sus méritos en el tratamiento del proyecto de acreditación universitaria.



La prolífica participación del ministro de Salud, Pedro García, en lo que a frases para el bronce se refiere ("Pregúntenle a las vacas por qué no dieron más leche" fue su respuesta ante la escasez del alimento en los consultorios, y a este tipo de comentarios se sumaron otros como "con la hepatitis estamos comiendo caca y eso se evita lavándose las manos") no se correspondió con su actividad en el Congreso, reconocidamente baja.



En el grupo de los "inactivos" en materia de negociaciones legislativas también figura, según parlamentarios consultados, el ministro de Obras Públicas y Transportes, Javier Etcheberry, a quien, durante el 2003, "el cuero se le puso muy duro" con tantas acusaciones y comisiones investigadoras.



Mientras tanto, otro que también podría incluirse en el grupo de los "inactivos" es el ministro de Economía, Jorge Rodríguez Grossi. El paso de este secretario de Estado por el Congreso no se recuerda presisamente porque se haya visto en la necesidad de hacer demasiado lobby, sino debido a que parlamentarios de la Concertación, encabezados por Adolfo Zaldívar, realizaron un intenso lobby para evitar la acusación constitucional por "notable abandono de deberes" presentada por la derecha. En marzo pasado,la oposición pretendía que el ministro asumiera la responsabilidad política del Caso Inverlink. Para tranquilidad de Rodríguez el lobby del colorín impidió la acusación.



El año que pasó, un secretario de Estado logró hacerse de más enemigos en el Congreso que ningún otro. El ministro de Hacienda, Nicolás Eyzaguirre, se ganó la antipatía de muchos parlamentarios, tanto de la Concertación como de la Alianza por Chile. Senadores, sin embargo, lo describen como "un tirano que, con mal trato, sabe mantener al país como se necesita".



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