India recela de ayuda externa “invasora” para víctimas del maremoto - El Mostrador

Viernes, 17 de noviembre de 2017 Actualizado a las 14:50

Análisis internacional

India recela de ayuda externa "invasora" para víctimas del maremoto

por 9 enero, 2005

Desastre natural revela viejas y nuevas amenazas que se ciernen sobre una de las naciones más populosas del planeta y que hoy emerge como potencia global. Su delicada posición geoestratégica complica al gobierno de Nueva Delhi.

El maremoto del 26 de diciembre de 2004 ha puesto a India en un lugar protagónico, más allá de haber sido severamente afectada por el fenómeno natural, al igual que otros seis países de la cuenca del Océano Índico: Indonesia, Sri Lanka, Tailandia, Islas Maldivas, Birmania (llamada Myanmar en la actualidad) y Malasia.



Su prominencia responde a su histórico rol como potencia de nivel regional. Independientemente del peso de su población (mil 65 millones de habitantes) y de su territorio (tres millones 166 mil kilómetros cuadrados), el país se ha establecido también como uno de los poderes emergentes en el plano global.
Desde hace varias décadas, India pertenece además al exclusivo grupo de naciones con una reconocida capacidad de desarrollar armas nucleares, y es aspirante con posibilidades a ocupar un lugar permanente en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. Durante la guerra fría fue adalid de los países "no alineados'' y durante el reciente conflicto de Irak se ha negado sistemáticamente ante reiteradas solicitudes de EEUU de enviar tropas a esa zona.



Haciendo uso de este status y por su vasta experiencia en cuanto a recibir ayuda externa, India ha cuestionado una ayuda externa masiva e "invasora" (administrativamente hablando), que signifique abrir flancos en el control de su territorio. Esta reserva también responde a su situación geográfica excepcional: su territorio tiene más de 15.000 kilómetros de frontera con seis países, y en algunos casos mantiene con ellos serios conflictos. El más grave de los cuales es, sin duda, el de la región de Cachemira, donde enfrenta una amenaza secesionista estimulada por Pakistán.



India se ha caracterizado por su equidistancia política frente a los dos polos de la guerra fría anterior y respecto a la actual división de poder en el mundo. También ha mantenido una persistente reserva respecto al carácter de la ayuda externa. En la historia de las relaciones entre India y los Estados Unidos, aún pesa el hecho de que India durante el comienzo de los 70 - cuando EEUU consolida su alianza estratégica con Pakistán- suspendió el programa de asistencia estadounidense, interrumpiendo así el más ambicioso proyecto educativo de que se tenga memoria, que contemplaba instalar cerca de 50 establecimientos universitarios repartidos en todo el territorio.



Con la excepción de Myanmar, India en sus fronteras está "cercada" literalmente por el posicionamiento de los EEUU y China en la región. Bangladesh es un "enclave" rodeado en sus tres costados por el territorio indio, y que tiene una fuerte presencia estadounidense. Este país, así como Tailandia, Indonesia y Filipinas, fue importante en las décadas de los 70 y 80 para absorber recursos humanos estadounidenses desactivados de Viet Nam (1973). Lo mismo sucedió con Nepal, Sri Lanka y Pakistán, aunque en menor escala. Bután permanece, en tanto, al parecer, como un reino inexpugnable para todos.



Myanmar e India fueron los países que más se resistieron entonces a masivas ofertas de ayuda estadounidense marcadas con el "paquete completo", que incluía un fuerte contingente de personal civil y militar desmovilizado.

Pakistán cultiva estrechos lazos con China, con quien India -como se sabe- mantiene una acentuada rivalidad por la hegemonía en la zona. La relación entre Pakistán y China para el desarrollo de la capacidad bélica nuclear del anterior es conocida y la triangulación China- India-Pakistán en la disputa por el territorio de Cachemira, a pesar del reciente acuerdo chino-paquistaní, crea un dossier de tensión permanente. India es parte de la lista negra de Beijing por su acogida al Dalai Lama que invoca la independencia del Tíbet. Tanto en Nepal como en Sri Lanka, los gérmenes de insurgencia han mostrado trazos de una antigua influencia china directa.



India padece la acción de movimientos separatistas por problemas de propia creación y otros inducidos externamente. En Nagaland y Assam, ubicados al noreste, no ha podido resolver la presión de movimientos separatistas armados que se arrastran desde los 70. Según la prestigiosa revista india Economic and Political Weekly, los gobiernos de India no han podido resolver en esas regiones problemas estructurales de desigualdades que son reenfocados como problemas de reivindicación étnica. Estos movimientos emergieron al concluir la guerra de Viet Nam, donde gran parte del armamento utilizado provenía de aquel desmovilizado desde Viet Nam. Fuentes indias, sostienen que tanto China como Burma cooperan con estos movimientos. En 2003, se descubrió en el Estado de Andra Pradesh una célula de insurgentes con materiales de divulgación invocando consignas maoístas.



El test del desastre



India posee una potente base industrial altamente diversificada que convive con un extenso sistema mixto de agricultura tradicional y moderna. A pesar de una tasa de alfabetización que llega al 60% y en el caso específico de las mujeres apenas alcanza el 48%, debido al extendido dominio del inglés, India es una potencia en exportación de software de computación, así como también en outsourcing. Su pool de recursos humanos es catalogado como uno de los más desarrollados en el mundo, con un personal científico y de ingeniería colocado como el tercero más numeroso en el mundo. El aparato de servicio público indio (I.A.S. Indian Administrative Service), es quizás uno de los más extendidos y capacitados en el mundo, cuyos miembros son seleccionados a través de rigurosos exámenes competitivos.



Aunque con intermitencia, en la administración india se han observado brotes de corrupción debido a la inefable penetración del tráfico de influencias políticas y económicas propias de la desregulación del sistema económico. Aún así, el IAS se mantiene como uno de los grandes sustentos de la gestión pública en India, que es reconocido internacionalmente.



Esa gestión pública se ha puesto a prueba en este último desastre y al respecto, la autocrítica en India ha sido despiadada. Sin el chovinismo muy recurrente en estas tierras latinas, las cabezas más preclaras han dicho que el país debe mirar hacia el Japón.
La Economic and Political Weekly señala en su último editorial: "En el caso de un individuo, la memoria corta es la mejor forma de absorber un determinado trauma. En el caso de una nación, la memoria acerca de una catástrofe como la ocurrida el 26 de diciembre debe institucionalizarse para preservar, perpetuar y quizás asegurar un mejor estado de preparación. En Japón, el enfrentar un desastre forma parte de la educación de cada niño en la escuela."



Los comentarios de la prensa india expresaban gran desazón porque India había demostrado un alto grado de preparación para absorber y manejar tragedias naturales tanto en el caso del terremoto en Gujarat (2001), como en las inundaciones en Orissa (1999), pero también apuntaban a fallas estructurales no superadas. Señalaban que si los sistemas de advertencia anticipada tienen un deficiente estado de preparación, no hay esfuerzo de rescate y de emergencia que valga; si no existe un estado de preparación instalado en la población y en la estructura administrativa, no existen programas de emergencia que puedan funcionar bien.



Para el futuro se deberán tomar decisiones drásticas e impopulares que tienen que ver con formas improvisadas de mitigar la pobreza. Por ejemplo, remover familias en situación de pobreza que se acomodan en las riberas de las aguas en búsqueda de recursos; y que los presupuestos nacionales consideren en forma permanente el mantenimiento y creación de sistemas de preparación y respuesta frente a los desastres.



El modelo indio: el país del ajuste y el permanente debate



India ha crecido en los 90 a un ritmo promedio del 6 %, con un pronóstico de crecimiento de un 8% para 2004. En India, en términos agregados, la pobreza ha bajado a un 25%, y el índice Gini para la distribución del ingreso está en 37.8 (1997). El producto indio es de US $3.033 trillones, aunque el Banco Mundial y el FMI han observado un crecimiento preocupante del déficit fiscal situado en un 60% del producto.



Una de las características esenciales del modelo indio es el permanente monitoreo técnico y político de los planes para reducir los niveles de pobreza sin menoscabar el incentivo al crecimiento económico. Es un país que, quizás por haber enfrentado niveles poco comunes de pobreza y dificultades, ha desarrollado una poderosa resiliencia donde la complacencia ha sido combatida. India ha sido la "escuela experimental" en el diseño de programas precursores en la focalización social bajo el ajuste económico, ya en los años 70, antes de la experiencia chilena. D. Vishwanath, un economista indio, argumenta que en cualquier circunstancia India ha sido un país que ha debido enfrentar la reducción de la pobreza bajo condiciones leoninas de reducción del gasto fiscal, que en la práctica significaban un ajuste permanente. Teóricos económicos (Raj, Rath, Sen, Nadkarni, entre otros) han sostenido que en India, enfrentada al volumen de población y de pobreza, y por el tamaño de la economía de su sector informal, cualquier contención del gasto fiscal, por pequeño que fuera, ya significaba un ajuste.



El ejemplo de India una vez más es precisamente ése: el no encontrar la explicación fácil y darle otra vuelta a la tuerca. Una lección en esta ejemplar prueba de solidaridad es no precipitarse en el análisis fácil que esconde muchas veces las fallas subyacentes del sistema de desigualdades. La ayuda internacional a propósito del terrible tsunami es una oportunidad global de abrir la mano de la solidaridad, claro que lo es, pero que no se transforme en el terremoto salvador de muchas administraciones que detrás de la pátina de la acción humanitaria, una vez más postergan lo que está pendiente. Es bueno que el mundo actúe rápido a través de la caridad, pero que esa caridad global no sirva una vez más para blanquear la deuda de muchos países donadores que por muchas décadas, han contribuido a crear las fallas estructurales que se observan precisamente en tiempos de desastres.

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