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Caleta Chañaral de Aceituno

El pueblo del senador Baldo Prokurica

por 18 diciembre, 2013

 El pueblo del senador Baldo Prokurica
El pequeño poblado ubicado en la Región de Atacama, que se ha convertido en un boom turístico gracias a las ballenas, no pertenece ni al fisco ni a sus pobladores. Sus dueños son los cuatro hermanos Prokurica, entre ellos el vicepresidente de Renovación Nacional, a través de la Sociedad Agrícola Konavle, que hace diez años inició un litigio contra el fisco. Litigio que mantiene al pueblo en tierra de nadie. Desde el Estado no hay respuestas y mientras tanto los pobladores no pueden comprar los terrenos donde están sus casas, obtener subsidios o soñar con construir una plaza. Los años pasan y Chañaral de Aceituno subsiste en el limbo.
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“No hay plaza. La gente tiene que juntarse en el muelle”, reclamaban los vecinos de Caleta Chañaral de Aceituno durante la sesión del Concejo municipal de Freirina celebrada en el domo del pueblo el martes 3 de diciembre pasado.

Rodeada de una reserva marina que la ha transformado en un polo turístico, especialmente por los avistamientos de ballenas, la pacífica caleta ubicada en la Región de Atacama esconde una historia que podría salir de una novela de García Márquez y que marca a diario la vida de sus casi 200 habitantes.

En el domo, las voces se fueron elevando, pero la respuesta del alcalde, César Orellana, no dejó ninguna duda: construir una plaza es un sueño imposible en la caleta. “La municipalidad de Freirina tiene toda la voluntad de tener espacios como estos, pero todos sabemos qué nos impide tener una linda plaza y seguir soñando. Eso nos amarra hoy día”.

Así transcurre la vida en Caleta Chañaral de Aceituno, donde la mayoría de los pobladores –al menos un centenar– tienen sus casas sin título de dominio. Mientras tanto, viven en un pueblo que sienten suyo pero que no les pertenece, y donde el fisco no puede intervenir, por lo que lo han ido mejorando con sus propios medios.

El silencio que siguió a sus palabras fue profundo. Los pescadores, dueñas de casa, autoridades y miembros de la Junta de Vecinos sabían con certeza a qué se refería Orellana: Caleta Chañaral de Aceituno no pertenece al fisco, ni a sus pobladores. El dueño del pueblo es el senador y vicepresidente de Renovación Nacional, Baldo Prokurica, junto a sus tres hermanos Ana, Dubravka y Nicolás, a través de la Sociedad Agrícola Konavle Ltda.

En marzo de 2004 esta sociedad inició una demanda contra el fisco por la inscripción de terrenos por parte de Bienes Nacionales, que la familia asegura le pertenecen y dentro de los cuales se encuentra la caleta. El origen del conflicto es la superposición del título de dominio en la Hacienda Chañaral de Aceituno a raíz de las inscripciones realizadas a principios de los 80 por el Fisco de una porción de ese terreno.

Ser un pueblo “privado” no es un regalo. Entre otras cosas, no se pueden realizar obras de equipamiento, ni de urbanización, como construir espacios públicos, pavimentar las calles o ampliar el alumbrado. Tampoco se puede postular a ninguna oferta pública del Estado o a subsidios que impliquen ser dueño de un terreno.

Cartel Chañarl Aceituno

La caleta Chañaral de Aceituno se ubica a unos 20 kilómetros de Punta de Choros y está en el límite de la Región de Atacama.

Así transcurre la vida en Caleta Chañaral de Aceituno, donde la mayoría de los pobladores –al menos un centenar– tienen sus casas sin título de dominio. Mientras tanto, viven en un pueblo que sienten suyo pero que no les pertenece, y donde el fisco no puede intervenir, por lo que lo han ido mejorando con sus propios medios. Como los arreglos al pequeño muelle, que han corrido por iniciativa y cuenta de los pescadores de la pequeña caleta ubicada a unos 20 kilómetros de Punta de Choros, en el extremo sur de la comuna de Freirina.

El muelle, donde antes había un atracadero de piedra, fue construido hace varios años por el fisco, que hoy no puede repararlo ni hermosearlo. Pese a ello, hoy se están haciendo trabajos. “Todos estos arreglos que se están haciendo acá se están haciendo en tierra ajena. Lo estamos financiando nosotros los pescadores, que contratamos gente y le ayudamos. Se va arreglando de a poquito porque nadie puede hacer nada fiscal, obras portuarias no puede arreglar el muelle porque son terrenos particulares. Ese es el problema. Ahora estamos haciendo una losa porque había mucha piedra, cuando llegaba la gente en el verano se veía feo, los niñitos chicos se tropezaban, entonces se está haciendo ese arreglo ahí. No sé cómo le irá a parecer al dueño”, detalla uno de los lugareños.

El alcalde de mar de la caleta, Roberto Marín, conocido como “Lobito”, dice que “este tema está siempre. Por ejemplo, tenemos una sede del club deportivo y hay unas empresas que nos quieren ayudar, cooperar con materiales, pero nos piden título de dominio del terreno. No tenemos. Los alcaldes que han salido nos han prometido que lo van a arreglar, pero como está en litigio no hacen nada”.

Lobito

Roberto Marín, conocido como “Lobito”, es el alcalde de mar y tiene su casa frente a la caleta, donde reúne libros y fotos de su familia, una de las más antiguas del pueblo.

Entonces construir y ampliar sus casas a la mala ha sido la tónica sobre la que han ido creciendo. Eso o algunos comodatos entregados por Prokurica, como el terreno del domo para la Junta de vecinos, donde se celebraba la sesión municipal, el club deportivo o el camping.

La historia se asemeja a lo que vivieron los habitantes de Puerto Sánchez, un pequeño pueblito en la Región de Aysén que por 14 años perteneció a la familia de los Walker, ligada a la DC.

Vivir en un pueblo con dueño

El huiro, la pesca, el buceo y el turismo son las principales actividades de las que se vive en Chañaral de Aceituno. Su mayor tesoro y el que le entrega un enorme potencial, son los avistamientos de ballenas que es posible realizar en el camino a la isla Chañaral, que colinda con la reserva Marina del mismo nombre y que además forma parte de la Reserva Nacional Pingüino de Humboldt junto a las islas Choros y Damas.

Ballenas azules, jorobadas y fin son algunas de las especies que todos los años llegan a la zona, además de una gran cantidad de aves, lobos marinos y pingüinos, que se han ido transformando en un imán para los visitantes de la caleta, que es un antiguo reducto de los aborígenes conocidos como changos o pescadores de la niebla, como los han catalogado especialistas e historiadores.

Uno de sus descendientes, Gustavo Álvarez, conocido como “Chato Gusta”, aún vive en el pueblo que vio nacer a sus padres, y que ha sido su hogar durante toda su vida. Aquí aprendió a bucear, pescar y heredó de parte de su progenitor, Roberto Álvarez, la técnica de construcción de la balsa de cuero de lobo, transformándose en el último constructor de este tipo de embarcaciones.

Chato Gusta

Gustavo Álvarez, el último constructor de la técnica de balsas de cuero de lobo, dice que “vivimos en un pueblo que no es nuestro. Tenemos luz, tenemos agua, tenemos todo, pero la tierra donde estamos viviendo no es de nosotros”.

“Yo siempre he vivido acá, incluso a mis hijos los crié acá en esta ruquita”, asegura el pescador apuntando a una pequeña casa situada frente al mar.

Chato Gusta muestra un pequeño cartel con su nombre frente a la casa, que instaló allí “porque el abogado de don Baldo Prokurica me dijo que lo pusiera, ya que como soy nacido y criado aquí, me iban a dar el terreno. (…) Quedaron de regularizarlo, dicen que lo van a regularizar pero no sé ya cuándo”.

Gustavo relata que tiene un terreno pequeño donde no tiene construida una casa, pero cuenta con título de dominio, que obtuvo a mediados de los 80. A diferencia del hogar de su hija, donde vive actualmente, que no tiene papeles. “La casa de mi hija no es de ella, pero nosotros estamos construyendo igual. Que pase lo que Dios quiera”.

Su mayor preocupación es que “lo que tenemos construido nosotros es de nosotros, pero en cualquier momento este caballero nos puede decir que nos va a sacar de ahí. Ese es el miedo que tiene el pueblo”.

Con tristeza agrega que “vivimos en un pueblo que no es nuestro. Tenemos luz, tenemos agua, tenemos todo, pero la tierra donde estamos viviendo no es de nosotros”.

Problema que para el tesorero del Sindicato de Pescadores de la Caleta, Alfonso Ávalos, es una preocupación diaria. Junto a su señora, Mary, construyeron el restaurante “Donde la Mary”, como una extensión de su casa. Pero el terreno no les pertenece.

El hombre de 48 años, que también es nieto del constructor de balsas de cuero de lobo, Roberto Álvarez, dice que “así como yo hay muchos en la misma situación. Hemos conversado con Baldo Prokurica en todos los idiomas y todas las formas, pero no hay solución. Él nos dijo que teníamos que presionar a Bienes Nacionales para que le devuelvan unas tierras en la zona norte de la caleta y él nos soluciona a nosotros. O sea, hemos sido el jamón del sándwich”.

Alfonso señala que “tenemos una caleta tan linda… hay tantos proyectos”, pero no pueden desarrollarse. De hecho, detalla que han perdido millones en financiamientos estatales que no pueden aprovechar por el tema de los títulos. “Cuando salió Sebastián Piñera yo creí que íbamos a tener una solución, porque es de su mismo partido. Pero no han hecho absolutamente nada”.

Otro gran dolor de los pescadores tiene que ver con la imposibilidad de conseguir una concesión marítima. “En todas las otras caletas tienen concesión marítima, ¿y dónde quedan los pescadores de acá?”, se pregunta Alfonso.

Alfonso Ávalos

El tesorero del Sindicato de Pescadores de la caleta, Alfonso Ávalos, construyó con su señora un restaurante que colinda con su casa, pero el terreno no les pertenece.

Ángel Talandiano, que fue presidente del sindicato de Pescadores durante 4 años, explica que “hice tres veces el expediente de solicitud de concesión marítima del sector caleta de pescadores, donde está el muelle. Por tres veces fue rechazado porque deslinda con terrenos particulares, de la sociedad de los Prokurica”.

Como consecuencia, “no podemos hacer ninguna mejora en el muelle porque las platas fiscales no se pueden invertir en terrenos privados. La única manera que podríamos optar a concesión sería a través de arriendo, venta o comodato, pero como está en litigio no nos dan nada”.

Talandiano dice que “siendo presidente fui tres veces con el senador a reunirme con Bienes Nacionales: me explicó que mientras no se terminara el litigio no habría saneamiento de terrenos. Dijo que cuando terminara iba a entregarlos. De hecho escribió 7 u 8 puntos en mi agenda de lo que iba a solucionar, entre los que se encuentra el comodato de la cancha de fútbol, saneamiento del camping y de las personas que les falta el terreno”.

Pero el pescador no confía. “Ya se vio. Cuando íbamos a esta reunión estaba la Presidenta Bachelet, y yo me decía cuando cambie el gobierno van a solucionarse todos los problemas. Pasó y no se solucionó ni un problema. Así que hoy día no hay nada que esperar”.

En el caso del buzo mariscador Eduardo Ávalos, que nació en la caleta al igual que sus dos hijos, cuenta que “mi casa es mía, aunque nos falta el título de dominio, por el que llevamos luchando mucho tiempo. No podemos tener algo propio, tenemos que depender de otra persona”. En todo caso,  Ávalos asegura que tiene una buena relación con el senador, “mi mamá me contaba que jugaban juntos cuando él vivía en la Hacienda, porque ellos venían a veranear”.

Hay 60 pescadores que sí tienen título de dominio, que obtuvieron en 1997 tras un pacto de la familia con Bienes Nacionales. Entre ellos Ángel Talandiano y el pescador –que desde hace unos años también se dedica al turismo en torno al avistamiento de ballenas– Patricio Ortiz. Pese a ello, no se siente tranquilo. “Siempre estamos con la idea de agrandar y mejorar la caleta, pero los fondos se pierden por ser de un particular. Si no fuera por ese muelle que hicieron así no más, estaríamos saltando en una piedra”.

Florisa Rojas

Florisa Rojas compró un terreno que cercó junto a su marido, pero al igual que otras 7 familias están a la espera, tras una querella por estafa interpuesta por la sociedad Konavle en contra del consultor que realizó la venta.

Además de todos los líos que genera vivir en un pueblo con dueño, hay un grupo de 8 familias que hace unos años compraron unos terrenos, operación que terminó en tribunales, ya que la Sociedad Konavle se querelló por estafa, defraudación y apropiación indebida en contra de un consultor que trabajaba para ellos y que –acusan– habría realizado estas ventas sin su autorización. Entre los afectados está Florisa Rojas, que junto con su marido Juan González pagaron 2,6 millones de pesos por un sitio donde querían construir una casa. Por ahora todo indica que no podrán hacerlo.

Al terminar la asamblea municipal, el presidente de la Junta de Vecinos, Jonny Peña, conocido como una persona de confianza del senador y el encargado de llevar los asuntos del parlamentario e informarlo de todo lo que pasa en Chañaral de Aceituno –lo que él niega– se acercó a aclarar que “acá don Baldo y su familia han sido muy generosos”.

Recalcando que “regaló títulos de dominio hasta que empezó el litigo con el Estado, porque se equivocaron en unos terrenos. El Estado invirtió en un terreno que no era de ellos y la caleta realmente está emplazada en otro lugar, al lado de la Tifuca, porque yo anduve con la gente del Consejo de Defensa del Estado, que dicen que ya está terminando el litigio, que ojalá sea porque, igual que todo este domo, el camping, todo esto ha sido dado como comodato. Nunca se ha pasado a llevar a los pobladores. Entonces la gente transforma las cosas, pero uno que lo ve de cerca, por ser de acá, puede decir que los Prokurica nunca nos han negado nada”.

Según explica el alcalde César Orellana, no sólo en Chañaral de Aceituno existen personas viviendo en tierras que pertenecen a la familia, que posee grandes extensiones de terrenos en la Región, algunos de los cuales arrienda a empresas.

A unos 40 kilómetros se encuentra Caleta Los Burros, donde viven una treintena de personas, que están en la misma situación. Allí, detalla, no hay litigios pendientes, pero “es un tema preocupante para nosotros. Esta gente vive en unas condiciones... nuestra gente no puede vivir así. Y la municipalidad no puede ni entregarles materiales de construcción. No tienen casas, sino que viven en rucos. No pueden optar a ningún subsidio para mejora, porque como municipalidad no podemos ejecutar en terreno privado”.

Para Orellana, lo que se vive en ambas localidades “es inaceptable, más allá que el senador Prokurica tiene todo su derecho porque él es dueño de la propiedad, acá estamos hablando de personas. De gente que en todo este tiempo no ha podido de alguna u otra forma ir surgiendo, ir mejorando sus condiciones de vida. He visto gente que le ha pedido casi llorando al senador si le puede entregar un pedazo de terreno para poder vivir, darles seguridad a sus hijos. En este país se acostumbra a conocer historias como esta, donde los poderosos tratan de poner el pie a las pequeñas comunidades como la de Caleta Chañaral”.

El litigio

La gran esperanza en la caleta para convertirse en un pueblo normal, donde cada uno sea dueño de su terreno y los espacios comunes puedan utilizarse indefinida y legalmente, se centra en tribunales, donde hace 10 años duerme una demanda contra el fisco interpuesta por la Sociedad Agrícola Konavle Ltda. Sociedad que, según la declaración de patrimonio del senador de RN, está integrada exclusivamente por los hermanos Prokurica, que poseen 25% cada uno.

Konavle es, acorde a esta declaración, “la exclusiva propietaria del predio denominado Estancia Chañaral Lote Norte (…) ubicado en la comuna de Freirina”, dentro del cual se encuentra la caleta y sus pobladores. Detalle que no se menciona en la declaración del parlamentario.

A través de esta sociedad, la familia Prokurica es propietaria de las tierras que rodean al pueblo, parte de las cuales han sido loteadas y vendidas a gente adinerada.

El  “litigio”, como los pobladores denominan la causa, consiste en una demanda de reivindicación y una demanda subsidiaria de nulidad de derecho público contra el fisco, cuya finalidad es resolver un problema de propiedad inscrita, ya que hay inscripciones a favor del Estado que según la familia se hicieron sobre sus terrenos.

Casa Prokurica

A las afueras de la caleta, en el sector sur, se encuentra la casa de veraneo del senador Baldo Prokurica.

El senador por Atacama, que tiene una casa vacacional frente al mar en la entrada de Chañaral de Aceituno hacia el sur, explica que “en 1980 en forma ilegal el fisco inscribió dos títulos de dominio al interior del predio, alegando que era una propiedad que no tenía dueño. Esta es una propiedad donde es ridículo que el fisco haya hecho esto, porque nos reporta como dueños que pagamos impuestos (territoriales)”.

Prokurica, que partió como diputado en el Parlamento en 1990, señala que su padre  compró en 1946 los derechos de la Estancia Chañaral de Aceituno, y que luego de fallecer en 1980 sus hermanos y su madre –que luego también falleció– hicieron la posesión efectiva.  En 1997 constituyeron la Sociedad Agrícola Konavle, tras lo cual se intentó donar los terrenos del pueblo a los pescadores y al municipio, pero el municipio no contaba con los recursos para el pago del impuesto a las donaciones “y nos pareció mucho”. La opción fue el convenio con Bienes Nacionales, mediante el cual se entregó el título de dominio a 60 familias.

A principios del 2000, relata el parlamentario, “el seremi de Bienes Nacionales de la época, Walter González, me llamó y me dijo que, revisando las propiedades de títulos inscritos del fisco, tenían inscritos dos títulos de dominio en una propiedad de nosotros. Me pareció raro porque éramos dueños de eso de hace mucho tiempo y no le habíamos vendido al fisco”.

Luego, detalla, hablaron con una abogada del Consejo de Defensa del Estado (CDE) para ver una fórmula de arreglo “y nos dijo que teníamos razón. Incluso hay un informe del seremi de Bienes Nacionales que dice que la inscripción es totalmente irregular”.

Entonces la Sociedad “propone donar al fisco el total del pueblo donde está instalado Caleta Chañaral de Aceituno a cambio de que esos dos títulos de dominio se dejen sin efecto. Pero lamentablemente el CDE nos planteó que no se puede llegar a acuerdos extrajudiciales sin una demanda presentada”. Por eso, asegura, iniciaron el litigio.

“Pero el CDE nunca ha aceptado las propuestas que le hicimos”, señala. El senador explica que han enviado dos propuestas, la primera de 2008, ninguna de las cuales ha sido aceptada. La última, presentada el 2011, consistía en “donarle 32,9 hectáreas donde están ubicadas las casas. Además se le entregaba media hectárea en dominio a la Conaf, servidumbre para regular el agua potable, camino de acceso a la caleta, mil metros cuadrados para Carabineros y otra franja destinada a los hijos de pescadores para expansión. Hasta el día de hoy ni el CDE como Bienes Nacionales se han pronunciado respecto al juicio”.

Según recalca Prokurica “a nosotros como nadie nos gustaría llegar a una solución que ha retardado el Consejo de Defensa del Estado. Esto produce daño a mucha gente y obliga entregar en comodato la propiedad y no como habríamos querido (…) La propuesta de donar está hasta el día de hoy. Si el CDE tomara conciencia del problema que les causa a los pobladores y dijera que aceptamos la propuesta, mañana se termina el juicio”.

Desde el Consejo de Defensa del Estado no aceptaron entregar detalles ni permitieron que el abogado procurador fiscal que lleva el caso, Adolfo Rivera, explicara los argumentos que han presentado en estos largos diez años. Sólo señalaron que la causa está “con prueba rendida y a la espera de la evacuación de un informe pericial, cuyo perito ya se constituyó en el lugar. Entregado este informe, el proceso quedaría en estado de citar a las partes a oír sentencia de primera instancia”. Trámite que no tiene fecha de término y que podría alargarse un año o mucho más.

Mientras tanto, los pobladores de caleta Chañaral de Aceituno siguen soñando con una plaza y con dejar atrás la incertidumbre que no les permite saber si algún día su pueblo finalmente será de ellos.

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Envíada por Enrique Álvarez Jaque | 22 septiembre, 2018

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