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Visitando Kenia un año después de la prohibición de las bolsas de plástico

por 29 agosto, 2018

DW
Visitando Kenia un año después de la prohibición de las bolsas de plástico
Hace un año, Kenia prohibió las bolsas de plástico e introdujo las normas más estrictas del mundo para castigar a cualquiera que fuera sorprendido fabricándolas, vendiéndolas o usándolas. ¿Han funcionado las medidas?
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En 2013, el estudiante y fotógrafo James Wakibia, harto de ver tantas bolsas de plástico a lo largo de la ruta entre su casa y la ciudad de Nakuro, a unos 150 kilómetros al noroeste de Nairobi, la capital de Kenia, decidió no quedarse de brazos cruzados.

"Colgaban de los árboles, flotaban en los charcos, bordeaban los caminos. Eran como el aire. Estaban por todas partes”, recuerda.

Así que en 2015, lanzó una campaña de concienciación en las redes sociales y creó el hashtag #ISupportBanPlasticsKE, pidiendo que se pusiera fin a las bolsas de plástico de un solo uso.

Se convirtió en un activista ambiental casi de la noche a la mañana. Su campaña atrajo la atención de muchos sectores, incluido el gobierno de Nairobi, que retomó el tema y colocó la prohibición a la cabeza de su lista de tareas pendientes.

Una valla rural con bolsas de plástico enganchadas.

Fueron este tipo de vistas las que llevaron a James Wakibia a la acción.

Ahora llevan un año prohibidas, tanto las bolsas con asas como las finas bolsas de plástico sin asas, que se utilizan, por ejemplo, para envasar frutas y verduras.

"Kenia ha recorrido un largo camino y ha dado un paso muy audaz”, señala Wakibia. "La mayoría de los otros países no se atreven a dar este paso porque la industria es demasiado poderosa y está muy conectada con la política”, afirma.

Quien viole la nueva legislación sobre bolsas de plástico, que es la más estricta del mundo, será castigado con una pena máxima de 32.000 euros (unos 37.000 dólares estadounidenses) o hasta cuatro años de cárcel.

De acuerdo con la Agencia Nacional de Gestión Ambiental de Kenia (NEMA, por sus siglas en inglés), ya se han impuesto fuertes multas. Hasta la fecha, 100 fabricantes y vendedores, raramente particulares, han sido detenidos y multados durante los controles policiales en mercados y calles.

Comerciantes y compradores del mercado.

Tanto los comerciantes como los compradores han tenido que replantearse la forma en que llevan a cabo sus actividades diarias.

Opiniones enfrentadas

Hasta hace un año, el uso de bolsas de plástico, que ahora se han borrado del día a día, estaba ampliamente extendido, especialmente en lugares como el bullicioso mercado de Kangemi, en Nairobi, donde los comerciantes venden de todo, desde frutas y verduras hasta ropa.

La prohibición parece estar funcionando. No se ven bolsas de plástico, ilegales, por ninguna parte, sino bolsas de tela coloridas y reciclables que cuelgan en todos los puestos. No obstante, éstas cuestan 20 chelines kenianos, diez veces más que las bolsas de plástico. Muchos clientes optan por traer sus propias bolsas o transportar sus mercancías en cubos.

Para Wilfred Mwiti, que compra regularmente en el mercado, la prohibición de las bolsas de plástico no es un problema. Al contrario.

"Estoy de acuerdo con la prohibición y creo que el gobierno debería dar un paso más y prohibir el plástico en los envases”, dice en referencia a los envases alimentarios.

Pero no todo el mundo ha adoptado las nuevas normas con tanto entusiasmo. Aunque reconoce los beneficios de la ley para el medio ambiente, Martha Ndinda, vendedora de boniato, todavía está lidiando con la nueva realidad.

Un enorme vertedero lleno de plástico

El plástico que se vierte en vertederos como éste, puede ser fácilmente arrastrado por el viento, terminando en vías fluviales y en lugares donde es ingerido por animales desprevenidos.

"Solía vender mis patatas en bolsas de plástico para mantenerlas frescas durante más tiempo. Ahora se secan muy rápido”, lamenta.

Grandes tasas de desempleo

El mayor crítico de la prohibición es la Asociación de Fabricantes de Kenia (KAM, por sus siglas en inglés). Antes de las nuevas normas, el país contaba con 170 empresas productoras de plástico, que daban empleo a casi el tres por ciento de la mano de obra keniana.

Sachen Gudka, que dirige una empresa fabricante de etiquetas, es uno de los empresarios más influyentes del país y presidente de la KAM.

Muchas empresas tuvieron que cerrar tras la prohibición, sin recibir ninguna compensación del gobierno. Se perdieron cerca de 60.000 puestos de trabajo, directa e indirectamente. A Gudka le habría gustado que la legislación se hubiera introducido de forma más gradual.

"Kenia tenía una industria próspera, que exportaba bolsas de plástico a los países vecinos. Todos esos ingresos de exportación ahora se han perdido para Kenia”, lamenta.

Importación ilegal

Betty Nzioka, de NEMA, espera que los países vecinos pronto sigan el ejemplo de Kenia, resultando en "una prohibición colectiva en toda África Oriental”.

Hasta que eso suceda, las autoridades continuarán enfrentándose a desafíos, como la importación ilegal de bolsas de plástico de países como Uganda, que ya está ocurriendo según Nzioka.

En general, está satisfecha con la voluntad del público de aceptar los cambios y acoge con satisfacción el resultado de calles más limpias y menos bolsas de plástico, tanto en las redes de pesca como en los estómagos de las vacas.

"La prohibición fue acompañada de una campaña informativa. Hemos publicado folletos para mostrar lo dañino que es el plástico para el medio ambiente”, explica Nzioka.

El futuro es el reciclaje

Sin embargo, a James Wakibia le gustaría que la prohibición se ampliara a otros productos que hasta ahora no se han visto afectados por las nuevas normas.

"Hay muchas excepciones, especialmente cuando se trata del embalaje”, como por ejemplo del pan. "Mi petición trata de prohibir todo el plástico de un solo uso, como las pajitas de plástico”, explica Wakibia.

James Wakibia

Después de haber ayudado a prohibir las bolsas de plástico, James Wakibia quiere que el gobierno adopte normas más ambiciosas.

Pero esto es exactamente lo que la asociación de fabricantes encuentra difícil: "cuando hablamos de prohibir el plástico, tenemos que hablar de cuáles son las alternativas viables y rentables”, responde Gudka. "Y francamente no hay muchas”, afirma.

En el caso del pan, cita el papel encerado como sustituto, pero hasta ahora sólo una empresa keniana lo produce. Y participar en la fabricación de productos de embalaje más ecológicos requiere una inversión de capital que, según Gudka, la mayoría de las empresas no pueden asumir. Su solución es reutilizar lo que ya existe.

"Adoptemos la recolección y el reciclaje de plásticos para crear una economía circular viable alrededor de todo este asunto”, sugiere.

Este punto de vista no es nuevo, según Wakibia. Pero el hecho de que no se haya traducido en acciones concretas hasta la fecha, ha contribuido a que, en primer lugar, se introdujera la prohibición. Ahora, el fotógrafo está trabajando con activistas de Zambia y Sudán en una estrategia de futuro. Y es que aunque su ruta hacia Nakuro en su mayoría ya está libre de bolsas de plástico, sabe que el problema global está lejos de estar resuelto.

Autor: Bettina Thoma-Schade (AR/ER)

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