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Cómo atender a la discapacidad visual en la escuela Inclusión PredragLasica/shutterstock

Cómo atender a la discapacidad visual en la escuela

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Ania Pupo Vega / The Conversation
Por : Ania Pupo Vega / The Conversation Doctora en Sociología Política. Máster en Psicología. Licenciada en Psicología, Universidad Internacional de Valencia
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Como en el resto de facetas de la vida, estamos acostumbrados a enseñar y aprender a través de la vista. Ofrecemos pautas para que los estudiantes con discapacidad se sientan incluidos en el aula.


En un mundo en el que la mayoría de la información que recibimos a diario de nuestro entorno se hace a través del sentido de la vista, ¿cómo consiguen desenvolverse las personas con discapacidad visual?

La educación es la principal herramienta para la aceptación e inclusión de la diversidad. En España, un 2 % de los alumnos con necesidades educativas especiales tiene discapacidad visual. El 98 % de ellos se matriculan en centros educativos ordinarios.

Veamos por ejemplo el caso de Mateo, un niño de 5 años escolarizado en infantil y con discapacidad visual. La tutora en su aula ha adaptado y modificado sus métodos de enseñanza para incluirlo. Mateo es un niño muy interesado por la pintura, la música y el baile y la maestra realiza diariamente muchas actividades sensoriales que permiten a Mateo conocer mejor su entorno.

Todos los docentes que conocen a Mateo han comprendido que su trabajo con él debe ir orientado a captar los estímulos del medio con el resto de los sentidos (gusto, olfato, tacto) para que obtenga la misma información y conocimiento que el resto de sus compañeros. De esta manera, por ejemplo, han conseguido que aprenda los números tocándolos en vez de escribiéndolos.

¿Deficiencia visual, baja visión o ceguera?

La Organización Mundial de la Salud define la discapacidad visual como una restricción total del sentido de la vista en ambos ojos. Sin embargo, no es exactamente así. Para ser más exactos, existen tres tipos de discapacidad visual: la deficiencia visual, y la ceguera parcial o baja visión o total, dependiendo de la agudeza y campo visual que posea la persona en cuestión y su capacidad de percepción de la luz a través del globo ocular.

Estadísticamente, es más frecuente encontrar niños y niñas con deficiencia visual en el aula. Sea cual sea su discapacidad, para una exitosa integración en el centro educativo la actitud y disponibilidad de la familia es fundamental.

Trabajar la autoestima y la autonomía

En primer lugar, es importante que los padres y familiares sepan identificar señales de alerta que indican que su hijo o hija tiene algún grado de discapacidad visual. Deben ser conscientes de que esta circunstancia no supone que el niño o la niña no vaya a poder realizar algunas tareas o actividades en su día a día, sino todo lo contrario: es bueno interesarse e investigar sobre el tema para realizar cualquier adaptación que facilite la inclusión en la vida cotidiana.

Tanto en casa como en la escuela es importante interesarse por los gustos e intereses del niño o niña con discapacidad visual y trabajar su autoestima. Las adaptaciones en el aula deben tener como objetivo lograr la mayor autonomía del pequeño.

En casa también se pueden hacer adaptaciones, por ejemplo usar pegatinas en las puertas para que sepa en qué estancia de la casa está o usar un mueble como punto de referencia para orientarse.

Tipos de patologías

Existen tres categorías principales de discapacidad visual en cuanto al origen de la patología: funcionales, estructurales y del sistema nervioso. Dentro del primer grupo se encuentran alteraciones como la visión fluctuante, fotofobia, alteración en la discriminación de los colores y la ceguera nocturna. A nivel estructural se recogen patologías como queratitis, queratocono, glaucoma, aniridia, cataratas, toxoplasmosis ocular, entre otras.

En cuanto a patologías o alteraciones del sistema nervioso existen la atrofia del nervio óptico, a la que se asocia con un daño en el nervio óptico, que es el encargado de llevar las imágenes percibidas al cerebro.

En cualquier caso, numerosas investigaciones han detectado que ni el aspecto biológico ni el cognitivo del niño o niña con discapacidad visual es motivo para diferenciarlos y excluirlos del resto de compañeros.

¿Cuál es el papel de la educación inclusiva?

Alcanzar la plena inclusión en el aula es un reto y requiere un entramado de acciones coordinadas para cuyo éxito es vital la preparación del docente, la disponibilidad de recursos humanos y materiales y una buena organización del centro.

Para lograrlo, tanto familias como profesorado pueden formarse e interesarse por conocer más profundamente las características y variedades de discapacidad visual.


Este artículo se basa en el trabajo de fin de máster de Manuela Gómez Reina en la Universidad Internacional de Valencia.

Ania Pupo Vega, Doctora en Sociología Política. Máster en Psicología. Licenciada en Psicología, Universidad Internacional de Valencia

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

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