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Navidad en la era de internet

Pizza, perreo y mamá pascuera: tres jóvenes escritoras relatan sus mejores anécdotas de Noche Buena

por 25 diciembre, 2017

Pizza, perreo y mamá pascuera: tres jóvenes escritoras relatan sus mejores anécdotas de Noche Buena
¿Anoche se te pasó la mano con el acohol? ¿Tu hijo te pilló de “viejo pascuero”? ¿Cumpliste con la tradición familiar? Camila González, creadora de Archivo Amoroso; June García y Josefa Araos, coautoras de Tan Linda y Tan Solita; son mujeres empoderadas y feministas, influyentes en redes sociales, mujeres de nuestros días. Y las tres profesan amor por la Navidad, De meneo, comida y familia, estas son sus anécdotas personales ocurridas durante algún especial 24 de diciembre de su puño y letra.
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Sin duda, la Navidad representa un día mágico, que habitualmente se comparte en familia, independiente de la composición de ésta. La idea es conversar, cumplir con ciertas tradiciones, dejar entrar la nostalgia de lo rápido que ha pasado el año y, a la vez, empaparse de la felicidad que emanan los más pequeños durante esta festividad, quienes tienden a ser los más fanáticos de la fecha.

Tres grandes mujeres, escritoras, sabia nueva de la literatura chilena, que inspiran a su manera sobre feminismo mediante sus redes sociales, compartieron sus particulares memorias navideñas con El Mostrador Braga.

Tres mundos en uno

Camila González Simon.

Camila González Simon es una joven de 24 años. Es periodista titulada de la Universidad de Chile y actual directora de su propio y conocido proyecto, Archivo Amoroso. Dicha iniciativa consiste en una oda al amor, donde quien quiera puede enviar su historia amorosa y publicarla. Archivo Amoroso cuenta con 5.750 seguidores en Instagram y 9.284 en Facebook (*). Esta es su historia.

Tenemos nuestras tradiciones pero no somos una familia tradicional. Soy hija de Jeanne, una gringa que ha vivido más tiempo en Concepción que en otra parte del mundo, y Claudio, un mapuche champurrea’o de Mulchén. Esto significa que siempre he crecido entre dos mundos, o mejor dicho, tres, contando el que hemos construido al sur del mundo.

Aunque no tenemos blancas navidades, cada año, nos juntamos y cocinamos los tres. Cuando tenía cuatro años, o por lo menos eso es lo que me cuenta mi mamá, vinieron unos amigos norteamericanos de mis papás. Vivíamos en Hualqui y decidieron prepararnos pizza. La Navidad siguiente vino mi tía Lisa y volvimos a hacer pizza. Sin querer, la costumbre se transformó en una tradición. Más de 20 años después me emociona mucho tener y seguir manteniendo algo que es muy nuestro y que refleja la mezcla de mundos que tenemos.

En Latinoamérica, se abren los regalos el 24 en la noche, pero en Estados Unidos se hace el día siguiente en la mañana. Así que cada 24 por la noche abríamos sólo un regalo: un juego de mesa. También dejábamos galletas, pan de pascua y cola de mono para “Santa Claus”. La mañana siguiente, abría los ojos y corría a la pieza de mis papás para recordarles (por si se habían olvidado) que ya era Navidad. Me decían, aún durmiendo, que tenía que esperar a que saliera el sol para poder abrir los regalos.

Al despertarse, pasaba algo muy entretenido. Me dejaban pistas alrededor de la casa que me guiaban hasta encontrar el regalo de Navidad. Recuerdo estar pensando y pensando con la ayuda de mis padres para finalmente abrir el maletero del auto hasta encontrar una hermosa bici con rueditas y unos brillos. No recuerdo un momento más mágico que ese. A veces, tanteamos la posibilidad de hacer algo más tradicional como hornear pavo, pero siempre decidimos seguir con nuestras costumbres porque al final lo más importante es disfrutar la navidad como niños.

(*) Encuentra más sobre ella y sus proyectos en Instagram y Facebook @archivoamoroso o en su cuenta personal @simonlodijo.

 

El Viejo Pascuero

Josefa Araos es una estudiante de 19 años de derecho en la Universidad de Chile. Hace reviews de libros por youtube (@coti) y este año lanzó su primer libro sobre feminismo, Tan Linda y Tan Solita junto a June García, a quien conoció en la universidad. Cuenta con 28.9k seguidores en Instagram (*). Esta es su feminista anécdota navideña.

Veinticuatro de diciembre y cada uno sabe lo que debe hacer. Mamá pone la mesa, papá cocina, hermana pone al niño Jesús en el pesebre y yo superviso, porque a mí me toca leer las etiquetas de los regalos, la mejor tarea de Navidad.

Cenamos y hablamos de lo mismo que hablamos todos los años, cuántos sietes no sacamos, qué compañeros quedaron repitiendo y qué haremos en vacaciones. Me pongo triste, porque falta poco para que sea veinticinco y debo esperar un año más hasta la próxima Navidad.

Ordenamos la mesa y continuamos con el siguiente ritual, ir a dar una vuelta para esperar al Viejo Pascuero. Con mi hermana, tomamos la delantera y papás van al final, caminando despacio, mientras nosotras tratamos de buscar el trineo. “Chucha, se me quedaron los cigarros”, dice mamá, “voy a tener que volver”. Mamá se devuelve rápido y seguimos caminando con papá, conversando sobre los renos.

Cuando falta poco para volver a la casa, con hermana echamos una carrera hasta la puerta. Llego yo y la abro. “Me pillaron”, dice mamá, mientras acomoda los regalos en el árbol.

Yo estoy feliz, porque mi mamá es el Viejo Pascuero.

(*) Encuentra más sobre ella en su Instagram personal @Cotineja

 

Un par de copas

June García Ardiles tiene 21 años y es actual estudiante de derecho de la Universidad de Chile. Es la co-autora de Tan Linda y Tan Solita, junto a Josefa Araos. Feminista, amante de los gatos y de la buena comida, tiene su propia cuenta de Instagram con sus reviews comilones (@_gulosa). En su cuenta personal cuenta con 5.672 seguidores (*). En la siguiente historia despliega su talento y su sentido del humor.

No tengo mucha familia en Chile, porque los hermanos de mi mamá viven fuera del país y mi papá es boliviano, por lo que toda mi familia paterna está en La Paz. Por lo mismo, mis mejores navidades las he pasado allá.

Siempre dicen que Colombia es realismo mágico, pero ufff vayan a Bolivia, ahí sí que es como estar en un cuento y mi familia, ni les digo, los Buendía son cualquier cosa al lado de los García Caballero: matriarcado fuerte, arraigado en tradiciones culinarias y literarias, todas las mujeres somos grandes cocineras y lectoras, miles de historias increíbles. La Navidad es solo una muestra de eso.

No sé si cuando más chica no me daba cuenta, o simplemente me quedaba dormida, pero la última Navidad que pasé allá el 2014 (lamentablemente estudiar en la Chile implica salir casi siempre en enero, así que no he podido pasar las fiestas en Bolivia), fue brígida, el alcohol probablemente también tuvo algo que ver.

Todo empieza con las empanaditas navideñas de la Mamá Mery (mi abuela), de no sé qué cosa espectacular. El plato principal es un pavo gigante relleno con mil cosas tan, pero tan sabrosas (la comida boliviana es lo mejor del universo, qué pena que los chilenos tengamos tantos prejuicios que hay muy pocos lugares en Chile donde podemos encontrarla) y bueno, mucho alcohol: whisky, vino, ron, pisco, espumante, lo que se te ocurra porque en mi familia no te van a juzgar por tomar, de hecho, sólo te van a juzgar por no tomar.

Antes de empezar la real comida viene la oración, si tenemos presente a familia más lejana, la persona quien la dice se encarga de pedir por cada ser existente en la tierra y en el universo (porque en mi casa somos fieles creyentes de la existencia de aliens, de hecho, mi abuela todas las noches con sus binoculares busca ovnis y si ve algo bacán, lo graba y lo sube a youtube), mínimo sus 10 minutos agradeciendo y pidiendo, un ejercicio de paciencia al límite. Pero si estamos sólo entre nosotros, Mamá Mery establece antes que tendremos “oración flash” y a la velocidad de la luz pide y agradece todo lo que sea necesario. Comemos, bebemos y reímos, a la espera del nacimiento de Yisus.

A las 12, nace el niño baby wawi Jesús y ahí es cuando se supone que vienen los regalos, pero en Bolivia antes de eso hay que bailarle a la virgen y al niño, para festejar que ha llegado al mundo. Nos acercamos todos al pesebre, cuyos monitos están hechos de porcelana y con detalles de oro, mientras alguien coloca típica música boliviana y comienza el baile. Y mi familia se enajena bailando, haciendo sus demostraciones tradicionales (porque también somos talentosos para el meneo). Lo que nunca esperé fue que mi abuela sacara su disco pirata Sex & Love de Enrique Iglesias y yo, curadísima, grité que pusiera Bailando y me puse a perrear hasta abajo frente al pesebre, como bienvenida a Jesús, que me miraba con ojos de huevo frito y pestañas más falsas que las mías. Terminé vomitando y sin regalos (mentira, pero me tocó abrirlos sola a la mañana siguiente).

(*) Encuéntrala en Instagram como @junegarcia_ y en @_gulosa.

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