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Chilena en NYC: “No podía perder la oportunidad de comprarle a mi hija una muñeca casi, casi como ella”

por 15 enero, 2018

Chilena en NYC: “No podía perder la oportunidad de comprarle a mi hija una muñeca casi, casi como ella”
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Ayer salí en una misión. Tarde, pero salí. El clima ha estado helado en extreme, pero tenía que hacer algo muy importante: encontrar a la famosa Luciana Vega. La niña (muñeca) del Año 2018 de las American Girls. ¿Por qué era tan importante para mí? Les cuento.

Las American Girls son las muñecas más codiciadas por las niñitas estadounidenses, y las no tan niñitas también. Es habitual ver a las niñas con sus mamás y papás por la 5ta Avenida caminando con las bolsas rojas gigantescas que llevan esas muñecas. Es el paseo obligado de los turistas que vienen con sus hijas a Nueva York. Siempre he escuchado de amigas y conocidas que cuentan que siempre quisieron una, pero que eran inalcanzables por el elevado precio, así que sólo iban a comprarle la ropa o algún accesorio. Los más pudientes las coleccionan. Todos los años lanzan una muñeca nueva, totalmente diferente a la del año anterior, reflejando alguna época histórica, o etnicidad o, por ejemplo, ocupaciones, que van de bailarina a científica.

Lo entretenido de las muñecas es que les crean una historia para marquetearlas. En 2006 debutó una muñeca birracial, que sigue a sus papas arqueólogos a Belize. Hay otra que es una poeta que lucha con su tartamudeo. Este año le toco el turno a Luciana Vega, una muñeca cuya historia sucede en San Antonio, Texas. Es una niña hija de inmigrantes chilenos. Son historias entretenidas, con muchos detalles, que son contados en los libros que acompañan a las muñecas. Lejos, mucho más entretenido que la Barbie, y que me disculpe la Barbie si la encuentro medio fome.

 Es muy bonita, tostada, de pelo café oscuro. Me llamó la atención un coquetón mechón morado, un vestido medio espacial y bototos plateados. Me acordé de mis años mozos. También tuve bototos plateados. ¿Es Luciana mi mini doppelganger?

Entonces, tuve que ir a buscar esa muñeca. ¿Cómo iba a dejar pasar la oportunidad de mostrarle a mi hija que no está sola en este mundo? ¿Que hay una muñeca casi, casi como ella, con una historia muy parecida a la de ella? Una niña mitad chilena, mitad gringuita, con todo lo que eso significa, con toda su familia bien lejos, pero bueno, es lo que hay. No hay que quejarse tampoco que tan malo no es.

Apenas le conté a una amiga, la Rucio, partimos corriendo a la tienda American Girls para ir a buscarla. Llegamos justo a las 7 y encontramos las puertas cerradas. Le pusimos cara de pena al guardia y nos dejó pasar solo si sabíamos lo que queríamos y no nos íbamos a quedar dando vueltas, mirando todo. Le prometimos que sí, que sabíamos lo que queríamos con nombre y apellido, así que nos dirigimos raudas a buscar a la famosa Luciana.

Es muy bonita, tostada, de pelo café oscuro. Me llamó la atención un coquetón mechón morado, un vestido medio espacial y bototos plateados. Me acordé de mis años mozos. También tuve bototos plateados. ¿Es Luciana mi mini doppelganger?

Encontré entretenida la onda de la muñeca. Me la imaginé rockera, fanática de Fiath no More y Mike Patón. Con esa pinta no puede ser reaggetonera. No. Leyendo el libro que trae Luciana, me enteré que a su mamá le gusta hacer tortas de merengue con lúcuma y que su abuelita está en Chile. Por supuesto, a Luciana le gusta la astronomía. Y obviamente, venden un mini telescopio para que observe las estrellas.

Aparte de la muñeca y el telescopio, tomamos un traje azul de la Nasa para cambiarle ropa. Así como un enterito para su Space Camp, al que se refiere en el libro. Venden el traje de astronauta también, pero para acceder a comprarlo, hay que hacerse socia del Club de American Girls. De otra manera, no lo venden. Estaba muy bonito y además, hacerse socia era gratis, así que nos inscribimos inmediatamente.

Mi amiga y yo estábamos muy emocionadas, pensando que a mi hija le iba a encantar (y sí, mi hija anda loca con la muñeca), hasta que llegamos a pagar. Ahí el cajero nos bajo de la nube en la que estábamos flotando cuando nos dio el total: 280 dólares, unos 170 mil pesos chilenos. En una muñeca, un enterito azul, un traje de astronauta y un telescopio de muñeca que, en su defensa, funciona como un mini proyector y trae un iPhone de juguete para que la Luciana se textee con sus amigas mientras ve las estrellas, y una mantita para que la muñeca se recueste cómodamente mientras observa el infinito. Con eso nos consolamos, y con unos tragos que nos tomamos después de las compras para pasar las pena de haber gastado tanta plata en una muñequita. Por lo menos, no era la Anabelle. Espero.

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