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La violencia de género en los espacios políticos y sociales: una verdad incómoda

por 16 enero, 2020

La violencia de género en los espacios políticos y sociales: una verdad incómoda

Crédito: Engin Akyurt /Pexels

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Es una realidad que las mujeres representamos en Chile y el mundo más de la mitad de la población, ocupando espacios en diversas áreas del conocimiento, producción y economía del cuidado.

Es precisamente esta última tarea la menos reconocida, pese a su enorme aporte al desarrollo de un país. Gracias a que históricamente las labores de crianza y del hogar han descansado en nosotras, es que los hombres han podido asumir una vida privada y pública en espacios políticos donde, además, predominan las decisiones y liderazgos masculinos.

La participación de la mujer en política ha tenido que ser una lucha constante de desigualdad.

A pesar de los enormes avances del movimiento feminista, aún es difícil para nosotras liderar ciertos espacios donde se deciden temas relevantes, como la economía, educación o salud. Asimismo, frecuentemente nos encontramos con obstáculos a la hora de participar activamente en nuestros espacios laborales, donde los hombres son los principales referentes en asuntos sindicales o de la clase trabajadora.

La participación de la mujer en política ha tenido que ser una lucha constante de desigualdad, no sólo porque  la propia estructura organizacional de nuestro país no nos considera como sujetas principales de cambio, sino porque además se nos deja fuera de todo tipo de debate relacionado con nuestros derechos.

Prueba de esto es, por ejemplo, que en los espacios de representación política existen 10 regiones de nuestro país que no cuentan con representantes femeninas en el Congreso o alcaldías. Del total de diputados y senadores existe sólo un 21,7% de representación femenina. Por otra parte, de 345 alcaldes solo 41 son mujeres y de 2.214 concejales, solo 553 no son hombres.

Lo más grave es que no solo se trata de una cuestión de representación. A la interna de los espacios políticos y sociales, hoy ser mujer y dirigente gremial con un liderazgo joven significa enfrentarse a un camino complejo, donde abundan las “zancadillas” que buscan golpear en lo político, laboral y personal, siguiendo patrones patriarcales y machistas, inclusive en espacios con presencia de mujeres. Entonces surge la ineludible reflexión: ¿Sigue teniendo identidad patriarcal el poder en nuestro país?

Afortunadamente la crisis social que vivimos ha permitido que todas las esferas sociales discutan sobre cuestiones como la paridad. Esperamos que esto dé pie para que nunca más tengamos que “pedir permiso” para ocupar espacios de deliberación, estar en espacios de representación y organizaciones donde no se reproduzca la violencia de género o recibir malos tratos y hostigamientos para que algunos no pierdan sus espacios históricos de poder.

Una sociedad más justa comienza con la erradicación de la violencia de género en todas sus formas, incluyendo la política.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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