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COVID-19 en la vida de las mujeres

por 19 marzo, 2020

COVID-19 en la vida de las mujeres
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Nadie puede quedar indiferente ante la imagen de una mujer enfermera desplomada, exhausta después de atender a más de cincuenta personas en un servicio de salud en Italia. Hoy vemos y es evidente que la contribución de las mujeres en la respuesta en la crisis del coronavirus es fundamental. Muchas mujeres son la puerta de entrada al sistema de salud y asumen una alta carga de trabajo en la respuesta a la crisis.

Según datos de la OMS en América Latina las mujeres constituyen el 74% de las personas empleadas en el sector sanitario y social, mientras que los hombres ocupan el 75% de los puestos de liderazgo en las esferas superiores del sector salud. En situaciones de emergencia los profesionales de la salud se enfrentan en muchas ocasiones a un mayor desgaste físico y emocional, así como también enfrentan un mayor riesgo de contagio.  Las mujeres al participar más ampliamente en funciones de primera respuesta en la atención médica también se ven más expuestas.

Este grupo de mujeres o “primera línea del cuidado” es directamente afectada por la crisis, y en al menos dos dimensiones: el aumento al doble de horas de cuidado en sus propios hogares y también la posibilidad de que sus empleos se suspendan por riesgos de contagio en el lugar de trabajo. 

No solo en el ámbito de la salud vemos que existen múltiples implicancias de la crisis del coronavirus en la vida de las mujeres, también lo vemos en lo económico y en lo social.

Por ejemplo, la crisis de coronavirus tiene y tendrá un impacto amplio en la esfera del cuidado.  Las mujeres son las más afectadas por el impacto de esta crisis en el trabajo de cuidados no remunerado.  Y sin duda, que esto repercutirá en mayor medida en mujeres de menores ingresos, quienes por lo general tienen una sobrecarga en el cuidado de familiares enfermos y personas mayores. Resulta relevante hacer un llamado a la responsabilidad y la solidaridad para que la carga de trabajo comience a estar más balanceada entre hombres y mujeres. Tal vez esta crisis nos permita visibilizar el trabajo doméstico no remunerado de las mujeres, a reconocerlo y también a redistribuirlo de mejor forma entre hombres y mujeres.

Al hablar del cuidado también hay que tener en cuenta de qué forma esta crisis afecta a las mujeres trabajadoras domésticas. En la región de América Latina existen 18 millones de personas que se dedican al trabajo doméstico, de los cuales 93% son mujeres. Este grupo de mujeres o “primera línea del cuidado” es directamente afectada por la crisis, y en al menos dos dimensiones: el aumento al doble de horas de cuidado en sus propios hogares y también la posibilidad de que sus empleos se suspendan por riesgos de contagio en el lugar de trabajo.

Por otra parte, siempre en contextos de crisis la violencia contra las mujeres se agudiza, las mayores tensiones al interior del hogar pueden resultar en un aumento de la violencia doméstica. Es por esto que se deben adoptar medidas adicionales para prevenir y responder a la violencia de género.

Sin duda, integrar a las mujeres a un trabajo conjunto a nivel local y desde las organizaciones es una oportunidad para promover sus voces en la prevención, la respuesta y en la recuperación que requiere el país para salir de esta pandemia y crisis global.

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