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BRAGA

Mujeres privadas de libertad y personas trans: cómo superar la crisis a través de la sororidad y el arte

por 3 noviembre, 2020

Mujeres privadas de libertad y personas trans: cómo superar la crisis a través de la sororidad y el arte
Proyectos de Pájarx entre Púas, colectivo de Valparaíso que trabaja con mujeres privadas de libertad, y OTD Chile ganaron el Fondo concursable “Juntas enfrentamos la crisis del Covid-19” de la plataforma Juntas en Acción, liderada por ComunidadMujer y Corporación Humanas. En esta entrevista conoceremos su trabajo y cómo estos dos grupos marginados y discriminados por la sociedad enfrentan el escenario actual.
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La pandemia ha afectado fuertemente a las mujeres, sobre todo a las que pertenecen a grupos más marginados. Es por eso que dos de los proyectos que se adjudicaron el Fondo Juntas enfrentamos la crisis Covid-19, de Juntas en Acción y financiado por la Unión Europea, irán en apoyo de las mujeres privadas de libertad y de las personas trans.

En el caso de las mujeres privadas de libertad, al suspenderse las visitas, han dejado de recibir apoyo económico y emocional: ya no cuentan con útiles de aseo que les iban a dejar sus familias, por lo que colectivos como Pájarx entre Púas son fundamentales. Algo que también las afecta en lo emocional porque no han podido ver a sus hijas e hijos, e incluso quienes tenían bebés tuvieron que entregarlos a sus familiares fuera de la cárcel para cuidar su salud, perdiendo el apego en los primeros meses de su vida.

Por otro lado, las personas trans han estado más expuestas a la violencia que muchas sufren dentro de sus propias casas o han visto desaparecer sus pocas fuentes laborales. “Una persona que es trans, trabajadora sexual, migrante, que no tiene su documentación al día, no va a poder acceder a las prestaciones y servicios que el Estado brinda al resto de las personas”, explica Shane Cienfuengos de OTD Chile.

El Mostrador Braga conversó con la colectiva Pájarx entre Púas y la Asociación Organizando Trans Diversidades (OTD Chile) para conocer más sobre estos proyectos y su visión de cómo la sociedad chilena aborda estas problemáticas.

Tendiendo puentes desde la cárcel a través del arte

La colectiva Pájarx entre Púas nace el año 2016 cuando Myr Chávez realiza un encuentro local en la cárcel para hablar de nueva Constitución entre personas privadas de libertad y gendarmes, vinculándose con otras personas que trabajan en cárceles y surgiendo la motivación de seguir abriendo estos espacios a través de la reflexión, de la cultura y del arte.

Pájarx entre Púas es una colectiva de la región de Valparaíso que ocupa el arte “como herramienta de integración, comunicación, diálogo y reinserción social, que trasforme una realidad sin esconderla, más bien visibilizando espacios que requieren de forma urgente ser modificados en pos de una mejor convivencia y calidad de vida”, como explican en su sitio web. Algo que para ellas es fundamental, pero que el Estado no siempre ve.

“El 21% de las mujeres que están encarceladas en la cárcel de Valparaíso no ha terminado su educación básica y un 66% no ha terminado su educación media. Sabemos que la media de la población es sobre el 90%. Son datos que nos dan cuenta cómo los recursos del Estado no llegan de igual forma en todos los territorios y cómo eso incide en que las mujeres vivamos más tipos y diferentes formas de violencia que se agudizan en contexto de pobreza y privación de libertad”, explica Karen Hoecker, investigadora y activista de Pájarx entre Púas.

“El Estado no propicia el desarrollo educativo y cultural necesario en los espacios carcelarios. Entonces finalmente somos las colectivas quienes nos hacemos cargo de crear este puente”, señala Hoecker.

Una experiencia que determinó el trabajo de la agrupación se relaciona con la oportunidad de conectar el espacio público con el espacio privado “Creo que esto definió nuestro trabajo el querer conectar y hacer puente entre las personas privadas de libertad y el afuera. Nos dimos cuenta que para ellos tener ese contacto con el exterior, sentirse parte de la sociedad y que alguien los estaba considerando desde afuera a pesar de todo era muy importante”, explica Chávez.

“A partir del trabajo Siluetas a la calle empezamos a desarrollar distintas acciones artísticas para conectar a las compañeras con el espacio público y la participación social. Sin embargo, también nos dimos cuenta que al momento de salir de la cárcel ellas habían perdido todas sus redes de apoyo, entonces quisimos también vincularnos más allá de la cárcel y empezamos a realizar otros proyectos”, explica Chávez.

Con el fin de continuar realizando este trabajo y expandirlo a otras cárceles de mujeres de la región es que postularon el proyecto “Juntas nos cuidamos. Juntas más libres” que se adjudicó el Fondo de Juntas en Acción. Este proyecto, presentado en alianza con el Centro de Investigación Teatro La Peste, busca dar apoyo psicológico y legal a mujeres privadas de libertad, fortalecer una comunidad en formación de mujeres excarceladas y garantizar la seguridad alimentaria y sanitaria a través de la entrega de productos de primera necesidad.

El proyecto fortalecerá y ampliará el trabajo artístico y cultural que Pájarx entre Púas venía realizando en la cárcel de Valparaíso para llegar también a los Centros de Cumplimiento Penitenciarios Femeninos de las comunas de Quillota, San Antonio y Los Andes.

Además, la colectiva está desarrollando un catastro en la región que permita determinar las organizaciones que están trabajando con personas privadas de libertad, los programas o talleres culturales que está desarrollando Gendarmería y los centros culturales más cercanos. Con esto buscan identificar las cárceles que poseen una mayor oferta de actividades culturales y artísticas y aquellas que están en una situación más precaria y, por lo tanto, donde es más urgente actuar. Esto lo harán a través del programa piloto Vuelo de Pájares, en alianza con el Parque Cultural de Valparaíso, para conectar las cárceles con centros culturales cercanos y organizaciones.

Transitando en pandemia



Las personas trans son también un grupo históricamente marginado a quienes la pandemia ha afectado especialmente. “Durante la pandemia, las personas trans hemos experimentado la exclusión social de forma mucho más agudizada. El distanciamiento social y la desconexión con las redes de apoyo nos hace más susceptibles a la ideación suicida, la depresión y la ansiedad. Y esto se incrementa cuando estás al interior de una familia transfóbica, una familia que no te quiere ver transitar, no te quiere ver feliz con tu expresión o tu identidad de género”, explica Shane Cienfuegos, coordinadore social de la Asociación Organizando Trans Diversidades (OTD Chile).

Si bien Chile ha adherido a diversas iniciativas que buscan resguardar los derechos de las personas trans, y de la diversidad sexual en general, las políticas públicas siguen siendo insuficientes para enfrentar la discriminación y la violencia que sufren. Según la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), en el 80% de los asesinatos de mujeres trans las víctimas tenían 35 años de edad o menos. Esto coincide con la información de organizaciones de la sociedad civil que sitúan el promedio de expectativa de vida de las mujeres trans en América Latina en los 35 años. “Nos matan los clientes que consumen el trabajo sexual; nos mata la familia que nos expulsa de nuestros hogares por ser trans y nos terminamos quedando en la calle; nos mata la silicona industrial porque no existe ningún protocolo ni financiamientos para prestaciones de salud trans específicas. Las personas trans somos sujetas de derecho. Tenemos el derecho de cualquier otra persona a existir, amar y tener un trabajo digno”,señalaShane.

Ante la urgencia de ir en apoyo de las personas trans afectadas por la pandemia, OTD Chile está desarrollando el proyecto “Juntes en red superamos la crisis”, que será financiado por el Fondo de Juntas en Acción con el apoyo de la Unión Europea. El proyecto tiene como objetivo mitigar los efectos de la exclusión social agudizada por la crisis sanitaria, que vive la población trans en situación de vulnerabilidad en Santiago y Valparaíso. Para esto, el proyecto contempla una ayuda directa para garantizar la seguridad alimentaria y sanitaria a través de cajas de mercadería y kits de higiene. Además, se realizarán capacitaciones y talleres que apunten al empoderamiento de las personas trans, y se fortalecerán las redes con organizaciones no gubernamentales y órganos del Estado.

“Juntes en red es una propuesta dinámica para poder ir en ayuda de esta población trans, travesti, transexual y no binaria para poder superar juntes la crisis”, resume Cienfuegos quien hace hincapié en que las personas beneficiarias del proyecto también contarán con el acompañamiento jurídico y psicológico de OTD Chile en caso de necesitarlo.

Activismo trans

Shane Cienfuegos comenzó su activismo siendo adolescente, motivade por la falta de representación, la exclusión y la violencia. “Mi activismo surge del dolor, pero también de los procesos de reflexión crítica a propósito de cuáles eran los estereotipos de género que querían que las personas trans, travestis, transexuales y no binaries adoptasen. Por ejemplo, siempre me decían ‘tú naciste varón, macho, tienes que ser proveedor, tienes que ser masculino, viril, violento’. Y yo no adscribía a ese tipo de conducta y comportamiento”, explica.

Para Shane, una de las grandes demandas problemáticas de la comunidad trans es el derecho al trabajo. “Todas las travestis tenemos el derecho a ir a la esquina a comprar pan. Pero con qué plata compramos el pan. Eso tenemos que problematizar. El cupo laboral es una de las cosas prioritarias para la comunidad trans en la actualidad para poder sobrevivir. ¿Con qué vivimos las personas trans si no con trabajo? No queremos caridad, no queremos más que el resto, queremos lo justo”, sentencia.

Además del cupo laboral, las infancias trans son otro de los grandes temas que cree que debería ser tratado con mayor profundidad en el país. “Todavía tenemos establecimientos educaciones que no respetan el nombre social de las personas, tenemos una Ley de Identidad de Género que dejó fuera a las personas mayores de 14 y menores de 18 años, a las que no les permite hacer el cambio de nombre y sexo registral de una forma expedita porque la ley tiene una visión conservadora y paternalista”, explica.

Para lograr el avance de estas demandas es fundamental la incidencia política, en la que trabaja activamente OTD Chile. Para Shane esta incidencia se debe realizar en todos los espacios posibles: “La incidencia política la tienen que desarrollar todas las corporalidades en todos los espacios porque la incidencia política no es solamente a nivel de gobierno ni de la política partidista. Podemos hacer incidencia política en el barrio, en la junta de vecinos, en la casa, en el almuerzo familiar. A lo que apuntamos como OTD es que todos los espacios son espacios de disputa en donde tenemos que problematizar eso que llamamos género y eso que llamamos opresión”.

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