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Yo opino

Normalizar la violencia simbólica es perpetuar la violencia de género

por 25 noviembre, 2020

Normalizar la violencia simbólica es perpetuar la violencia de género

Créditos: Laura Bennet @adictalretrato

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Este miércoles 25 de noviembre se conmemora nuevamente el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia Hacia las Mujeres. No podemos negar que la violencia ejercida en contra de las mujeres es una conducta sistemática y que las cifras que existen sobre denuncias de violencia y abuso son, muy probablemente, mayores a las que conocemos.

Sabemos que es un problema de salud pública por su envergadura, que hay ocho proyectos de ley al respecto en tramitación parlamentaria, que hasta la fecha durante el 2020 han habido 44 femicidios en Chile y que las consultas por acoso, abuso y violación son una constante para quienes nos despempeñamos en salud mental. Lo terrible es que la violencia sexual ejercida contra las mujeres es la más visible por su impacto y crueldad, sin embargo, no debemos olvidar que existen diversas formas de manifestación de la violencia de género: Violencia intrafamiliar, maltratos y conductas de negligencia hacia la niñez y abandono de las niñas y adolescentes que se encuentran bajo la tutela del Estado.

Necesitamos prevenir para que no nos sigan matando, necesitamos aprender a identificar el origen de las violencias para enseñarles a nuestras abuelas, madres, tías, hijas, hermanas, amigas y así avanzar juntas en su erradicación

En contexto de crisis sanitaria se visualiza un aumento considerable de llamadas de emergencia al Fono Familia, lo que contrasta con los número de denuncias, que no han aumentado. Yo me pregunto ¿quién denunciaría cuando ves en las noticias una y otra vez a mujeres que han sido asesinadas por sus parejas que presentaban historial de violencia?; o ver cómo un violador es defendido por la sociedad culpando y cuestionando a la víctima; o peor aún, vivir en un país donde el Estado no te defiende, ni te garantiza protección  ¿Cómo se supone que eso no nos violente? Si además, hemos visto pasar a diferentes ministras de la mujer que sólo han guardado silencio y con un proyecto de ley de Violencia Integral que duerme en el congreso desde 2017.

Lo grande que es el problema nos invita necesariamente a preguntarnos por su origen, uno que sea más concreto que “el patriarcado”. Cuando comprendemos que la violencia de género es una violencia que se ejerce especialmente contra las mujeres por el hecho de ser mujeres, podemos comenzar a dilucidar que el problema no es simple, pues esconde una profundidad y estructuralidad mayor. ¿Por qué SER MUJER basta para ser sujetas de violencia? La respuesta reside en la violencia simbólica. Es por esta razón que desde La Rebelión del Cuerpo, este año, queremos decir fuerte y claro que: Normalizar la violencia simbólica es perpetuar la violencia de género.

La violencia simbólica es la base de todas las manifestaciones de la violencia de género y su complejidad radica en su carácter “invisible”. La podemos identificar con más facilidad en la cosificación de las mujeres, en la falta de diversidad de roles y tareas que cumplen tradicionalmente, en el tipo de cuerpos de mujer que se exponen en los medios masivos de comunicación, en la invisibilización de las mujeres en la historia, en la baja representación de mujeres en cargos directivos o de poder  y en la exclusión de los principales procesos políticos.

La violencia simbólica es la que se esconde en las imágenes, en el lenguaje y  la comunicación en general e instala desde nuestra niñez el estereotipo de que las mujeres debemos ser y cumplir ciertas formas que a veces se alejan de la realidad. Esta brecha se traduce en violencia, infligida por la sociedad con el juicio, por el sistema mediante la imposición, por nosotras mismas frente a la imposibilidad y por otros en el rechazo. Entonces, la violencia simbólica se manifiesta principalmente a través de la perpetuación de  estereotipos y roles de género y lo que es más preocupante: tiene un efecto devastador en la construcción de identidades de niñas, adolescentes y mujeres, en nuestro cotidiano y en la forma en que nos vinculamos.

Un estudio realizado por La Rebelión del Cuerpo, colectivo donde denunciamos la violencia simbólica, señala que el 86% de las mujeres declara haber evitado alguna vez visitar lugares, dar su opinión o realizar actividades que disfrutan porque no les gusta cómo se ven o cómo se sienten con su apariencia física. En nuestra experiencia, nos hemos dado cuenta de que las mujeres no solo se sienten avergonzadas y acomplejadas por su cuerpo, sino que también de sus capacidades y habilidades en diferentes aspectos de su vida, lo que limita su actuar. Sumado a lo anterior, según cifras del Ministerio de Salud (2014), el 71% del total de consultas por salud mental son de mujeres. Si los estereotipos de género calan tan profundo en nuestra conducta y emociones, ¿no será momento ya, de poner freno a la violencia simbólica?

Necesitamos prevenir para que no nos sigan matando, necesitamos aprender a identificar el origen de las violencias para enseñarles a nuestras abuelas, madres, tías, hijas, hermanas, amigas y así avanzar juntas en su erradicación. Para esto es fundamental una educación no sexista que elimine la instalación de roles y estereotipos desde la niñez; instalar la diversidad en nuestra cultura como un valor y principio fundamental; medios de comunicación responsables con los mensajes que transmiten y un mercado que responda a ciertas directrices públicas generales en las que el sexismo, androcentrismo y machismo dejen de ser pan de cada día.

Nuestra actual constitución no nos garantiza a las mujeres una vida libre de violencia, es por esto que desde la calle, hemos instalado el debate para que la redacción de la nueva constitución sea paritaria y que además, incorpore la perspectiva de género.

Las feministas tenemos que estar en la convención para llevar estos debates que vienen desde nuestras colectivas, de nuestros territorios, simple y llanamente, de la experiencia de las mujeres. Solo así avanzaremos a paso firme en el camino a la erradicación de la violencia de género.

Creemos que es posible. Creemos en una constitución violeta.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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