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Ser mujer en el siglo XXI: El gran dilema entre priorizar tu vida, o decidir ser madre

por 16 julio, 2021

Ser mujer en el siglo XXI: El gran dilema entre priorizar tu vida, o decidir ser madre

Créditos: Kristina Paukshtite en Pexels

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Soy mujer, chilena, ad portas de cumplir 33 años, con una vida que disfruto al máximo. Vida que yo escogí, que hasta el momento estoy bastante conforme con ella y me siento muy afortunada de las posibilidades que he tenido, porque sé que son un privilegio en mi país. Sin embargo, a mi corta edad, siento que mi vida recién comienza, sobre todo por los grandes avances científicos con respecto a la calidad y esperanza de vida. Tener 33 años es una edad que se cataloga, incluso en la publicidad, como adultez joven.

A pesar de ser una adulta joven, y de la gran energía jovial que aún habita en mí, te topas siendo mujer, independiente de tu identidad sexual o rol social, con una gran dicotomía. Sé que a todas no les pasa, y es totalmente natural, puesto que no estamos condicionadas a los mismos deseos, ni a las mismas experiencias, ni a los mismos anhelos. Pero, conversando con mujeres contemporáneas, me he visto en la necesidad de escribir esta columna porque también debiese hacer sentido, en esta sociedad poco empática, la realidad que estamos viviendo muchas mujeres adultas jóvenes.

"Si para mí, mujer profesional, soltera y sin hijes, ya es complicado contar con esa cantidad de dinero para poder ser madre biológica en un futuro ¿Qué pasa con aquellas mujeres que cuentan con menos capital monetario que yo? Claramente, quedan fuera del sistema como siempre".

Por una parte, quieres seguir viviendo tu vida, tan sólo tuya, disfrutar de más momentos, viajar, aprender diferentes lenguas, estudiar, crecer profesionalmente, seguir probando sensaciones, recorrer caminos lejanos o atesorando cada experiencia como si fuese la última. Sin embargo, de un momento a otro, sientes que la vida se te está yendo y
la verdad es que en parte es así, porque te aproximas a tomar una de las decisiones más fuertes y difíciles de tu vida.

Por alguna u otra razón, tomas conciencia de esta situación. Comienzas a investigar, y te das cuenta que tu calidad ovárica es sólo relativamente “de buena calidad” hasta los 35 años, ¡Sólo hasta los 35 años!, tal y como me lo dijo una amiga: “como si tuviéramos fecha de vencimiento”. A mi edad, mi fertilidad es de un poco más del 60% (eso
lo puedes calcular de forma gratuita en algunas de las páginas de las clínicas de fertilidad), y ésta va disminuyendo considerablemente a medida que cumplo años, además, de los riesgos asociados que aumentan con la edad en relación al embarazo y al desarrollo del feto. ¿Qué pasa ahora si uno de los anhelos de tu vida es ser madre biológica por primera, segunda, tercera o cuarta vez?, ¿qué pasa con tus planes de vida que no incluyen un o una bebé en este momento?, ¿qué pasa cuándo tomas luego de los 35 la decisión de ser madre, y tu hije no se desarrolla de forma adecuada cuando vives en un país donde el aborto no es seguro, ni gratuito, y menos legal?

Por supuesto, está abiertamente la posibilidad de adoptar, que por lo demás no es nada fácil en este país, ¿pero si anhelas además, ser madre biológica? Tema que nadie te pueda rebatir ni discutir, porque no faltan los que saltan y comentan: ¡Ay!, ¿pero por qué no adoptas en un futuro y así tu problema tiene solución?, como si entendieran que para una, fuese tan fácil dejar pasar la posibilidad de ser madre biológica. Como si aún no entendieran que esta decisión debiese ser mía y de nadie más. Por lo menos para mí, no es fácil dejar pasar esta posibilidad, pero al mismo tiempo, no es fácil dejar pasar mis sueños y mis anhelos que, de momento, no incluyen en el futuro cercano criar a un/a bebé.

Asimismo, en muchos casos, recién a esta edad, la edad de la adulta joven, tomas real conciencia de la importancia del autocuidado, la importancia de tu salud fisiológica y emocional. Comienzas probablemente a tomar terapia y a hacerte cargo de tus emociones, de tus excesos y de todo aquello que te dañaba. Probablemente dejas algunos vicios y comienzas a conectarte más con tu “yo” interno. Un claro ejemplo de esto es que posiblemente te das tiempo de hacer algo
que siempre te gustó y que nunca hiciste antes. Por lo tanto, realmente estamos recién, a esta edad, haciéndonos conscientes de la importancia que tiene el autocuidado, puesto que nuestro contexto sociocultural, siendo ya diverso, es definitivamente muy distinto al contexto en que nuestras madres fueron madres… Entonces, ¿cómo podríamos haber sido madres ejemplares, o haber intentado haber sido buenas madres antes de esta etapa?, con esto no estoy diciendo
que las que fueron madres jóvenes hayan fracasado, sino que recién a esta edad tomas conciencia de cuidarte a ti misma, por lo que es aún más complejo cuidar de un otro/a a una edad más temprana. ¿Por qué la biología nos juega una mala pasada nuevamente? Ya que está de más decir que los hombres no se preocupan de tomar esta decisión en esta etapa.

Sé que muchas, o quizás todas, no nos sentimos preparadas ni antes ni después de ser madres, y muchas también no piensan serlo, otras nunca quisieron serlo y se encontraron con que tenían que serlo forzadamente. Qué injusto es el universo al no darnos un hije en la forma adecuada, ni en el momento adecuado… ¿Será que hay una forma y un momento adecuado?

A pesar de esto, muchas lo anhelamos, pero no ahora, no estoy dispuesta a renunciar a mis sueños, a mis estudios, y a mi libertad, porque aunque intenten romantizar el proceso, sí renuncias a tu libertad cuando eres madre (o por lo menos, te limitas bastante). Entonces… ¿Qué hago con todo este sentir?, ¿sigo viviendo mi vida y postergando mi maternidad, hasta un punto en que mis óvulos no den más de vejez?

Para esto existe una posibilidad, y una buena posibilidad, pero nuevamente nos encontramos con trancas patriarcales y de mercado.

Congelar óvulos es la opción que tenemos las mujeres que deseamos postergar nuestra maternidad biológica. Sin embargo, me topé con la típica burocracia, el sistema de salud ineficiente en nuestro país, que no cubre la congelación de óvulos en su totalidad para postergar la maternidad, siendo que el costo total del proceso es bastante elevado.

¡Siento que es una injusticia tan grande!

Cuando los hombres por primera vez quisieron hacerse cargo de su vida reproductiva y se puso de moda la vasectomía, ahí llego FONASA (Fondo Nacional de Salud) a cubrir casi la mitad del procedimiento, al igual que la fertilización asistida en hombres, siendo que ya de por sí es un procedimiento más simple y por ende más barato. Sin embargo, con respecto a la fertilización asistida en mujeres, sólo cubre aproximadamente un cuarenta por ciento del total, y está de más decir
que el procedimiento es bastante complejo y por ende, de alto costo. Con respecto a la congelación y preservación de óvulos para postergar la maternidad, los planes de FONASA no cubren la totalidad del procedimiento, más bien sus medidas van enfocadas a cubrir algunos costos por fertilización asistida, que en ciertas etapas se podría cruzar con el tratamiento de preservación de óvulos, pero no es igual.

El valor del proceso de congelación de óvulos en clínicas privadas, que cuentan en Chile con real prestigio porque lo público perdió hace mucho rato ese privilegio; bordea aproximadamente los 3 millones de pesos chilenos, contando el procedimiento mismo, los medicamentos asociados y un tiempo de preservación de los óvulos, ya que luego de este tiempo pactado, tienes que comenzar a pagar el costo mensual o anual de este plan.

Que lamentable, que siendo mujeres y queriendo postergar nuestra maternidad por muchas razones, las políticas públicas nuevamente decidan por nosotras.

Si para mí, mujer profesional, soltera y sin hijes, ya es complicado contar con esa cantidad de dinero para poder ser madre biológica en un futuro ¿Qué pasa con aquellas mujeres que cuentan con menos capital monetario que yo? Claramente, quedan fuera del sistema como siempre.

He escuchado y leído todas las propuestas para las presidenciales, y claramente, ninguna de ellas apunta en esta dirección porque estamos a años luz de que esta realidad se visibilice.

Basta de abusos, queremos ser libres para decidir sobre nuestro cuerpo; si queremos ser madres, si queremos interrumpir nuestros embarazos, sí queremos postergar la maternidad ¡ES DECISIÓN NUESTRA! de nadie más, menos de un Estado que no se hace cargo de estas medidas reproductivas, y nos sigue oprimiendo en nuestras libertades.

Quiero ser enfática que esto lo escribo totalmente desde mi punto de vista, desde mis percepciones y desde mi experiencia, en desmedro de nadie que se pueda sentir aludida o desprestigiada con mi sentir, porque recordemos que la libertad debe ser de cada una de nosotras

Espero que este mundo cambie para mejor, y que todas nuestras preocupaciones, en algún momento, puedan dejar de serlo.

 

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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