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Yo opino

Violencia política a las mujeres

por 14 septiembre, 2021

Violencia política a las mujeres

Créditos: EFE

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Según cifras del proyecto de la Escuela de Periodismo de la USACH, en alianza con Proyecto Stop Hate del observatorio de Contenidos Audiovisuales de la Universidad de Salamanca, el 75% de las mujeres que somos convencionales constituyentes hemos sido objeto de discursos de odio en plataformas digitales como Twitter e Instagram. Para bien o para mal, yo soy la que más la recibe.

¿Para qué citar algunos de los epítetos que recibo a diario? Eso sería victimizarme. A decir verdad, llegué al punto en que ya no me importa, pero también llegué al punto en que creo que debemos alzar la voz por aquellas a las que sí les importa, las que sí se asustan con todo esto, porque la política si es con llorar, y no somos menos fuertes ni menos valientes por decir “ya no más”.

Lo terrible es que no hay argumentos contra nuestro trabajo como convencionales, no hay ninguna crítica directa a nuestra labor. En la vorágine de los medios, de lo inmediato, bastan un par de segundos para que todo se agrande, y para que vasos de agua nos ahoguen. Sólo se hacen alusiones a nuestro ser mujer, se pide que nos matemos; en casos más extremos, recibimos amenazas de muerte, o de que seremos degolladas y violadas. Con todo, sin importar si eres de izquierdas o de derecha, se nos devuelve al lugar que nos “corresponde” desde una mirada patriarcal y se nos dice que dejemos de remar contra la corriente por denunciar al patriarcado.

Cuando se violenta a una mujer en política, lo que se hace en definitiva, es decirle a todas las mujeres que deben callarse, que sólo sirven para ser madres y esposas, se les instala una burka invisible, un candado en la boca y cadenas en sus pies, se les dice a todas que sus vidas están en segundo plano.

Cuando se violenta a una mujer en política y en los espacios de poder no solo se le violenta a ella y a su confianza, no solo es una representación más de lo que el patriarcado quiere de nosotras; lo que es lógico, que seamos sumisas y devotas; los hombres en lo público, tomando las decisiones y las mujeres en lo privado, criando y siendo madres que esperan a sus parejas heteronormadas, porque eso es lo que está bien, es lo normal y correcto, de ser lo contrario eres una loca histérica, que no da el ancho, que rema contra la corriente. Una mala mujer. Cuando se violenta a una mujer en política, lo que se hace en definitiva, es decirle a todas las mujeres que deben callarse, que sólo sirven para ser madres y esposas, se les instala una burka invisible, un candado en la boca y cadenas en sus pies, se les dice a todas que sus vidas están en segundo plano, y se violenta también a sus electores y electoras, se hace mella en su palabra y en su capacidad de decidir quién puede representarles, no se considera la capacidad de las mujeres de tomar las riendas de sus vidas ni la capacidad de los electores de confiar en las capacidades de las mujeres que pueden representarles, y con esto triunfa el silencio y una minoría. El miedo vence y con ello pierde la democracia.

En fin, con todo, un día, después de mucho andar, me dije YO NO ME CALLO NUNCA MÁS. NO, nunca más me cierran la boca, nunca más me meten en el closet, nunca más temeré por ser mujer o por denunciar al patriarca. Nunca mas tendré miedo. Porque eso quieren, que las mujeres nos quedemos en lo privado, porque quieren que las mujeres no opinemos, que no seamos más que un grupo de felpudos sin voz, quieren nuestra obediencia, y eso de mí no lo tendrán más. Las invito a no temer más, podríamos hacer que el miedo cambie de bando, ¿Por qué no?

No importa cuánto nos insulten, cuánto terror quieran imprimir en nosotras, al lado de cada una, hay alguna niña o niño que quiere seguir nuestros pasos. Lo hermoso de la Convención Constitucional es que les decimos fuerte y claro que pueden hacer política sin importar de donde vengan, que sus voces son importantes, que sus ideas son mágicas y pueden cambiar al mundo. Lo más hermoso de la política es la capacidad de cambiar lo que está mal y hacerlo mucho mejor.

Al final del día me quedo con eso. El feminismo es transformador, la supervivencia se trata de aprender a vivir sola, de pie, impopular y a veces vilipendiada como decía Audre Lorde, pero creo que también se trata de aprender a vivir juntas y juntos, aprender que nos tenemos unes a otres, que podemos compartir las penas y los triunfos, aprender a ser valientes pese al odio.

Me he derrumbado de impotencia, ser convencional no pasa por ser, también, una súper heroína, pero cada día me levanto más fuerte, cada día me dan más ganas de responder, no con la misma violencia que recibo, la respuesta debe ser otra, la respuesta viene dada por la fuerza de mi historia y de la historia de cada compañera feminista que está en la convención, esa que me dan mis hijos y la lucha de millones alrededor del mundo. Cambiar este modelo patriarcal y hacer uno feminista, uno que incluye, uno seguro para todas.

Las llamo a no callar, a no amedrentarse y a recordar que el 4 de julio dijimos fuerte y claro “NUNCA MÁS SIN NOSOTRAS”.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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