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Joan Jara e Isabel Allende hablan del mítico concierto organizado por Ochs en honor al cantautor chileno

Cultura - El Mostrador

La desconocida amistad entre Víctor Jara y Phil Ochs, el rival y amigo de Bob Dylan

por 6 octubre, 2016

La desconocida amistad entre Víctor Jara y Phil Ochs, el rival y amigo de Bob Dylan
Phil Ochs fue parte del renacimiento del folk durante los años 60. Junto con Joan Baez y Pete Seeger, participó en la lucha por los derechos civiles y, con la ayuda de Allen Ginsberg, en plena Guerra de Vietnam, organizó una manifestación para declarar: “The War is Over”. Años después, sumergido en una profunda depresión, conoció a Víctor Jara y afirmó que tanto él como Dylan era una farsa al lado del chileno. Tras conocer de su muerte organizó un evento masivo en Estados Unidos. Al poco tiempo se suicidó. Esta es la historia de esa amistad que se forjó casual y que pese a lo trágico de su desenlace, tuvo más de complicidad que de azar.
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Para un norteamericano de izquierda, con una voz insistente que quería ser escuchada, viajar a Chile a conocer el gobierno de Salvador Allende era más que un sueño: era una utopía hecha realidad. “Quizás podamos cambiar el mundo políticamente, cantando canciones”, decía en los 60. Una década después, caminando por las calles de Santiago con una guitarra en la mano, conoció a una persona que restauraría sus esperanzas en los cambios sociales y en la vida. Su nombre era Víctor Jara.

Tras conocerse, se reconocieron de inmediato y se hicieron amigos con la misma facilidad que los niños. Cantaron juntos, hicieron programas de televisión, compartieron historias, pasaron noches riéndose. En un período muy corto de tiempo, dos cantautores afectados por las injusticias sociales y alimentados por sueños de igualdad, aprovecharon cada momento para fortalecer una de las relaciones más simbióticas en la historia de la música popular.

“Eran músicos comprometidos con su tiempo”, comenta el músico y escritor Gonzalo Planet, “compartían mucho amor y respeto por sus respectivas tradiciones folclóricas, aunque yendo siempre un paso más allá: no son repetidores, sino que logran imponer su propia impronta en base a todas las influencias que había en el aire. Ninguno de ellos cantaba por cantar”.

Yo no canto por cantar

Ni por tener buena voz

Canto porque la guitarra

Tiene sentido y razón

Manifiesto 1974

Una de las escenas más recordadas entre ambos ocurrió durante una huelga de trabajadores en la ciudad minera Sewell. Joan Jara, su viuda, llevó a Víctor en auto hasta la Universidad Técnica, donde saldría el bus. “Mientras esperábamos a que se llenara, me puse a charlar con dos gringos de aspecto hippie que llevaban una guitarra y estaban sentados en la escalinata del campus. Me contaron que quería ir a la mina a fin de expresar su apoyo a los mineros y cantar si era posible algunas canciones para decirles que muchos norteamericanos condenaban la política de gobierno de los Estados Unidos”, escribe Joan en su libro Víctor, un canto inconcluso.

Pero los estudiantes chilenos no confiaron en ellos y les prohibieron subir al autobús. Joan recuerda que “a medida que se desarrollaba la conversación se presentaron como Phil Ochs y Jerry Rubin. Los llevé adonde se encontraba Víctor conversando con los organizadores de la expedición y él intervino para que les permitieran ir con el grupo”.

Bob Dylan con Dave van Ronk

Bob Dylan con Dave van Ronk

Phil pasó todo el día con Víctor y lo acompañó a la mina, donde lo vio cantar y charlar con los mineros. Posiblemente recordó, al ver la sensibilidad y el talento del chileno, sus propias intervenciones artísticas, siempre motivadas por la contingencia. En el año 64, por ejemplo, después de enterarse del asesinato de tres activistas en las manos de Edgar Ray Killen (miembro del Ku Klux Klan), escribió el himno Mississippi, find another country to be part of, en el que describe los anónimos cuerpos que se podían encontrar en el sur de los Estados Unidos.

El autor de When I’m Gone quedó impresionado por la facilidad con que Víctor se relacionaba con los mineros y por cómo éstos respondían ante sus canciones. “Víctor les dio la posibilidad de hablar y cantar unas pocas canciones, haciendo de traductor, y al final todos juntos entonaron la canción de Pete Seeger If I had a hammer (Si tuviera un martillo). Los tres se divirtieron tanto que por la noche, al regresar a Santiago, Víctor los llevó a la peña, donde fueron recibidos calurosamente”, dice Joan.

Pronta a cumplir 90 años, la esposa de Víctor Jara es una de las pocas personas que guardan detalles sobre la amistad, aunque aclara que “solo Phil podría decir, con propiedad, qué impresión le causó Víctor”.

En entrevista con El Mostrador  C+C, Joan se toma su tiempo para recordar, otorgándole peso a cada palabra y desplegando una elegancia que, como toda elegancia auténtica, es siempre discreta. “Para él era increíble haber encontrado a alguien con ese tipo de compromiso, con ese tipo de entusiasmo, con esa sinceridad en lo que hacía. Era como haber encontrado una suerte de hermano estadounidense”.

A fines de 1971, Víctor partió para realizar una larga gira de conciertos por Latinoamérica, “no para promocionarse como cantante, sino en representación de su país. Cantó y habló de Chile al presentar sus canciones en todo tipo de lugares (…) Su entusiasmo era contagioso, al igual que su risa y su sonrisa”, apunta Joan.

El regreso de Phil y el asesinato de Víctor 

Phil continuó su viaje. En 1973 llegó a Tanzania, donde fue atacado por ladrones que dañaron sus cuerdas vocales. Deprimido aun más por haber perdido “su hermosa voz”, se terminó convenciendo que la CIA lo había planeado para frenar su carrera musical.

Más tarde ese año, de vuelta en su país, le comentó a su hermano que en Chile había conocido a un músico: “No te imaginas, aquí no somos nada comparados con él; yo, Bob Dylan y Pete Seeger somos una farsa al lado de Víctor. Él es el verdadero activista político”, le confesó.

“Lo adoraba y admiraba mucho el trabajo que hacía en las poblaciones”, comentó el hermano de Ochs, en el documental There But For Fortune.

Tras el golpe militar en Chile, muchos norteamericanos –entre ellos Phil Ochs- se convencieron que no habían sido solo los militares, sino también la CIA y los Estados Unidos los que, en conjunto, derrocaron el gobierno de Salvador Allende. Muy afectado por la noticia, Phil comenzó a investigar por sus propios medios en qué situación se encontraba Víctor. Tras descubrir la verdad, perdió la cabeza.

“Estaba devastado, no lo podía creer”, recuerda su familia.

La muerte de su amigo era el fin de un camino de tristezas que comenzó con la muerte de John F. Kennedy, el símbolo de la esperanza para muchos norteamericanos que, como Phil, pensaban que a través de la fuerza moral y la persuasión podrían llevar al país a un lugar más progresista. “Nos dimos cuenta que era peligroso embarcarse en cambios sociales”, reflexionó Ochs. Años después, también tuvo que enfrentar la muerte de otras personas que admiraba, como Robert Kennedy y Martin Luther King.

Pero la voz de Ochs era insistente, y quedaban canciones por cantar, así que rápidamente organizó un concierto en beneficio de los refugiados chilenos, “y Phil se encontró con Bob Dylan y le preguntó si le gustaría cantar por nada; si le gustaría cantar para ayudar a los chilenos y aprender lo que pasó en Chile. Y Bob respondió que probablemente iría”, recuerda un amigo de Ochs.

The Friends of Chile Benefit fue el nombre del concierto, realizado en el Madison Square Garden, que vendió todas las entradas con la promesa de que Bob Dylan se presentaría. “Cuando apagaron las luces y ponderé el tamaño del escenario, la vibración de la gente, la calidad de las estrellas, me emocioné muchísimo”, recuerda la senadora Isabel Allende, que entonces tenía 29 años.

La hija del presidente socialista, tan admirado en ese círculo de artistas, tenía en sus manos un discurso que había escrito en honor a su padre: “Pero no lo podía leer porque me dieron una visa condicionada, con prohibición de hablar en público”. Finalmente, fue su amiga Fernanda Navarro la que pronunció sus palabras, donde se denunciaba “la situación dramática que habíamos vivido, las detenciones, las muertes, que esto iba a ser una larga lucha”.

“Todos eran muy alegres, generosos, especialmente Phil Ochs. A él lo vi muy bien, muy entusiasta, muy contento por lo que había hecho… Cuando supe, dos años después, que se había suicidado, no lo podía creer. La imagen que me quedé de él era de alguien muy alegre”, confiesa la senadora, emocionada tras evocar recuerdos que tenía “un poco olvidados”.

Phil leyó el último discurso de Allende y le habló a la audiencia sobre su amigo y la responsabilidad que sentía por “vengar su muerte en honor a su esposa e hija”. Pete Seeger, por su parte, cantó en inglés Somos cinco mil, el último poema de Víctor, escrito horas antes de ser asesinado.

Somos cinco mil

En esta pequeña parte de la ciudad

Somos cinco mil

¿Cuántos somos en total

en las ciudades y en todo el país?

Somos cinco mil 1973

Los recuerdos de Joan Jara

Phil Ochs quería estar con la familia Jara. Antes del concierto, los invitó a compartir una tarde: “Quería conocernos, hacernos sentir su cariño…También nos contó de su experiencia con Víctor, muy emocionado. Él también lo veía como un hermano por ese compromiso que ambos tenían con los trabajadores”, dice Joan.

El 9 de mayo de 1974, Joan entró al Felt Forum del Madison Square Garden, la sala más chica, “pero a mí me parecía gigante”, admite con algo de vergüenza. Acompañada de sus dos hijas y rodeada de 5 mil personas (entre ellas Arlo Guthrie, Dave Van Ronk, Bob Dylan y Dennis Hopper) la escena le parecía “muy extraña”, y por suerte, fue cuidada por su amigo Pete Seeger y su esposa Toshi, quienes “nos rescataron de un ambiente que, en realidad, no era muy consciente, en el sentido de la importancia del evento, y además era muy bohemio para las niñas”.

El olor a marihuana y las botellas de vino, según recuerda, le daban al concierto una atmósfera más rockera en vez de  –como implícitamente intenta expresar la esposa de Víctor– una atmósfera más solemne y respetuosa. “Todos estaban más interesados en escuchar a Bob Dylan, que estaba tan borracho que apenas se podía mantener en pie”, dice.

Joan –a diferencia de Isabel Allende– recuerda que Phil se veía muy angustiado, “siempre con una botellita de cerveza en la mano. Nosotros lo queríamos harto, porque abrió su corazón a nosotros”.

Al igual que la senadora, tenía un texto guardado. Se trataba de un poema escrito por Adrian Mitchell en honor a su esposo, “un poema hermoso con un verso que se repetía, que se repetía…Y Toshi me dijo dámelo a mí, yo se lo entrego a Aldo Guthrie, para que lo cante en el concierto. Era una hermosa cadena de solidaridad”.

Víctor Jara of Chile

Lived like a shooting star

He fought for the people of Chile

With his songs and his guitar

His hands were gentle, his hands were strong

Víctor Jara of Chile 1974

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