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Patrimonio abandonado: Iglesia San Francisco de Curimón ¿Qué has hecho con tu casa?

por 16 mayo, 2019

Patrimonio abandonado: Iglesia San Francisco de Curimón ¿Qué has hecho con tu casa?
El Obispado de San Felipe, en calidad de comodatario de un espacio patrimonial, es el principal responsable de su cuidado y conservación efectiva. Lamentablemente, ya desde antes de los daños severos que el 27F infligió a la estructura de adobe y maderas nobles, se evidenciaba una falta de cuidado del inmueble.
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Zelus domus tuae comedit me (Ps 69)

Con estupor leo el reportaje publicado en El Mercurio, en diciembre de 1968, titulado: “Curimón, reliquia histórica recuperada del olvido”.   En la nota periodística se daba cuenta de la concreción del antiguo anhelo de restauración del templo y convento franciscano, además de anunciar la inauguración de un potente museo colonial.

El reportaje revisaba los atributos de “una de las reliquias históricas más antiguas y valiosas del país”. El convento franciscano de Santa Rosa de Viterbo, instalada en Curimón, fue el epicentro espiritual de una temprana evangelización en el valle central de Chile. Los primeros religiosos habían  arribado cerca del año 1585.

La iglesia y convento erigidos han sufrido con la historia telúrica del país, sobreviviendo a varios terremotos los cuales les han dañado, pero no han logrado echarlos abajo.

Como sabemos, el antiguo poblado de Curimón, ubicado en el corazón del valle de Aconcagua, hunde sus raíces en  el temprano poblamiento de pueblos originarios. Sus fértiles tierras habrían estado bajo dominio de Michimalongo, que se mantuvo al frente pese a la llegada de los señores Incas.

El Obispado el que debe responder por el actual estado de abandono y claro deterioro de las piezas que constituían el Museo Colonial inaugurado en 1968.  La falta de un cabal registro e inventario del Museo, así como la nula acción de cuidado y mantención de las piezas artísticas son pruebas de negligencia inexcusable.

Una vasta red de canales de regadío y de senderos ligados al camino del Inca, serían los vestigios que nos permiten reconocer dicha herencia.

Bajo el dominio hispano, el valle de Curimón pasó a ser parte de la nueva estructura del país, en la cual los pueblos de indios, encomiendas, y luego haciendas, fueron dibujando la geografía  y el carácter de sus habitantes.

El reportaje de El Mercurio comentaba el rol destacado que Curimón y su iglesia tuvieron en la Independencia de Chile. En febrero de 1817 albergó  al ejército libertador en víspera de la Batalla de Chacabuco, cuesta ubicada a unos 20 kilómetros.

La restauración celebrada por el periódico indicaba la inauguración de un Museo Colonial que albergaría a imágenes policromadas o talladas, más de 50 cuadros antiguos, destacándose dos obras pictóricas de la escuela cuzqueña del siglo XVI de 2,30 por 1,40 mts., identificadas como “Adoración de los pastores” y la “Adoración de los Reyes Magos”.

El poblado de Curimón, con su iglesia restaurada y su flamante Museo Colonial, aspiraba a convertirse en un centro turístico internacional, dado su provechosa ubicación en el camino internacional que conectaba al valle de Aconcagua con Mendoza.

El camino a la consagración como un bien patrimonial de carácter nacional se vio confirmado en julio de 1971, cuando el Estado chileno declaró Monumento Histórico a la Iglesia y Convento de Curimón “incluyendo a su entorno urbano”, mediante decreto Nº 1749.  

Durante la década del 90’, este Monumento Nacional pasó a manos del Obispado de San Felipe, el cual lo recibió en comodato, cedido por la Orden Franciscana.

Hoy el espectáculo es desmoralizador. Muros agrietados, pisos carcomidos por las termitas, esqueletos desvencijados de lo que fue una muestra de carruajes, esculturas cubiertas de polvo y pinturas expuestas al deterioro del tiempo.

Las huellas del terremoto del 27 de febrero de 2010 están a la vista, y la propia comunidad las sufre. Las puertas del templo se encuentran cerradas y el culto se oficia en otros espacios. Ya no hay reuniones de niños ni jóvenes, no hay encuentros musicales. Con esfuerzo, los propios vecinos se esmeran en mantener viva la tradición del 4 de octubre, festividad  de San Francisco de Asís.

Para quienes son parte de la comunidad espiritual de esta iglesia, y para todos aquellos que valoramos sus atributos arquitectónicos, históricos y culturales, despierta un sentimiento de desolación al constatar que prácticamente ya no queda sino la sombra de lo que fue  un espacio físico con vitalidad.

Entonces cabe preguntarnos, ¿cómo es que hemos llegado hasta este punto?

Por tratarse de una propiedad privada, cuyo dueño es la Iglesia Católica, es natural sindicarla como la primera responsable de esta situación. Sin embargo, antes creo es justo de justicia revisar las responsabilidades que le caben al propio Estado chileno y a la Municipalidad de San Felipe.

El Estado de Chile, podemos señalar, al no entregar un marco jurídico apropiado para la conservación de bienes patrimoniales, tiene una cuota de responsabilidad en el deterioro y puesta en peligro del patrimonio nacional.  La Ley de Monumentos Nacionales Nº17. 288 de 1970, viene a ser un avance en cuanto a establecer un mínimo marco legal y crea un organismo técnico (el Consejo de Monumentos Nacionales) encargado de declarar monumentos nacionales, catastrarlos, elaborar proyectos de restauración e incluso proponer la adquisición para el estado de bienes culturales en manos de particulares.

Además, en dicha norma nada se habla de subvenciones permanentes a los privados para la conservación de los monumentos nacionales, o de otros estímulos tributarios. Situación que solo se verá tangencialmente corregida con la ley de donaciones culturales de 1990.

Cabe hacer notar que hoy el Estado de Chile está creando una potente institucionalidad  cultural, que concentre y focalice los esfuerzos que, antes diferentes y parceladas instancias acometían.  Presupuestos algo más cuantiosos, profesionales y técnicos preparados y la inclusión en diferentes grados de las comunidades, nos hacen avizorar que el futuro patrimonial sería mucho mejor que el ayer.

Por su parte, el Municipio sanfelipeño tiene una responsabilidad algo mayor, por tratarse de un bien cultural que da sentido e identidad  a la población del margen sur del río Aconcagua. Curimón, Bucalemu, San Rafael, El Bolsón y Tierras Blancas se han desarrollado con el teñir de las campanas del templo franciscano. Sin embargo, los esfuerzos municipales han sido más bien escasos y esporádicos, careciendo de reales políticas y programas de restauración y conservación de la Iglesia y del Museo Colonial.

El dueño de casa

La Iglesia Católica es la propietaria de este bien cultural y en cuanto dueño, más allá de quien lo encarne, Franciscanos y hoy Obispado, tiene las mayores obligaciones y responsabilidades.

Tiene obligaciones para con su comunidad que ha depositado en ella confianza y apego espiritual.  Cientos de niños y jóvenes han crecido disfrutando de las actividades pastorales. Los mayores, con talleres  de oficios. La comunidad en su conjunto hacía teatro, música, paseos a la playa, fiestas vecinales y procesiones.

El Obispado de San Felipe, en calidad de comodatario de un espacio patrimonial, es el principal responsable de su cuidado y conservación efectiva.  Lamentablemente, ya desde antes de los daños severos que el 27F infligió a la estructura de adobe y maderas nobles, se evidenciaba una falta de cuidado del inmueble.

De igual manera, es el Obispado el que debe responder por el actual estado de abandono y claro deterioro de las piezas que constituían el Museo Colonial inaugurado en 1968.  La falta de un cabal registro e inventario del Museo, así como la nula acción de cuidado y mantención de las piezas artísticas son pruebas de negligencia inexcusable.

Además de significar esta falta de aplicación una muestra penosa del desconocimiento de la riqueza cultural que el Museo contenía, representa al mismo tiempo una falta de respeto para con los numerosos donatarios que entregaron pinturas, esculturas, reliquias religiosas y otros bienes patrimoniales al Museo Colonial, confiando que en sus manos estarían a buen recaudo.

Es común encontrar entre los antiguos vecinos de Curimón quienes atestiguan que en el Museo ya no se encuentran varias piezas que ellos vieron en otro tiempo, e incluso recuerdan las palabras del ex Obispo Cristian Contreras señalando que lo único que él esperaba era que la Iglesia se cayera.

En la actualidad, es la comunidad la que ha levantado su voz demandando la restauración del Monumento Nacional abandonado por sus dueños. Desde el Gobierno central y regional, diferentes esfuerzos individuales gestionan recursos para recuperar este ícono de Curimón y del todo el valle de Aconcagua.

Dado el crítico estado actual y la mala gestión que lo ha conducido, parece ser que, el mejor destino de este Monumento Nacional es que sea adquirido por el Estado de Chile y traspasado a la administración del nuevo Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio. Sería este ministerio, y sus órganos dependientes, el mejor dotado presupuestaria y profesionalmente para posibilitar que una futura restauración del conjunto patrimonial tenga mayores probabilidades de éxito y sustentabilidad.

En lo que compete a la acción religiosa, el tempo rehabilitado, puede ser facilitado para el oficio del culto mediante instrumentos acotados los que permitan que los feligreses rehagan sus actividades en la Iglesia de San Francisco.

La administración pública del conjunto cultural Iglesia, Convento y Museo daría mayores garantías para que los objetos, historia y sentido que su comunidad le da, tengan las condiciones para conservarse y difundirse ampliamente para el goce de las generaciones venideras.

Manuel Zúñiga Sandoval. Gestor Cultural

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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