martes, 20 de octubre de 2020 Actualizado a las 03:35

CULTURA|OPINIÓN

Autor Imagen

Crítica a libro “Viajes” de Alberto Cecereu: la casa se va quedando sola 

por 25 septiembre, 2020

Crítica a libro “Viajes” de Alberto Cecereu: la casa se va quedando sola 
  • Compartir
  • Twittear
  • Compartir
  • Imprimir
  • Enviar por mail
  • Rectificar

“Yo: todo aquello al olvido: el desastre”, fragmento del libro.

Pienso en Ícaro y es un pensamiento inquietante. Pienso en un Ícaro sin alas, sin cera o plumas, o sea, un Ícaro de la tierra, de ciudades y casas. Un Ícaro de barrios, de calles, de territorios propios y familiares. Un Ícaro que comienza a despedirse, a deshabitar los espacios que antes le fueron propios y coloridos. Así como un Ícaro es el poemario Viajes (Editorial Buenos Aires Poetry, 2019) de Alberto Cecereu.

“La veo / veo como la / casa se va quedando sola”.

“Me han expulsado del paraíso / y solo me queda la comida de los perros”. 

Hay templanza, una observación distante y algo desapasionada, como si el hablante lírico nos quisiera decir que el despojo es necesario, hasta indispensable. Pese a esto, la casa personifica un ayer que está ahí, coqueto, llamando, invitando “a los recuerdos”, lleno de fantasmas y telarañas, susurrando “en el olvido”.  

“Seguían pasando los autos por las calles/ y esa vez no alcanzamos a mirar la magnolia de la casa/ [antigua”.

Memorias. La memoria duele. Claro que duele. Un pequeño paraíso orquestado en gestos, palabras y, cómo no, poesía. Anhelos varios, distancias cortadas, y una cierta sensación de engalanarse en la simpleza de un breve instante. Brevísimo.  

“Conjeturamos que el miedo no existía / y por eso atravesamos el desierto de la abundancia / esos días”.

“Siempre esperamos el verano / para huir de la ciudad ataviada”. 

¿Y qué queda? Adviene el silencio y quizá el vacío. Como la vida. Como la vida que reconoce que en todo límite se haya un desequilibrio, un sinuoso tambaleo en la cuerda floja. Y así la interrogamos, con miedo, con ilusión, con fragilidad. La interrogamos para saber que a la larga todo es inasible. Imposible.  

“¿Qué nos pasa? ¿qué nos sucedió? / ¿cuál es la imagen de los colores cayendo desde la tarde? / ¿cuál será el panorama de domingos veraniegos? / ¿qué será de los gemidos entre las paredes?”. 

“¿Los poetas? / lágrimas del viento”.

A diferencia de “El delirio”, Cecereu se desprende de una retórica altisonante, estruendosa, liberada en el decir, con desparpajo. Aquí, en cambio, nos encontramos con un dulzor distinto, extraño, lento. Un hálito luctuoso que atraviesa este poemario, a pesar de algunos pétalos de entusiasmo, como cuando declara que “seamos escribas de la nueva historia”. Como si este Ícaro terrestre antes de cualquier derrota o naufragio necesitara detenerse, respirar, armarse de valor. Envalentonarse.  Pero, como nos advierte el autor, “los dioses se hicieron mortales”. E Ícaro, mortal exquisito, caerá. 

Solo prevalece la mudanza, al fin y al cabo. 

Partir y quizá nunca volver. 

Viajes. Cecereu, Alberto, Editorial Buenos Aires Poetry. 2019. 60 páginas. 

 

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

Más información sobre El Mostrador

Videos

Noticias

Blogs y Opinión

Columnas
Cartas al Director
Cartas al Director

Noticias del día

TV