miércoles, 13 de noviembre de 2019 Actualizado a las 10:44

OPINIÓN

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¿Por qué el Plan Impulso Araucanía podría fracasar?

¿Por qué el Plan Impulso Araucanía podría fracasar?
Existe suficiente evidencia acumulada que muestra cómo las reformas o programas de exenciones tributarias (reducción de impuestos) a compañías o empresas mejoran la inversión, pero no generan redistribución de ingresos y, por el contrario, no existe evidencia empírica que demuestre el éxito de este tipo de programas. Además, los empresarios que se beneficien del plan, no tienen ninguna responsabilidad asociada a los resultados. Es decir, si el plan resulta o no, les dará exactamente lo mismo, pues el plan no establece sanciones o multas si no se logran los objetivos que este propone.
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El asesinato de Camilo Catrillanca el 14 de noviembre por policías del Comando Jungla, entre otros efectos, ha puesto en tela de juicio la principal apuesta del gobierno para la Araucanía: el Plan Impulso. Entre otras aristas, el debate se ha centrado en cómo la pérdida de capital político y deslegitimación del ejecutivo, dificultarán el proceso de implementación del plan y, por ende, los resultados que éste se propone.

Sin embargo, escasa atención se ha prestado a los fundamentos teóricos y técnicos de la propuesta y que, desde nuestro punto de vista, ponen en entredicho el real alcance del Plan Impulso. El objetivo de esta columna está puesto en este último punto, y analiza los fundamentos teóricos y técnicos del Plan Impulso, las graves deficiencias que existen para evaluar su impacto, en particular la carencia de un sistema de rendición de cuentas vinculado a los incentivos tributarios que van a recibir las empresas.

A partir de lo anterior, sostenemos que el Plan Impulso Araucanía fracasará porque la experiencia internacional demuestra que este tipo de programas no genera redistribución. Además, al no existir un sistema de rendición de cuentas, no tenemos cómo evaluar los resultados, ni definir quién se hará responsable si no se logran los objetivos propuestos.

Por otra parte, no existe un mecanismo claro, ni indicadores medibles de cómo se evaluará el Plan Impulso Araucanía. Es decir, no sabemos cómo se medirá si se cumplieron o no los objetivos del plan. Por ejemplo, ¿cómo se medirá si mejoró o no el “desarrollo integral e inclusivo para la región” a partir de la implementación del plan?. En relación al incentivo tributario para aumentar la inversión en la región, se espera un “aumento en el crecimiento del PIB regional cercano a 1% durante los años que este vigente la medida”. ¿Pero qué significa cercano al 1%?, ¿se aceptará  un crecimiento del PIB regional de 0.8%, 0.1% o 0.001%?. Además, ¿qué sucederá si no se logra este crecimiento?, ¿los inversionistas devolverán el dinero que no pagaron en impuestos?

En primer lugar, existe suficiente evidencia acumulada que muestra cómo las reformas o programas de exenciones tributarias (reducción de impuestos) a compañías o empresas mejoran la inversión, pero no generan redistribución de ingresos. Por ejemplo, la industria forestal que se benefició con exenciones tributarias a través del decreto ley 701 (1974), recuperó su inversión y capitalizó sus ganancias, pero no  mejoró las condiciones de vida de la población. Por el contrario, la expansión de la industria forestal ha estado asociada al aumento de la pobreza en el sur de Chile (ver paper “More Trees, More Poverty? The Socioeconomic Effects of Tree Plantations in Chile, 2001–2011”).

Segundo, si el Plan Impulsa llegase funcionar, no podremos saberlo, pues no existe un sistema que evalúe el éxito o fracaso del plan y quiénes serán responsables si los resultados no se cumplen. Por ello cuando termine el plan el año 2026, su evaluación será un simple acto de fé. Como no habrá evidencia, quienes rechazaron el plan desde un inicio dirán que no funcionó; y quienes lo defienden, dirán que fue un éxito. Sin embargo, no habrá evidencia para apoyar o rechazar ninguna de estas posturas, y eso es peligroso.

Aunque se trate de dos propuestas diferentes, el Plan Impulso Araucanía comparte los mismos supuestos de la reforma tributaria implementada por Donald Trump en Estados Unidos, propuesta basada en la teoría denominada “Trickle-down economics”. La reforma de Trump implicó la mayor rebaja de impuestos que han experimentado las compañías en los últimos 30 años. El argumento ha sido que al reducir los impuestos, va a existir mayor inversión y los empresarios al aumentar sus utilidades, van a reinvertir y a mejorar los salarios de sus trabajadores. Sin embargo, reformas similares implementadas por Reagan (1980) y Bush (2000), sólo sirvieron para que las compañías ganarán más dinero, sin reducir el desempleo o la desigualdad.

Por otra parte, no existe un mecanismo claro, ni indicadores medibles de cómo se evaluará el Plan Impulso Araucanía. Es decir, no sabemos cómo se medirá si se cumplieron o no los objetivos del plan. Por ejemplo, ¿cómo se medirá si mejoró o no el “desarrollo integral e inclusivo para la región” a partir de la implementación del plan?. En relación al incentivo tributario para aumentar la inversión en la región, se espera un “aumento en el crecimiento del PIB regional cercano a 1% durante los años que este vigente la medida”. ¿Pero qué significa cercano al 1%?, ¿se aceptará  un crecimiento del PIB regional de 0.8%, 0.1% o 0.001%?. Además, ¿qué sucederá si no se logra este crecimiento?, ¿los inversionistas devolverán el dinero que no pagaron en impuestos?

Quienes trabajan en instituciones públicas en Chile, saben que en éstas existen metas de desempeño que las obligan a lograr indicadores. A los consultorios se les demanda un cierto número de atenciones, a las escuelas que aumenten el nivel de logro en SIMCE, a las universidades que publiquen más papers en revistas indexadas. Si no se cumplen las metas, hay consecuencias serias para las instituciones y sus funcionarios. Incluido el despido o para el caso de las escuelas, su cierre.

Este tipo de sistema se conoce como “sistema de rendición de cuentas” (accountability), y en Chile se aplica a casi todas las instituciones públicas o que reciben fondos públicos. Sin embargo ¿cuál es el sistema de rendición de cuentas que medirá a los inversionistas que accedan al incentivo tributario? ¿El Plan Impulso contempla un sistema de rendición a los empresarios del rubro forestal, inmobiliario, agrícola, turístico o energético que serán beneficiados? No, no existe. Los empresarios no se responsabilizarán por el fracaso de los objetivos propuestos por el Plan Impulso, sólo capitalizarán sus ganancias y socializarán sus pérdidas, sin hacerse cargo de los resultados de la propuesta. Si el plan no resulta, no devolverán el dinero que no pagaron en impuestos, pues tal como el decreto de ley 701, el Plan Impulso no hace a los empresarios responsables de nada.

En síntesis, el Plan Impulso Araucanía estaría destinado al fracaso porque no existe evidencia empírica que demuestre el éxito de este tipo de programas. Además, los empresarios que se beneficien del plan, no tienen ninguna responsabilidad asociada a los resultados. Es decir, si el plan resulta o no, les dará exactamente lo mismo, pues el plan no establece sanciones o multas si no se logran los objetivos que este propone.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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