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Ciberantropóloga Amber Case en Congreso Futuro: “Todos llevamos un agujero de gusano en el bolsillo”

por 15 enero, 2019

Ciberantropóloga Amber Case en Congreso Futuro: “Todos llevamos un agujero de gusano en el bolsillo”

Koji Furukawa

Como todo cientista social que estudia al ser humano, Case observa a las personas, pero su trabajo de campo va más allá. Se dedica a estudiar nuestra participación en las redes digitales, analizando las diversas formas en que proyectamos nuestras personalidades, nos comunicamos, trabajamos, jugamos, compartimos ideas e incluso formamos valores. Al Depender de plataformas digitales como celulares y llevarlas a todas partes es como "tener una especie de tiempo simultáneo. Vivimos en múltiples zonas horarias a la vez, cada una con su propio tiempo”, dice Case. "Eso nos hace cyborg".
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Amber Case es una de las mujeres más influyentes en lo que respecta a la tecnología. Es más, se considera a sí misma una cyborg. “La idea de la palabra cyborg no remite a Terminator o a Robocop, sino que cada vez que uno está utilizando un dispositivo electrónico se convierte en un robot”, dice la ciberantropóloga, quien será protagonista de una charla magistral el próximo viernes 18 de enero a las 10:30 hrs. en el marco del Congreso Futuro 2019.

Desde 1993, Case ha estudiado las interacciones simbióticas entre humanos y máquinas y evalúa de qué modo nuestros valores y cultura están siendo moldeados por vidas cada vez más mediadas por la alta tecnología.

La intensificación de la interfaz humano-tecnología reducirá rápidamente la distancia entre el individuo y la comunidad: “La convergencia de las tecnologías provocará un rápido aprendizaje y comunicación sin precedentes”, propone Case.

Todos somos cyborgs

El término “cyborg” proviene de un artículo de 1960 sobre viajes espaciales, se utilizó para describir a seres humanos cuyos cuerpos se modificaron con tecnologías que les permitieran sobrevivir y adaptarse a nuevos entornos.

La tecnología nos está haciendo evolucionar, señala Amber Case, a medida que miramos pantallas y seguimos haciendo clic. Hoy en día dependemos de los “cerebros externos” (los teléfonos celulares y las computadoras) para comunicarnos, recordar e incluso para vivir vidas secundarias.

Todos llevamos un agujero de gusano en el bolsillo

El padre de Case solía leerle cuentos para dormir. Una noche, le mostró un papel donde había dos puntos y le preguntó cuál era la distancia más corta desde el punto A hasta el punto B. “Una línea recta”, respondió Amber. “Hay una distancia aun más corta”, le explicó su padre. Y dobló el papel para que los dos puntos se tocaran: “Es la idea de un agujero de gusano. El tiempo y el espacio comprimidos (...). Me dijo esto cuando tenía 4 o 5 años, y yo lo pensaba cada noche”, recuerda la antropóloga.

La científica aclara que el agujero de gusano es más bien una extensión mental, al igual que la escritura o cualquier otro desarrollo mental. “Es la idea de llevar con nosotros [dispositivos móviles] a todas partes, terminamos teniendo una especie de tiempo simultáneo. Vivimos en múltiples zonas horarias a la vez, cada una con su propio tiempo”, señala.

Otro de los puntos que Case usa como argumento para afirmar que en nuestra vida diaria constantemente actuamos como cyborgs, es una dependencia con la tecnología que se expresa en una fuerza irrefrenable que nos obliga a atenderla, al igual que la adicción. “Plataformas sociales como Facebook, WhatsApp, Instagram, entre otros, pueden interrumpirnos en cualquier momento. No saben que estamos disfrutando de una comida, pero sentimos la necesidad de mirar el teléfono”.

Menos tiempo para pensar en uno mismo

“Hay mucho menos tiempo para reflexionar”, manifiesta Case al recalcar que, en cualquier tiempo de inactividad o momento de pausa que tenemos, inmediatamente estamos mirando nuestros teléfonos.

La antropóloga cyborg define a los teléfonos celulares como “los nuevos cigarrillos, pero los cigarrillos pueden ser un poco más sociales”. Investigaciones han comprobado que una llamada o un mensaje de voz estimulan la dopamina. A medida que pasamos de las conversaciones de voz a la atención parcial continua (según lo propuesto por Linda Stone), perdemos la capacidad de sentarnos con nosotros mismos y desarrollar el ser interior.

Case apunta a que debemos asegurarnos de tomar descansos de la tecnología. “El momento de enamorarse, ver una puesta de sol o comer con la familia es tiempo de calidad que está en riesgo cuando es interrumpido por nuestros dispositivos”.

Tecnología y humanidad coevolucionaron

Toda la tecnología ha evolucionado como una herramienta para ayudar a amplificar nuestro trabajo. La mayoría de las herramientas fueron construidas por individuos a escala humana. Un carpintero tiene herramientas especiales y trabaja con ellas, ejemplifica Case.

“Cuando sucedió la Revolución Industrial, comenzamos a ser esclavos de las herramientas de una manera múltiple. La escala humana fue eliminada, y perdimos contacto con la humanidad. Ahora usamos los teléfonos y otras tecnologías para ayudarnos cuando nos sentimos solos, pero olvidamos que son herramientas para amplificar nuestra creatividad”, declara la antropóloga.

“La mayor parte de esta nueva tecnología llama cuando no la estamos utilizando. Me gustaría ver una tecnología que está ahí cuando la necesitamos, pero se calma cuando no la necesitamos”. Estas son las ideas detrás del principio de calm technology o “tecnología tranquila”.

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