miércoles, 23 de octubre de 2019 Actualizado a las 02:36

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El resurgir del PSOE: algunas lecciones para el socialismo chileno

El resurgir del PSOE: algunas lecciones para el socialismo chileno
El camino de los partidos socialistas, laboristas y socialdemócratas no es otro que el propio socialismo que los hizo nacer, es decir, reafirmar su identidad. Respecto al caso chileno, el PSCh debe reafirmar su histórico compromiso democratizador, es decir, transformador de las condiciones materiales para avanzar hacia la construcción de una sociedad efectivamente igualitaria.
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En las pasadas elecciones generales españolas, el centenario Partido Socialista Obrero Español (PSOE) logró dos objetivos claves: ganarlas, haciéndose de la mejor posición para la formación del próximo gobierno, con Pedro Sánchez a la cabeza; y, a la vez, propinarle la derrota más significativa que ha tenido la derecha en las últimas décadas, en la cual marginalizó al extremismo de ese sector. Por cierto, esta hazaña no puede explicarse monocausalmente, ni exportarse a otras realidades; sin embargo, en este proceso, dicho partido y su líder fueron capaces de implementar una estrategia de la cual debiera tomarse nota de cara a los desafíos futuros del socialismo chileno.

El PSOE es el partido que más ha gobernado España desde el establecimiento de su régimen democrático actual, en tres períodos distintos: de 1982 a 1996, de 2004 a 2011 y de 2018 a 2019; a ello hay que sumarle su presencia territorial en los distintos niveles de gobierno que existen en el estado de las autonomías. En suma, se trata de un partido que ha sabido ser exitoso electoralmente, gobernar de forma estable y viabilizando sus programas, cumpliendo un rol modernizador de la sociedad española. Sin embargo, entre el 2011 y la última elección había sufrido la peor debacle de su historia, perdiendo el gobierno, votos, escaños y militantes.

Dicha debacle ha sido estudiada y medida, siendo sus principales factores el costo de gobernar la crisis económica del 2008 y haber adoptado políticas económicas contrarias a su discurso e incomprensibles para su electorado; el surgimiento de nuevos actores políticos que le quitaron votantes; la pérdida de credibilidad ideológica y, como consecuencia, de sus líderes.

Si bien con Rodríguez Zapatero se había iniciado un proceso de renovación generacional y de abandono de las tesis de la denominada “tercera vía”; el primero fue dirigido por la antigua élite partidaria, es decir, “desde arriba”; mientras que el segundo fue desmentido en los hechos por las políticas (de inspiración neoliberal, orientadas por el consenso impuesto desde Bruselas) que implementó luego de la crisis económica de 2008. Este último factor fue decisivo: en los años sucesivos se perdió la mitad de la votación, de la cual parte importante no volvió a acudir a las urnas en años o terminó traduciéndose en apoyos al emergente Podemos.

Ante este escenario, ¿qué acciones emprendió Pedro Sánchez y su partido que resultan interesantes de destacar? Como hemos dicho, las causas son múltiples, pero nos interesa subrayar dos líneas de acción concretas: primero, volvió a recuperar electorado de izquierda y moderado, haciendo su discurso social creíble y entendiéndose con las izquierdas para impulsarlo; segundo, impulsó un recambio generacional, del cual es el principal exponente.

El giro a la izquierda está constituido, a su vez, por varios elementos: se impulsa e implementa un programa social fuera de las coordenadas de la “Tercera Vía”, el aumento histórico del sueldo mínimo y los presupuestos con un marcado acento social son los mejores ejemplos; se asumen demandas del movimiento feminista español; y se privilegia el entendimiento político con las diversas izquierdas, entre otras. Su electorado volvió a ver que la palabra “socialismo” significaba lo que entendía por tal.

Por otro lado, también aconteció un marcado recambio generacional, pasando a primera línea a jóvenes y mujeres que asumieron vocerías y candidaturas. Todo esto, en un proceso de movilización de todo el aparataje partidario, comprometido con el nuevo líder - a quien habían conocido antes, cuando recorrió cada rincón del país, quedándose en las casas de sus compañeros y compañeras – quien pudo derrotar a la que había sido designada “desde arriba”, por los antiguos “barones”, como la heredera.

Aunque Chile no es España, y el socialismo local tiene su propia y rica tradición que se enraíza con las características propias del pueblo chileno y su historia, la experiencia de lo acontecido con el PSOE resulta útil para reflexionar sobre los desafíos futuros del Partido Socialista de Chile (PSCh).

En primer lugar, pareciera ser que el camino de los partidos socialistas, laboristas y socialdemócratas no es otro que el propio socialismo que los hizo nacer, es decir, reafirmar su identidad. Por cierto, ello significa ofrecer un programa consistente con aquello, con un marcado acento en políticas públicas redistributivas y protectoras de la clase trabajadora, en especial, por los más postergados de la globalización. En específico, respecto al caso chileno, el PSCh debe reafirmar su histórico compromiso democrático y, por sobre todo, democratizador, es decir, transformador de las condiciones materiales para avanzar hacia la construcción de una sociedad efectivamente igualitaria.

Por otro lado, no basta la mera promesa coherente con la identidad. Es necesario, además, ser capaz de dar garantías de materialización efectiva, sin “matices” que desfiguren los objetivos. En otros términos, hace necesario un entendimiento con todas aquellas fuerzas democratizadoras que hagan viable un gobierno capaz de implementar, con garantías de gobernabilidad, un programa transformador al servicio de las mayorías. El camino para instalar ese programa debe permitir reencontrarse con los sectores de la sociedad que han impulsado el devenir histórico del socialismo democrático: la clase trabajadora, minorías étnicas y sexuales, feministas, pueblos originarios y todas y todos los excluidos. Es decir, la construcción debe hacerse desde abajo, desde los territorios, en sintonía con movimientos y organizaciones sociales.

En el caso chileno, lo anterior se materializaría en insistir con la necesidad de reimpulsar el proceso constituyente, que permita alcanzar una nueva constitución democrática en su contenido y gestación, la cual no impida, sino que permita las bases de una sociedad efectivamente igualitaria. Junto con lo anterior, dicho programa debe contener seguridades ante un mundo de incertezas: se debe apostar por la creación de un robusto sistema de protección social, detener las nuevas formas de precarización laboral, impulsar medidas para reequilibrar las relaciones entre el capital y el trabajo, fortalecer la educación pública y avanzar hacia un sistema tributario redistributivo y que permita financiar de forma responsable las necesidades sociales. Pero también deben asumirse los nuevos desafíos, como el cambio climático y la protección del medio ambiente: el sistema económico no solo genera desigualdad, sino que también pone en riesgo el propio planeta y, con ello, la sobrevivencia misma de la humanidad.

El socialismo democrático también debe asumir el feminismo como una expresión inherente a su compromiso histórico con la libertad y la igualdad efectiva. Solo así se logrará una sociedad en la cual todos los talentos puedan ser desarrollados y libremente expresados, de manera que la inclusión real de todas las personas, sin importar su sexo, orientación sexual o identidad de género, sea una potente herramienta para impulsar el desarrollo.

En segundo lugar, el PSCh requiere de un fuerte impulso de renovación generacional. Este debe ser igualitario e igualante, es decir, permitir que sean los talentos, el compromiso ético militante y la vinculación con la realidad territorial los que determine ese proceso, pero cuidando que no se reproduzcan condicionantes sociales que impiden de facto la igualdad, por ello es necesario impulsar, especialmente, la participación de mujeres y minorías postergadas.

Lo anterior no implica, por cierto, incurrir en una efebocracia interna, por el contrario, la experiencia de las generaciones anteriores debiera crear nuevos espacios de interacción, de intercambio y de creación de solidaridad socialista. El PSCh ha vivido diversos momentos del país, desde el gobierno, la oposición o la resistencia, con aciertos y errores, luces y sombras; esto permite que la experiencia política previa sea uno de sus más ricos instrumentos. En efecto, la combinación de lo mejor de nuestros cuadros históricos, cuadros emergentes y cuadros nuevos debe ser la tónica para afrontar los próximos desafíos.

En suma, el riesgo del aumento de la extrema derecha entre los sectores populares debe alertarnos y, ahí, el camino pareciera ser uno: un profundo recambio generacional en el cual el PSCh se reencuentre del todo con el socialismo chileno.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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