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Ley Nacional del Cáncer: una promesa incumplida

por 21 junio, 2019

Ley Nacional del Cáncer: una promesa incumplida
El problema que tiene el Presidente Piñera es que quedó preso de su promesa al firmar la ley y no preocuparse de que esta tuviera asociados los recursos necesarios para su correcta implementación. Seamos claros, la Ley Nacional del Cáncer sin recursos es letra muerta y así se lo planteamos al exministro Emilio Santelices, durante la discusión de las indicaciones en la comisión de Salud del Senado y así también se lo diremos al nuevo ministro Mañalich cuando asista al Congreso. De la decepción vamos a pasar a la acción. Las redes de pacientes a lo largo de todo Chile se sienten engañadas y así lo han hecho saber a través de las redes sociales y la intención es volver a las calles, si es que el Gobierno sigue sin cumplir aquello que prometió.
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Esta semana el recién asumido ministro de Salud, Jaime Mañalich, debutó en su cargo siendo fiel al estilo que ya le conocemos. Cual elefante irrumpiendo en una cristalería, no dudó en tildar a las agrupaciones de pacientes y a los senadores de oposición –que hemos pedido que la Ley Nacional del Cáncer cuente con financiamiento permanente– de “ignorantes”.

Más allá de lamentar el tono de declaraciones que más bien parecen una cortina de humo, lo que reflejan las palabras del secretario de Estado es que el Gobierno no tiene la voluntad política de cumplir la promesa que el Presidente, Sebastián Piñera, les hizo a las y los pacientes de cáncer y sus familias cuando firmó –en diciembre del año pasado– el proyecto de ley, en una ceremonia con bombos y platillos realizada en el Salón Montt Varas de La Moneda. Muchos de quienes lo aplaudieron en aquella oportunidad, como el doctor Claudio Mora, ya no están con nosotros.

La realidad es que tres personas mueren cada hora en Chile debido a un cáncer y al menos una de ellas se podría salvar si la ley –que técnicamente está bien diseñada– contara con los recursos que se requieren. En este sentido, se ha tratado de confundir desde el Ejecutivo, lanzando al ruedo una serie de cifras y mecanismos poco claros, cuando lo que se requiere es muy simple: un informe financiero asociado a la ley.

Según todos los expertos, probablemente el próximo año el cáncer se convertirá en la primera causa de muerte en nuestro país y, de hecho, ya lo es en seis regiones. Esta patología llegó para quedarse y resulta incomprensible que el Presidente Piñera, que dijo que iba a proteger a la clase media, se tarde tanto en autorizar los recursos permanentes para una enfermedad que puede llevar a una familia promedio a la ruina económica.

¿Con cuántos recursos cuenta hoy la ley? Lo que hemos logrado que quede por escrito actualmente son $20 mil millones destinados a equipamiento y $54 millones para implementar un registro de pacientes. ¡Nada más! Sabemos, además, que se requieren en 8 años $310 mil millones para la ejecución de la red de centros oncológicos, los que quedarán solo en anuncio si no se aseguran los recursos para su ejecución. Pero lo más importante que queda por garantizar son aquellos tratamientos de cáncer que hoy no se garantizan ni por la vía del Auge ni por la Ley Ricarte Soto, como el de pulmón o páncreas, por ejemplo.

Solo como referencia, en la Ley Ricarte Soto dejamos en forma permanente $100 mil millones anuales.

Probablemente no vamos a lograr el ideal, pero sí aspiramos a un piso de financiamiento que podrá ser complementado por los gobiernos regionales y aportes privados. Para un país con el nivel de ingresos de Chile, son perfectamente abordables las cifras señaladas.

Pero si el Gobierno estima que la situación económica no da el margen necesario, le hemos propuesto vías alternativas de financiamiento.

Hace un par de semanas, junto a la presidenta de ACHAGO (Asociación Chilena de Agrupaciones Oncológicas), Piga Fernández, presentamos un proyecto que eleva los impuestos al tabaco, el alcohol y los alimentos altos en azúcares. Si el Gobierno tiene otros mecanismos, bienvenidos sean, pero pongan las propuestas sobre la mesa, que es algo que aún no han hecho.

El problema que tiene el Presidente Piñera es que quedó preso de su promesa al firmar la ley y no preocuparse de que esta tuviera asociados los recursos necesarios para su correcta implementación. Seamos claros, la Ley Nacional del Cáncer sin recursos es letra muerta y así se lo planteamos al exministro Emilio Santelices, durante la discusión de las indicaciones en la comisión de Salud del Senado y así también se lo diremos al nuevo ministro Mañalich cuando asista al Congreso.

No niego que toda esta situación decepcionó a las agrupaciones de pacientes y a quienes hemos acompañado ese proceso de empoderamiento ciudadano, que se vio plasmado en las calles durante la multitudinaria marcha que hicimos el año pasado en Santiago y varias ciudades del país, porque lo que hay detrás no es algo improvisado, sino un trabajo serio de mucho tiempo y que, creímos, había culminado en la ceremonia en La Moneda.

Pero de la decepción vamos a pasar a la acción. Las redes de pacientes a lo largo de todo Chile se sienten engañadas y así lo han hecho saber a través de las redes sociales y la intención es volver a las calles, si es que el Gobierno sigue sin cumplir aquello que prometió.

Según todos los expertos, probablemente el próximo año el cáncer se convertirá en la primera causa de muerte en nuestro país y, de hecho, ya lo es en seis regiones. Esta patología llegó para quedarse y resulta incomprensible que el Presidente Piñera, que dijo que iba a proteger a la clase media, se tarde tanto en autorizar los recursos permanentes para una enfermedad que puede llevar a una familia promedio a la ruina económica.

Con una evaluación ciudadana a la baja, es evidente que en este tema el Gobierno tiene un problema que resolver. Nosotros estaremos dispuestos a colaborar en lo que sea, pero sobre la base de propuestas concretas. Esta discusión nos plantea un dilema ético que tiene que ver con el cáncer, pero también con el tipo de sociedad que queremos construir para el futuro de nuestros hijos e hijas.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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