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El mito refundacional: ¿la segunda transición o revolución de octubre?

por 8 enero, 2020

El mito refundacional: ¿la segunda transición o revolución de octubre?
La transición, como mito (re)fundacional es una construcción social que funciona para “transigir con la historia y restablecer, en el plano del sistema, un estado de equilibrio en el seno del cual van a amortiguar las sacudidas más reales provocadas por los acontecimientos”. Es así como, a partir de este discurso, se propone un “nuevo trato” en virtud de los valores que se le han asignado a la transición en las últimas décadas.
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Así como la centroizquierda reforzó el mito fundacional de Chile a partir de la “épica” recuperación de la democracia mediante el plebiscito de 1988 y el triunfo en las elecciones el año siguiente, la centroderecha ha intentado lo mismo en estas semanas al hablar de una segunda transición para el país. En su columna en The New York Times hace unas semanas, el Presidente Sebastián Piñera mencionó la oportunidad de “liderar una nueva transición hacia una sociedad más justa e igualitaria, donde el progreso y el desarrollo sean más inclusivos y sostenibles". Y de paso quitó espacio al discurso “revolucionario” para describir y explicar el contexto nacional.

En gran parte de su biografía política, el Mandatario ha utilizado el simbolismo de la transición. En su primer discurso en marzo 2018 desde el palco de La Moneda, se refirió a “la nueva transición, aquella que nos va a conducir hacia un Chile desarrollado y sin pobreza”. Esto también lo hemos constatado en su reiterada visita a las figuras de Eduardo Frei Montalva y Patricio Aylwin, como actores claves en los procesos de consenso y acuerdo, el primero en el período constitucional y plebiscitario de los 80 y el segundo en el retorno a la democracia. Con el último, incluso, ha sido muy reiterativo y en su última cuenta pública citó el mensaje que entregó el 21 de mayo de 1990.

En su rol social, el mito considera adherir a determinados valores, da respuestas a preguntas y entrega justificaciones a comportamientos y costumbres que se adoptan, con una fuerza organizadora de la vida en comunidad, dice Georges Burdeau. Las sociedades crean sus mitos, porque les generan cohesión social en torno a los principios que representan. Hoy vemos en la política, en las calles y en el mercado simbólico cultural una disputa de instalaciones mitológicas. ¿En el futuro hablaremos de la “nueva transición” o la “revolución de octubre”?

Este relato del oficialismo también ha permeado a la misma oposición. El domingo pasado, el senador Felipe Harboe (PPD) habló de la necesidad de una “nueva transición” para resolver el estallido social.

Lévi-Strauss –tomado de Pedro Gómez García– sostiene que la función del mito en una sociedad es resolver o disimular las asimetrías estructurales entre quienes la conforman, proponiendo un “modelo lógico para resolver una contradicción” entre sus miembros. De esta manera, la transición, como mito (re)fundacional es una construcción social que funciona para “transigir con la historia y restablecer, en el plano del sistema, un estado de equilibrio en el seno del cual van a amortiguar las sacudidas más reales provocadas por los acontecimientos”. Es así como, a partir de este discurso, se propone un “nuevo trato” en virtud de los valores que se le han asignado a la transición en las últimas décadas.

A partir de esto también se entiende la figura del “enemigo poderoso e implacable”, pues en la construcción mítica se necesita aplicar reglas de oposición y enfrentamiento. En este contexto, para el Ejecutivo es pasar de una disputa entre quienes concentran el poder formal y el pueblo en su amplio concepto, a un conflicto entre quienes aspiran a un proceso de restauración y reintegración social y democrática –transitar de una destrucción a una construcción– con aquellos que no, con figuras heroicas y villanas en disputa.

Esto último está representado no solo en la narrativa institucional del Ejecutivo y de los medios de comunicación masivos, sino también en la que circula en la misma manifestación social. Pese a su aparente carácter inorgánico y con alto grado de espontaneidad, a la “primera línea” y a íconos culturales –un perro y varios corpóreos– se les asignan valores míticos y románticos que resultan entendibles en la disputa mitológica. Incluso, en este mismo medio, recientemente un columnista realizó la analogía del estallido de octubre 18 con la Revolución Francesa, a partir de constructos míticos.

En su rol social, el mito considera adherir a determinados valores, da respuestas a preguntas y entrega justificaciones a comportamientos y costumbres que se adoptan, con una fuerza organizadora de la vida en comunidad, dice Georges Burdeau. Las sociedades crean sus mitos, porque les generan cohesión social en torno a los principios que representan. Hoy vemos en la política, en las calles y en el mercado simbólico cultural una disputa de instalaciones mitológicas. ¿En el futuro hablaremos de la “nueva transición” o la “revolución de octubre”?

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