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La Amazonía y la cruzada socioambiental del Papa

por 10 marzo, 2020

La Amazonía y la cruzada socioambiental del Papa
La visión del Papa es teológica. El planeta, y la Amazonía en particular, no pueden considerarse “un bien sin dueño” (LS 89). Dios es el creador de un mundo constituido por un tejido de relaciones en el cual todo está relacionado con todo. Esta tesis teológica sustenta “el principio de la subordinación de la propiedad privada al destino universal de los bienes”. El “derecho universal” de uso de los bienes de la tierra, es “una ‘regla de oro’ del comportamiento social y el ‘primer principio de todo el ordenamiento ético-social’” (LS 93). Dado que el planeta Tierra pertenece a Dios, ha de ser compartido por todas sus creaturas, animales y humanas, vegetales y minerales.
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En febrero Jair Bolsonaro y el Papa Francisco, dos pesos pesados, probaron los guantes. Francisco habló de “nuestra Amazonía”. Bolsonaro sostuvo que la Amazonía es de Brasil. Estas posturas se expresaron con motivo de la publicación de la exhortación apostólica Querida Amazonía. En esta el Papa continúa su cruzada, comenzada con Laudato si’ (2015), contra los causantes del desastre ecológico mundial en curso.

Está claro que este Papa no ha sido del gusto de quienes, llevados por la codicia, devastan el planeta. Francisco combate un tipo de desarrollo económico basado en la maximización de las ganancias y en mercados políticamente desregulados. El modelo actual de desarrollo que rige en el mundo, piensa el papa Bergoglio, “no puede considerarse desarrollo” (LS 94). Lo que gatilla la redacción de Querida Amazonía ha sido que, según el mismo Francisco, “los intereses colonizadores que expandieron y expanden –legal e ilegalmente– la extracción de madera y la minería, y que han ido expulsando y acorralando a los pueblos indígenas, ribereños y afrodescendientes, provocan un clamor que grita al cielo” (QA 9). ¿No es este, acaso, el problema que también los chilenos tenemos en La Araucanía?

En esta exhortación apostólica, Francisco da otra vuelta de tuerca a la idea de que la degradación medioambiental y la degradación humana van juntas, y que esta golpea primero y más fuerte a los pobres. Anteriormente, en Laudato si’, el Papa había fustigado a “los poderes económicos (que) continúan justificando el actual sistema mundial, donde priman una especulación y una búsqueda de la renta financiera que tienden a ignorar todo contexto y los efectos sobre la dignidad humana y el medio ambiente” (LS 56).

La visión del Papa es teológica. El planeta, y la Amazonía en particular, no pueden considerarse “un bien sin dueño” (LS 89). Dios es el creador de un mundo constituido por un tejido de relaciones en el cual todo está relacionado con todo. Esta tesis teológica sustenta “el principio de la subordinación de la propiedad privada al destino universal de los bienes”. El “derecho universal” de uso de los bienes de la tierra, es “una ‘regla de oro’ del comportamiento social y el ‘primer principio de todo el ordenamiento ético-social’” (LS 93). Dado que el planeta Tierra pertenece a Dios, ha de ser compartido por todas sus creaturas, animales y humanas, vegetales y minerales.

Querida Amazonía es un documento pastoral. Pretende orientar una evangelización. Esta, desde no hace mucho, exige valorar positivamente a pueblos indígenas que se los ha considerado incivilizados y paganos y, en consecuencia, tanto un estorbo a las explotaciones económicas como materia prima de conversiones religiosas impuestas. Ahora, en cambio, la pastoral de la Iglesia debiera tener presente que los habitantes de esta región han de ser, ellos mismos, los protagonistas de su liberación social y de su modo de entender su fe. La evangelización que los últimos papas han impulsado en América Latina lleva por nombre inculturación del Evangelio. El Evangelio es tal, cuando se lo vive en los registros sociales y culturales propios de los distintos pueblos.

El otro asunto pastoral concernido en el documento atañe a los ministros que han de realizar esta evangelización. A este propósito, la petición del Sínodo de obispos que precedió a la exhortación papal había despertado muchas expectativas con su petición de conceder la ordenación sacerdotal a los viri probati, a saber, varones casados de probada idoneidad en la conducción de sus comunidades cristianas. Por cierto, el 70% de estas comunidades no celebra la eucaristía por carecer de sacerdotes.

Pues bien, Francisco esquivó esta solicitud del Sínodo, aunque había sido levantada por una altísima votación. Todavía hay quienes piensan que el Papa no cerró esta puerta, como no lo hizo en Amoris laetitia a propósito de dar la comunión a los divorciados vueltos a casar. Pero, si los obispos no han comunicado a los católicos en qué quedó este asunto, tal vez tampoco los obispos de Brasil se atreverán a ordenar sacerdotes a los viri probati. Los sectores católicos conservadores son muy poderosos.

En todo caso, aun cuando en esto último no haya ningún avance, merece destacarse que con Querida Amazonía, y antes con Laudato si’, el Papa no ceja en su combate contra los grandes peligros de la humanidad en esta hora eco-cida y geno-cida de la historia.

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