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COVID-19 y oportunidades políticas

por 20 marzo, 2020

COVID-19 y oportunidades políticas
El proceso de movilización social no se desmantelará ni tampoco se debería detener totalmente, menos aún en un escenario de trauma. Podrá bajar la intensidad en un mes que ha sido muy complejo, pero se reactivará y debería seguir su curso. Lo importante de la movilización social es saber además aprovechar las oportunidades políticas que se presentan y en este caso también podría ser el momento para que el movimiento recobre fuerzas y redefina las estrategias. El itinerario político ya está trazado y, con plebiscito o sin él, esta movilización seguirá adelante.
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El desarrollo de la pandemia mundial del coronavirus ha desatado un replanteamiento de todos los aspectos de la sociabilidad en Chile y el mundo. Restringir las actividades que normalmente realizamos a diario, el cierre de los lugares o centros que visitamos o el establecimiento de cuarentenas, son propios de estos desastres. Es importante pensar que en esta situación existen protocolos que van más allá de lo que disponga un gobierno de turno, y fundamentalmente seguir las indicaciones provenientes de la OMS, de los especialistas y los ejemplos de los países que han sido más afectados.

Este tipo de situaciones también afectan la contingencia y dinámica política en distintos aspectos, no solo en las decisiones que las autoridades asuman, sino también en el proceso político y las relaciones que se establecen entre sus actores. Uno de esos fenómenos es lo que se considera como la doctrina del shock.

La pandemia no solamente tiene consecuencias para la salud de las personas, sino también efectos psicosociales, económicos y políticos. Se genera un campo de psicosis colectiva, la búsqueda frenética de insumos básicos que hacen colapsar algunos servicios y ello trae consigo efectos económicos, ya que son escenarios propicios para la especulación y el alza de precios, más aún en un mercado tan poco regulado como el nuestro.

La doctrina del shock nos ha mostrado en incontables oportunidades cómo un desastre, generando importantes niveles de trauma y conmoción en la población, es el escenario para el desarrollo y la implementación de políticas económicas asociadas a un capitalismo salvaje. Este tipo de medidas se acentúa en sistemas de ausencia de un Estado social, y donde la principal de las medidas sea una campaña en la que los individuos y sus decisiones son el puntapié inicial para superar la crisis, de políticas de apoyo o ayuda del Estado no hay nada. Habrá que estar muy atento para que este tipo de desastres, con el consecuente trauma en la población, no se traduzca, en un escenario de redefinición política, en la oportunidad para acrecentar ese capitalismo salvaje que desde hace cinco meses se busca derribar.

En Chile, la agenda política inmediata también se ha visto afectada por el COVID-19, ya que al igual como ha ocurrido con otros acontecimientos que implican la participación masiva de gente, la dinámica sostenida en los últimos meses tendrá drásticas variaciones. En primer lugar, es un hecho que las masivas movilizaciones que se venían desarrollando en el país bajarán su intensidad y, por otra parte, la realización del plebiscito del 26 de abril también pueda suspenderse, y los actores involucrados ya han dado luces de ello.

Si bien lo primero y más importante en este caso es resguardar la salud de las personas, también es necesario resguardar que el proceso político pueda seguir adelante. El proceso de movilización social iniciado hace ya más de cinco meses ha traído como consecuencia una alta repolitización de la sociedad chilena y hasta el momento se ha posicionado fuertemente la idea del plebiscito y el cambio constitucional, y todas las encuestas indican un triunfo de la opción Apruebo y de la Convención constitucional. Ese posicionamiento, esa politización, no se pueden perder o diluir.

El proceso de movilización social no se desmantelará ni tampoco se debería detener totalmente, menos aún en un escenario de trauma. Podrá bajar la intensidad en un mes que ha sido muy complejo, pero se reactivará y debería seguir su curso. Lo importante de la movilización social es saber además aprovechar las oportunidades políticas que se presentan y en este caso también podría ser el momento para que el movimiento recobre fuerzas y redefina las estrategias. El itinerario político ya está trazado y, con plebiscito o sin él, esta movilización seguirá adelante.

Pero también esta situación puede tener una doble consecuencia para el Gobierno. Si bien este desastre le ha permitido volver a tener un control de la agenda, más allá de lo errático que se pueda mostrar en esta emergencia, lo cierto es que tendrá un efecto en lo inmediato en el nivel de movilización, lo que será para el Gobierno un pequeño espacio que le permitirá rearticularse y mantener un control sobre la población, quizás aquel control que se había perdido, por ello, la restricción de ciertas libertades puede ser un fenómeno a considerar en estos escenarios.

Hoy existe en la población un shock, un impacto muy fuerte que los medios alimentan constantemente y en esos escenarios se pueden justificar muchas decisiones antidemocráticas. El trauma colectivo, asociado a una gestión desastrosa, impulsa a una población huérfana de Estado a niveles de individualismo salvaje.

Pero, por otra parte, este escenario también le puede jugar en contra al Gobierno, considerando los errores que ha tenido al momento de tomar decisiones en instancias de crisis y escenarios complejos. El Presidente se está jugando una carta importante. Transmitir que aún existe capacidad de gobernar en este tipo de situaciones, vendría a ser hoy una necesidad y cualquier error en cuanto a las decisiones que se tomen, e incluso en términos comunicacionales, aumentaría aún más la evaluación negativa que se tiene.

Hasta el momento el Gobierno no ha sido capaz de manejar la situación. Ocupado desde hace cinco meses en contener la movilización social, con estrategia centrada en la seguridad y la fuerte represión, en la cual se han invertido millones de recursos, las medidas adoptadas han llegado tarde o bien han tenido un nulo sentido de la realidad.

Lanzar una campaña de vacunación masiva para una población en shock puede ser nefasta en momentos donde se requiere que la población no cope los centros de atención médica de manera masiva; o la incapacidad para decretar una cuarentena general que incluya no solo los centros de concurrencia masiva, como los colegios, universidades o servicios públicos, sino también los centros comerciales, indican que más que la salud de la población en momentos del trauma también importa, y bastante, la salud de la economía y el crecimiento económico.

Sí, quizás era necesario el anuncio del Estado de Catástrofe, pero esa medida será insuficiente si no se asumen otras de índole social y económicas. El apoyo necesario de inyección de recursos en el sistema de salud público o claras medidas económicas para apoyar a los grupos más afectados de la pandemia, podrían ayudar a enfrentar la crisis. De lo contrario, el Gobierno solo estaría dando muestras de que es más importante el control social y que, como hace ya treinta años, serán nuevamente los individuos los que asuman no solo los costos sino también las consecuencias de su propio autocuidado.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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