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Crisis multidimensional

por 5 junio, 2020

Crisis multidimensional
Tenemos que aceptar que la pandemia y la crisis que genera tiene costos para todos los habitantes del país y que dichos costos estarán con nosotros por varios años. Principalmente, porque lo que corresponde en esta etapa es que el Estado se endeude para asumir plenamente la magnitud de las tareas propuestas. Como ya lo han señalado todos los organismos internacionales y reconocidos expertos, lo importante no son los equilibrios fiscales de corto plazo, lo fundamental es mantener la viabilidad de largo plazo de la economía y de nuestra sociedad. Si lo logramos, el crecimiento económico reducirá en buena parte la carga fiscal futura, como ya ocurrió en la década de 1990.
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Chile enfrenta una crisis multidimensional. Esta abarca, desde luego, los aspectos sanitarios, sociales y económicos. Pero debemos incluir además los temas de género –porque la pandemia afecta mucho más a las mujeres que a los hombres– y de salud mental, especialmente de los niños y adolescentes. Si bien los costos los hemos estado viviendo desde marzo, lo más probable es que la pandemia nos siga dañando durante varios meses más.

El desafío de las políticas públicas en el caso del COVID-19 es salvar vidas, especialmente de la primera línea de atención médica, y evitar la destrucción del tejido social. En una pandemia hay que calibrar cuidadosamente las medidas y adoptar aquellas que sean más eficaces. Esta perspectiva nos permite identificar acciones que sean consistentes con los resultados que deseamos.

Después de haber escuchado y leído a múltiples expertos en los diversos temas que abarca la crisis que enfrentamos, creo conveniente recuperar las ideas centrales sobre las que parece haber consenso.

No nos podemos paralizar frente a los desafíos que enfrentamos. Debemos enfrentar la crisis con decisión y con todos los instrumentos a nuestro alcance. En las últimas décadas demasiadas veces hemos postergado decisiones, sobre todo respecto de políticas sociales y vivienda, que nos podrían haber preparado mejor para enfrentar esta crisis. Pero aun con esas deficiencias, hoy tenemos el conocimiento, la gente, los recursos económicos, los instrumentos de política pública para superarla y, además, contamos con la confianza internacional. Lo que no nos puede faltar es convicción.

En primer lugar, en lo sanitario, tenemos que hacer un esfuerzo enorme, mucho mayor que el actual, por hacer más pruebas y más rápido, dar atención médica, cuidar a los afectados y darles seguimiento a los posibles contagiados. Al mismo tiempo, tenemos que fortalecer nuestras redes de salud pública e integrar plenamente a los servicios primarios de salud en el testeo y atención inicial de las personas. Mientras más cerca esté la atención a las personas, más fácil será protegerlas de infección y cuidarlas cuando sea necesario. Hay que expandir y equipar los refugios sanitarios de cuarentena para las personas infectadas o que puedan estarlo.

En segundo lugar, hay que cuidar la mantención de las condiciones de vida de las familias afectadas por el virus, pero también de las personas que sometemos a cuarentena. Para esto, ya parece haber consenso entre los especialistas en que se requiere un ingreso mínimo familiar de por lo menos $300 mil mensuales para una familia de cuatro personas, más $50 mil por cada persona adicional. Esta transferencia debe cubrir al 80% de la población de menores ingresos. Las propuestas de las y los economistas convocados por el Colegio Médico van en esta dirección y son perfectamente financiables. Los sistemas de identificación de los grupos objetivos, en lo grueso, ya existen y, donde haya que completarlos, los municipios pueden hacer los censos correspondientes que, de paso, ayudaría a emplear a más personas.

En tercer lugar, debemos adoptar políticas transversales de género. Debemos proteger y apoyar a nuestras mujeres que son las que llevan la mayor carga en esta crisis. No solo cuidan a los suyos, además mantienen las condiciones sanitarias y alimentarias de los hogares, muchas veces por medio de ollas comunes. Tenemos que protegerlas a toda costa de la violencia intrafamiliar y hay que darles apoyo psicológico tanto a ellas como a sus hijos menores de edad.

Finalmente, tenemos que apoyar la mantención del empleo, especialmente en las Mipyme. Para ello, hay que tomar todas las medidas que sean necesarias para mantener el vínculo de los trabajadores con sus empresas. Un subsidio directo a la mantención del empleo ha dado buenos resultados en otros países, como Alemania. Tenemos que evitar la quiebra y cierre de empresas durante la crisis. Empresas que cierran dificultan la posterior recuperación y resultan en altas tasas de desempleo por períodos prolongados. Los mecanismos indirectos usados hasta ahora son insuficientes y no logran el objetivo.

Tenemos que aceptar que la pandemia y la crisis que genera tiene costos para todos los habitantes del país y que dichos costos estarán con nosotros por varios años. Principalmente, porque lo que corresponde en esta etapa es que el Estado se endeude para asumir plenamente la magnitud de las tareas propuestas. Como ya lo han señalado todos los organismos internacionales y reconocidos expertos, lo importante no son los equilibrios fiscales de corto plazo, lo fundamental es mantener la viabilidad de largo plazo de la economía y de nuestra sociedad. Si lo logramos, el crecimiento económico reducirá en buena parte la carga fiscal futura, como ya ocurrió en la década de 1990.

No nos podemos paralizar frente a los desafíos que enfrentamos. Debemos enfrentar la crisis con decisión y con todos los instrumentos a nuestro alcance. En las últimas décadas demasiadas veces hemos postergado decisiones, sobre todo respecto de políticas sociales y vivienda, que nos podrían haber preparado mejor para enfrentar esta crisis. Pero aun con esas deficiencias, hoy tenemos el conocimiento, la gente, los recursos económicos, los instrumentos de política pública para superarla y, además, contamos con la confianza internacional. Lo que no nos puede faltar es convicción.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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Envíada por Juan Pablo Scarella Larraín | 9 julio, 2020

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