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Víctor Pérez y el doble estándar en la gestión de la crisis

por 31 agosto, 2020

Víctor Pérez y el doble estándar en la gestión de la crisis
La Moneda no tiene capacidad alguna para prometer plazos en los proyectos de ley, ni menos que pueda lograr consenso con la oposición. Tampoco puede garantizar la seguridad de desplazamiento ni cumplir las promesas hechas en la campaña de 2017, que le significó a la derecha sacar en La Araucanía su más alta votación. Pero principalmente, la crisis dejó en evidencia que Pérez no ha tenido la capacidad política para conducir un problema que podría abrir un flanco altamente complejo para el Gobierno ad portas de varios procesos eleccionarios. Me imagino, Piñera estará reflexionando si no cometió un error al aceptar las presiones de la UDI y nombrarlo, ya que, por ahora, parece actuar más como militante que ministro.
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Es altamente probable que vuelvan luego las protestas y movilizaciones que partieron el 18 de octubre y que se interrumpieron por la pandemia. Es casi un hecho, también, que todo el cuadrante “Plaza Italia” será el lugar que reúna nuevamente a la gente. Además de haberse convertido en ícono –incluso rebautizada como “Plaza de la Dignidad”–, tendrá el aliciente de la torpe provocación que cometió el Presidente, cuando en un acto aún incomprensible y carente de toda inteligencia emocional, se le ocurrió bajarse de su auto, para tomarse una selfie a los pies de la estatua de Baquedano. La pregunta es si Víctor Pérez actuará de la misma forma que con los camioneros, o sea, bajándole el perfil y diciendo que no va a sacar a la gente de ahí mientras no corten el tránsito.

Porque lo que ha ocurrido con las movilizaciones de un sector de los camioneros, estos últimos días, es una prueba más de un ministro que no solo ha estado lejos de resolver los problemas, sino que ha mostrado una falta de capacidad política abismante, junto con agudizar la percepción de inequidad –que estuvo en la base del estallido social– y doble estándar para tratar a unos y otros. ¿Cómo es posible que Víctor Pérez señalara, el día del inicio del paro, que era una “manifestación pacífica con pequeños cortes de ruta… pero no es la violencia lo que ha primado”, cuando todos pudimos observar los bloqueos en carreteras y puertos y el matonaje hacia los conductores que no se plegaron?

Pero el trato con guante blanco a los camioneros puede tener costos políticos importantes para el ministro. Su gestión hasta ahora ha sido menos que mediocre. Llegó con muchas ínfulas con el relato de que privilegiaría La Araucanía, y la verdad es que las cosas, más que mejorar, se han complicado en la zona. Pérez ha cometido una cadena de errores que no hacen más que reforzar ese viejo dicho chileno: “Otra cosa es con guitarra”. Partió por estimular un desalojo “ciudadano” luego de su visita a la zona. No tuvo nada que ver en la negociación con Celestino Córdova. Después, no le llamó la atención el nombre “Rodolfo Stange”. Sin embargo, la gestión en esta crisis dejó al descubierto su doble estándar, ya que el principal dirigente camionero es un excandidato a senador por la UDI. ¿No es ilegal un bloqueo que impide el paso, no cuenta con permiso y viola la ley en Estado de Excepción?

El desconcierto de Víctor Pérez en los primeros días fue tan evidente, que, si uno no supiera qué rol cumplen, pensaría que el ministro es Francisco Galli. El subsecretario estuvo en la primera línea, manteniendo una vocería constante y, al menos, dejando entrever que tomarían acciones de fuerza de ser necesario, aunque lo dijo con poca convicción. No cabe duda que el episodio generó sospechas en la ciudadanía y dejó la percepción de cierta complicidad entre Interior y la dirigencia gremial, considerando que los protagonistas son todos de la UDI. A diferencia de la Fiscalía Nacional, que inició acciones en varias regiones, utilizando la “Ley Antibarricadas” como argumento. Vaya paradoja para la derecha.

Y aunque el Presidente salió al paso para exponer un punto de vista diferente al de Pérez –no es la primera vez, antes fue por la decisión del general director de Carabineros de “homenajear” a Stange–, señalando que estaban “preparados para actuar si violaban la ley”, pese que los camioneros llevaban 35 horas fuera de la ley; aunque bastante tardía la declaración, al menos marcó un punto de inflexión respecto de quien, se supone, debió ser el primero en condenar los hechos: el ministro del Interior.

Los camioneros optaron por una estrategia que ha ido subiendo de tono y endureciendo su posición. En un evidente acto de provocación, han continuado las movilizaciones y amenazado al Gobierno que no están por recibir “migajas”. Saben que La Moneda solo les entregó una aspirina hace un par de semanas, con la presentación del proyecto que busca aumentar las penas en caso de que los choferes mueran en un ataque incendiario. Es decir, una iniciativa que ni siquiera sirve de premio de consuelo.

Los gremios detrás de este movimiento –que representan a los empresarios, más que a los choferes– tienen claro que las leyes que les ha ofrecido el Ejecutivo para deponer el paro, no solo son de largo aliento y difícil tramitación –como la de Inteligencia y Reforma a Carabineros– sino que no resuelven lo de fondo: el entregarles protección y garantizar la integridad de los choferes que, con justa razón, se cansaron de no poder circular por las carreteras del sur sin temor. Por eso, en el “piso mínimo”, han exigido un seguro, que difícilmente el Estado les puede dar.

Cualquier acuerdo que se logre en las próximos o días u horas, solo servirá para bajar la tensión por un tiempo breve. La Moneda no tiene capacidad alguna para prometer plazos en los proyectos de ley, ni menos que pueda lograr consenso con la oposición. Tampoco pueden garantizar la seguridad de desplazamiento ni cumplir las promesas hechas en la campaña de 2017, que le significó a la derecha sacar en La Araucanía su más alta votación. Pero principalmente, la crisis dejó en evidencia que Pérez no ha tenido la capacidad política para conducir un problema que podría abrir un flanco altamente complejo para La Moneda ad portas de varios procesos eleccionarios. Me imagino, Piñera estará reflexionando si no cometió un error al aceptar las presiones de la UDI y nombrarlo, ya que, por ahora, parece actuar más como militante que ministro.

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