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El gran desafío del voto digital y seguro en Chile

por 3 octubre, 2020

El gran desafío del voto digital y seguro en Chile
Para que esto pudiera ocurrir en Chile, tendríamos que avanzar en varias etapas. Primero, tendríamos que encontrar una fórmula política que entregue total transparencia y confianza, para luego legitimarla entre la población. Luego, habría que generar una plataforma tecnológica confiable que permita a los votantes acceder a este voto personal, igualitario, secreto y voluntario. Para esto, el Estado tendría que contar con una alianza público-privada, que le permita acceder al conocimiento y a la innovación necesarios para realizar esta tarea.
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Los 14 millones de chilenos con derecho a voto tenemos bastante trabajo en los próximos meses, pues se vienen varios procesos eleccionarios que partirían el 25 de octubre con el plebiscito constituyente. El gran problema es que, al estar en pandemia y sin certezas respecto a una vacuna efectiva, lo más probable es que tengamos que votar con la incertidumbre de cómo evolucionará el virus.

En este punto de inflexión en nuestra historia, el Estado y el sector privado enfrentan un desafío/oportunidad únicos: la digitalización. El momento de impulsar el voto electrónico es ahora y para que esto sea posible, hay que cumplir requisitos mínimos.

Uno de ellos, es que la mayoría de los ciudadanos tenga un dispositivo con acceso a un sistema remoto igualitario y voluntario. En Chile ya tenemos más celulares que votantes, sin embargo, otros aspectos necesarios no los tenemos: que sea personal y que asegure el anonimato para quien vota.

El uso de la tecnología en sistemas electorales no es nuevo en el mundo. En varios países se realiza el voto electrónico con huella digital para acceder al sistema, el cual imprime el voto elegido como evidencia auditable y la elección hecha es enviada a un centro de análisis estatal para su recuento.

Y, para terminar, deberíamos estructurar un grupo de ciberseguridad de alcance nacional, de alto rendimiento, que no solo pueda monitorear posibles ataques y actuar con agilidad, sino que pueda mantener un sistema como este en el tiempo. ¿Seremos capaces en Chile de ponernos de acuerdo en una materia tan importante como esta y así ser líderes en América Latina y en el mundo? Un gran desafío y, al mismo tiempo, una oportunidad única para nuestro país.

Esto puede parecer simple, pero implica un alto grado de complejidad y estándares de ciberseguridad que impidan la intercepción y pareo del voto o del votante. Además, estos procedimientos aseguran que el número de votantes sea el real y no el que “quiera” el gobierno de turno. Lo malo es que estos sistemas exigen que las personas asistan a un lugar físico específico para votar.

En vista de lo anterior, el real desafío será encontrar un sistema descentralizado, que asegure anonimato del votante y que a la vez siga siendo personal y sin intervención de terceros. Algo parecido existe para las criptomonedas, sustentadas en blockchain, que podría cumplir con los requisitos. Pero para un recuento eleccionario se requeriría de mucha ciberseguridad para proteger el sistema total, algo que no está tan desarrollado en blockchain, y de un ente central que pueda verificar la participación ciudadana, algo que tampoco existe en este caso.

En el mundo, el único caso exitoso fue el de Sierra Leona, que en 2018 realizó las primeras elecciones presidenciales virtuales. El próximo caso para observar será el de Corea del Sur que, dada la contingencia, ha reflotado su sistema electrónico electoral basado en blockchain.

Para que esto pudiera ocurrir en Chile, tendríamos que avanzar en varias etapas. Primero, tendríamos que encontrar una fórmula política que entregue total transparencia y confianza, para luego legitimarla entre la población. Luego, habría que generar una plataforma tecnológica confiable que permita a los votantes acceder a este voto personal, igualitario, secreto y voluntario. Para esto, el Estado tendría que contar con una alianza público-privada, que le permita acceder al conocimiento y a la innovación necesarios para realizar esta tarea.

Y, para terminar, deberíamos estructurar un grupo de ciberseguridad de alcance nacional, de alto rendimiento, que no solo pueda monitorear posibles ataques y actuar con agilidad, sino que pueda mantener un sistema como este en el tiempo. ¿Seremos capaces en Chile de ponernos de acuerdo en una materia tan importante como esta y así ser líderes en América Latina y en el mundo? Un gran desafío y, al mismo tiempo, una oportunidad única para nuestro país.

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