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Saquemos de las pantallas a nuestros niños y niñas

por 8 noviembre, 2020

Saquemos de las pantallas a nuestros niños y niñas
Si bien el tele aprendizaje como medida temporal mantuvo el vínculo para no interrumpir la relación escolar, no se puede pensar en mantener a los niños en clases virtuales un año y medio. No podemos seguir creyendo que la pantalla es donde se produce el aprendizaje, no es posible pensar que favorecemos su desarrollo sin crear situaciones de interacción con la realidad, la virtualidad no es la realidad.
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Sin duda las plataformas virtuales han sido una herramienta para que los niños y niñas continúen y no interrumpan sus estudios. Los profesores, tal como el personal de salud, han sido héroes en la pandemia. Transfiriendo su trabajo para hacerlo llegar de forma remota a sus alumnos. Muchos siendo padres de familia, y no contando con todos los medios disponibles.

La situación de salud nos hace pensar que hasta no contar con  una vacuna, no tendremos regreso presencial a clases regulares. Aunque este sea el deseo de la autoridad, es posible que este año completo se termine virtualmente y quién sabe si el primer semestre del próximo.

Frente a este escenario, donde el confinamiento se vuelve regla y no excepción, quisiera ofrecer una reflexión psicopedagógica a la práctica de los aprendizajes, la escuela y el telestudio.

Quisiera hacer una distinción entre instrucción y aprendizaje. La instrucción es un modo de adquirir información mecánica que no modifica estructuras internas, es una herramienta útil para incorporar un nuevo dominio, siempre que cuente con las competencias para desarrollarlo. Por ejemplo: aprender a manejar, requiere poner al servicio las habilidades motoras, de reacción, coordinación, atención y conocimiento del entorno para lograrlo. Así también se pueden memorizar las tablas de multiplicar, retener las fechas más importantes de un tiempo histórico o adquirir el mecanismo para dividir. Cuando ocurre esto, lo que está sucediendo no es aprendizaje que transforma, simplemente es adquisición de un nuevo hábito o almacenamiento de información.

El aprendizaje es una capacidad inherente a los seres humanos y obedece a un motor interno, estamos dotados para ejercerlo. Se da en la interacción con el medio y la motivación es un elemento clave. El juego es la manera más natural de aprender, porque en él estamos completamente involucrados. Nuestro cuerpo, las manos y la mente. Se da en un diálogo entre nuestros intereses y capacidades (estructura interna) y los estímulos del entorno.

Decimos que el aprendizaje es progresivo, porque a lo largo de nuestra vida vamos pasando por diferentes etapas del desarrollo, modificando nuestras estructuras internas que inciden en la percepción y la manera de comprender el mundo. Nuestro cuerpo no queda ajeno a este proceso. Mas aún, de niños liberamos energías manipulando materiales, construyendo, moviéndonos, desarrollando el control motor, la coordinación y el equilibrio.

De niños vamos descubriendo cómo funcionan las cosas desde la interacción con la realidad por ensayo y error, donde nos vamos dando explicaciones que nos permiten encontrar las respuestas que confirman nuestras creencias.

En la medida que nos desarrollamos y tenemos nuevas experiencias, ampliamos nuestro vocabulario, enriquecemos la percepción, creamos generalizaciones. Las respuestas que nos dábamos de la realidad ya no nos satisfacen. Entonces, vivimos un proceso de desequilibrio cognitivo, iniciamos la elaboración para una nueva comprensión, investigando, manipulando, jugando con la realidad que nos ha sorprendido. Lo que contribuye en la creación de una nueva estructura interna, para iniciar una  etapa del desarrollo.

Un ejemplo de ello es cuando en la primera infancia nos explicamos los fenómenos naturales como causa de la acción de alguien; “ el viento se mueve porque un  gigante sopla”, ya mayores esa respuesta nos parece absurda, y empezamos a construir otras  explicaciones que estén al alcance de nuestra nueva estructura, que se ha enriquecido con las experiencias que hemos adquirido . Es decir, comprender de dónde viene el viento es fruto del desarrollo de la capacidad de la percepción y el pensamiento, donde las razones “lógicas” permiten realizar generalizaciones y comprender leyes físicas de la naturaleza. Es fruto de la experiencia, de la relación con el medio, de la vivencia personal de sentir el viento.

Es así como vamos desarrollando las capacidades para comprender la realidad. Pero lo mas importante es, cómo vamos construyendo nuestra capacidad para observar, percibir, establecer relaciones, pensar, crear, hacer, tomar contacto con la realidad y aprender a aprender.

Este es el aprendizaje que abre horizontes, el que modifica nuestras estructuras internas y nos permite desarrollar el pensamiento crítico y la creatividad. Este es el aprendizaje que nos abre las puertas para trascender más allá y nos faculta para tener capacidad de adaptación futura.

La escuela presencial si se lo propone, puede propiciar este aprendizaje, que va de la mano con el desarrollo, generando conflictos cognitivos a través de diversas metodologías para que sus alumnos desde la acción enriquezcan, modifiquen y construyan sus explicaciones de la realidad. La escuela puede crear, experiencias, debates, trabajos grupales, diversos proyectos científicos y creativos, que impliquen la interacción y el diálogo.

No así la pantalla. La video conferencia, las películas, las presentaciones por PPT, tienen mas similitud a la instrucción que al aprendizaje. El profesor se las arregla para entregar información de manera lo mas creativa posible, pero difícilmente logrará que sus alumnos sean constructores de su aprendizaje.

Quizás los profesores podrían orientar cómo hacer del hogar un taller del aprendizaje, dar pautas a los padres para que la casa se organice creando espacios para el desarrollo; del movimiento, de la lectura, del pensamiento, de la creatividad, del desarrollo de hábitos, de la investigación.

Sin duda las redes son una herramienta de conexión, las tecnologías son parte de la cultura y para participar del mundo hay que incorporarlas. También han sido en este tiempo un instrumento que nos han permitido salir del aislamiento. Hemos logrado hacer de nuestro hogar un espacio conectado; con el trabajo, los amigos, la familia y el colegio. Sin embargo, no podemos pensar que a través de ellas tenemos solucionado los aprendizajes.

Si bien el tele aprendizaje como medida temporal mantuvo el vínculo para no interrumpir la relación escolar, no se puede pensar en mantener a los niños en clases virtuales un año y medio. No podemos seguir creyendo que la pantalla es donde se produce el aprendizaje, no es posible pensar que favorecemos su desarrollo sin crear situaciones de interacción con la realidad, la virtualidad no es la realidad.

Es necesario mirar con perspectiva y rediseñar la situación de la escuela en tiempos de pandemia, sacar de las pantallas a los niños, inventar nuevas soluciones.

Mirar, cuál es el contexto de realidad con que contamos. Aceptando que los niños están en la casa, inventar otras formas cómo propiciar espacios para el aprendizaje, de manera creativa.

Quizás los profesores podrían orientar cómo hacer del hogar un taller del aprendizaje, dar pautas a los padres para que la casa se organice creando espacios para el desarrollo; del movimiento, de la lectura, del pensamiento, de la creatividad, del desarrollo de hábitos, de la investigación.

Sin duda no están las respuestas, pero la realidad amerita reflexión, poniendo en el centro a nuestros niños y niñas junto a su aprendizaje. De lo contrario estaremos en un activismo, reproduciendo el tele estudio, para dar respuesta casi automáticamente negando  la realidad que ha cambiado diametralmente las condiciones.

Algunas preguntas que pueden guiar la reflexión para reinventar el modo en que estamos ofreciendo a los niños y niñas el desarrollo pueden ser:

¿Cómo podemos incorporar el juego en el aprendizaje?

¿Qué elementos de intereses hay en la casa que favorecen el desarrollo?

¿Qué acciones y habilidades son las realmente importantes para potenciar el desarrollo?

¿ De qué contenidos podemos prescindir ?

¿ Cómo fortalecemos los vínculos internos?

¿Permitimos a los niños y niñas ser parte de la vida real, tomando posición frente a la pandemia, contribuyendo en la casa?

¿ Cómo ayudamos a los padres a motivar la planificación del tiempo de sus hijos e hijas?

¿ Cómo hacemos mas protagonistas a los niños y niñas en su aprendizaje?

¿ Cómo los hacemos mas activos y responsable de sus trabajos?

¿ Cómo ayudamos a los padres a salir de la esclavitud de estar encima de conectar a sus  hijos e hijas en sus tiempos de clase virtual y luego en las tareas?

¿ De qué manera podemos desarrollar el vínculo entre los pares?

¿ De qué manera los medios estarían al servicio de un plan de desarrollo mas amplio y variado?

Por último, ¿Cómo hacemos para sacar a nuestros niños y niñas de las pantallas ofreciendo los espacios reales como fuente de interacción y aprendizaje?.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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