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¿Quién quiere ser constituyente?

por 9 noviembre, 2020

¿Quién quiere ser constituyente?
Hay un atributo que los encuestados esperarían de todos los candidatos y candidatas: que sean confiables. Ese es el punto clave que divide hoy a la sociedad de sus políticos. Boletas ideológicamente falsas, compra de papers a fundaciones ligadas a los partidos. Vergonzoso lo denunciado hace unos días por un canal de televisión, de diputados que encargan el mismo estudio –de dos páginas–, siendo adquirido por 20 de los honorables, en vez de ahorrar al Estado y simplemente comprar uno y repartir entre todos. La confianza será un factor clave en este proceso. Y, claro, eso permite entender el “listado” de candidatos(as) que identificó Criteria, entre los que se encuentran Daniel Stingo, José Maza, Benito Baranda, Izkia Siches, Ana Tijoux, entre otros. El mismo sondeo señala que un 91% espera que sean independientes.
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Luego del aplastante triunfo de la ciudadanía, que ratificó que el 78% quería cambiar la Constitución y un 79% prefería una Convención Constitucional –es decir, todos los integrantes elegidos–, la clase política pareció no comprender la señal. A las pocas horas, ya entregaban los nombres de sus “postulantes”: exministros, exdiputados, exsubsecretarios, exembajadores, expresidentes de partidos. Incluso Jaime Bellolio señaló que en el gabinete había, a lo menos, cuatro servidores públicos que preferían cambiar de empleo. Los mismos nombres de siempre.

Los mismos errores de siempre de nuestra distinguida clase política, que se las arregló para poner la mayor cantidad de trabas a los independientes, condenándolos a tener que participar en sus propias listas e, incluso, tener que juntar firmas de aquí a enero, algo muy difícil. Tal vez la anécdota que mejor grafica la trampa de los partidos, es que incluyeron la recolección de firmas ante notario para los independientes –en plena pandemia– y por internet para los partidos. Lo corrigieron de última hora, solo cuando un medio de comunicación lo denunció.

Sin embargo, en paralelo, los ciudadanos, la gente, comenzó a promover a algunas personas que podrían representar distintas sensibilidades de la sociedad chilena. Por razones obvias, el listado es encabezado por “conocidos(as)” a través de los medios y las RRSS. Y, claro, el grupo es bastante heterogéneo. Va desde Julio César Rodríguez –el personaje del año para mi gusto en Chile– hasta Felipe Berríos, a quien reconozco que yo lo promocioné en una entrevista que me hicieron en un diario. Los posibles constituyentes “famosos” incluyen futbolistas, animadores de TV e incluso uno que otro político, como José Antonio Kast y Pamela Jiles.

Ojalá también los partidos –todos, desde los que encabezan JA Kast a Teillier– entiendan que parte de la discusión en el órgano constituyente los tocará en su esencia, es decir, que puede significar una refundación del Estado, y de todas maneras va a poner en la mira al sistema actual de partidos políticos, que ya colapsó hace varios años. No habría peor autoengaño que los propios conglomerados intentaran defender el statu quo “galleteando” independientes, porque –si aún no han entendido el estallido social o la presión para el retiro del 10%– la ciudadanía no estará ajena al debate y, por supuesto, a expresar el Chile que espera, en la calle si fuera necesario.

Lo llamativo de todo esto es que la ciudadanía fue bastante categórica el 25 de octubre. Si fuera por la voluntad popular, por lo que uno escucha en debates y conversaciones o en redes sociales, la Convención debería estar integrada solo por ciudadanos comunes y corrientes o, a lo más, por personas con responsabilidad o representatividad de la diversidad chilena. Es decir, dirigentes vecinales, empleados públicos, sindicalistas, empresarios, profesionales, estudiantes, representantes de las minorías sexuales, ambientalistas, miembros de los pueblos originarios, etc. Pero, lamentablemente, nuestro sistema político está diseñado para que la gente compita para ser electo(a) y eso significa recursos, que de seguro varios de los que he nombrado antes no tienen posibilidades de conseguir.

Pero más que los nombres, también es importante saber qué atributos y qué perfil esperarían las personas de quienes podrían representarlos en este proceso histórico y que marcará la democracia de nuestro país. La semana pasada conocimos tres encuestas que buscaban identificar esos rasgos. Nos referimos a los sondeos de IPSOS/Espacio Público y Criteria. Un primer dato que sorprende, es que un alto porcentaje esperaría que los representantes electos sean “expertos en temas constitucionales”. Si ese fuera un requisito, tendríamos que reducirnos a unos 20 personajes que cumplen con esa experiencia en el país. Si postularan, varios de ellos serían académicos muy desligados de los nuevos problemas y desafíos del Chile que tuvo una ebullición el 18 de octubre del 2019.

Recién en una segunda categoría encontramos una mezcla entre profesionales –especialmente médicos que, por si no se ha dado cuenta, constituyen un porcentaje importante entre parlamentarios y ministros actuales–, pero también se señala a dirigentes de movimientos sociales o juntas de vecinos e, incluso, a “personas comunes y corrientes”. En mucho menor grado, se menciona a personajes de TV. Eso significa que los chilenos somos muy buenos declarando lo “políticamente correcto”, pero en la realidad, a la hora de identificar “candidatos”, recurrimos igual a gente de “la tele”.

Pero hay un atributo que los encuestados esperarían de todos los candidatos y candidatas: que sean confiables. Ese es el punto clave que divide hoy a la sociedad de sus políticos. Boletas ideológicamente falsas, compra de papers a fundaciones ligadas a los partidos. Vergonzoso lo denunciado hace unos días por Chilevisión, de diputados que encargan el mismo estudio –de dos páginas–, siendo adquirido por 20 de los honorables, en vez de ahorrar al Estado y simplemente comprar uno y repartir entre todos. La confianza será un factor clave en este proceso. Y, claro, eso permite entender el “listado” de candidatos(as) que identificó Criteria, entre los que se encuentran Daniel Stingo, José Maza, Benito Baranda, Izkia Siches, Ana Tijoux, entre otros. El mismo sondeo señala que un 91% espera que sean independientes.

Estas serán las contradicciones –querer “gente común” pero nombrar solo “rostros”– en que nos moveremos durante un poco más de dos meses, cuando en enero estén los candidatos definidos e inscritos en las listas que competirán en abril, si es que la “segunda ola” no dice otra cosa. Si los partidos fueran inteligentes, deberían abrir más espacios a los independientes y facilitarles la participación, aunque de seguro se la jugarán por “invitar” y disputarse a esos rostros ciudadanos que menciona el sondeo de Criteria. Dudo que se desangren buscando integrar dirigentes vecinales, de clubes deportivos, minorías sexuales, étnicas o grupos ambientalistas de nicho.

Ojalá también los partidos –todos, desde los que encabezan JA Kast a Teillier– entiendan que parte de la discusión en el órgano constituyente los tocará en su esencia, es decir, que puede significar una refundación del Estado, y de todas maneras va a poner en la mira al sistema actual de partidos políticos, que ya colapsó hace varios años. No habría peor autoengaño que los propios conglomerados intentaran defender el statu quo “galleteando” independientes, porque –si aún no han entendido el estallido social o la presión para el retiro del 10%– la ciudadanía no estará ajena al debate y, por supuesto, a expresar el Chile que espera, en la calle si fuera necesario.

Y tú ¿quieres ser constituyente?

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