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Alicia en el país de la hipocresía

por 17 noviembre, 2020

Alicia en el país de la hipocresía
Los bajos salarios han facilitado la informalidad laboral. Sin poder destinar dinero a la previsión social, se han visto obligados a dedicar todos sus recursos al consumo presente. No les da para más. Así fue como llegamos a la situación actual, con las AFP pagando 745 mil pensiones de retiro programado, con un monto promedio de 172 mil pesos al mes y, sin una mínima vergüenza, han cobrado a sus afiliados comisiones desmedidas que les han permitido obtener utilidades netas de 41,7% a 63,9% en 2019, con excedentes que superan los 480 mil millones de pesos.
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No dejan de sorprender los argumentos de algunos “personajes” a la hora de enfrentar un nuevo retiro desde las AFP, y desde su creación, en 1981, como nunca antes manifiestan una preocupación profunda por las pensiones de los más pobres. La semana pasada, apelaban “a la responsabilidad de quienes tienen a su cargo velar por el bien común y legislar políticas públicas, que pongan en el centro la obtención de mejores pensiones para los trabajadores”. Fueron verdaderas escenas surrealistas discordantes con la realidad de quienes, con elocuencia, manifiestan ahora tanto interés por las pensiones de los trabajadores: pensé que pocas cosas nos lograrían sorprender, pero estaba equivocado.

Sí, porque en Chile el salario medio subió solo en 72,2% en los últimos 20 años, mientras el PIB per cápita creció 189,6%, creando una brecha de 117,4% a favor del incremento de la riqueza y en contra de las remuneraciones. Así, en la medida que no se transfirió el crecimiento del país a los salarios, se mantuvieron condiciones de precariedad que redundaron en pobreza. Son más de 6 millones de chilenos cuyas familias viven con menos de 400 mil pesos al mes y, por ello, no debiera extrañarnos que en siete comunas de Santiago, con aproximadamente 1 millón de habitantes, la pobreza multidimensional llegue al 26,7% y el hacinamiento a 14,0%, en promedio.

En medio de toda esta desgracia y la necesidad de un nuevo retiro desde los fondos de pensiones, aparecen ahora las preocupaciones y las declaraciones notables que deambulan con quienes hoy sienten amenazados sus intereses sórdidos, sin el más mínimo decoro con tal de mantener el producto de su infamia o, simplemente, para servir a quienes en realidad deben obediencia: simplemente hipócritas. Sí, hipócritas, porque fingen cualidades o sentimientos totalmente contrarios a aquellos con que verdaderamente han actuado, causando mucho daño a gente inocente.

Más aún, estas mismas personas han tenido que padecer el descaro de grupos empresariales que han arrasado con sus bajos ingresos, a través de acuerdos colusorios, elevando injustificadamente el precio de sus alimentos, el papel higiénico e, incluso, de los medicamentos para soportar enfermedades catastróficas. Como si esto fuera poco y sin poder llegar a fin de mes con sus salarios, deben recurrir a préstamos de consumo y tarjetas de crédito, pagando intereses abusivos de entre 25 y 30 por ciento anual, teniendo que decidir entre sus acreedores o las urgencias de su familia. Por eso, no es de extrañar que en estas dos décadas los cuatro principales bancos lograran en promedio 20,0% de utilidad sobre las ventas.

Los bajos salarios han facilitado la informalidad laboral. Sin poder destinar dinero a la previsión social, se han visto obligados a dedicar todos sus recursos al consumo presente. No les da para más. Así fue como llegamos a la situación actual, con las AFP pagando 745 mil pensiones de retiro programado, con un monto promedio de 172 mil pesos al mes y, sin una mínima vergüenza, han cobrado a sus afiliados comisiones desmedidas que les han permitido obtener utilidades netas de 41,7% a 63,9% en 2019, con excedentes que superan los 480 mil millones de pesos.

En medio de toda esta desgracia y la necesidad de un nuevo retiro desde los fondos de pensiones, aparecen ahora las preocupaciones y las declaraciones notables que deambulan con quienes hoy sienten amenazados sus intereses sórdidos, sin el más mínimo decoro con tal de mantener el producto de su infamia o, simplemente, para servir a quienes en realidad deben obediencia: simplemente hipócritas. Sí, hipócritas, porque fingen cualidades o sentimientos totalmente contrarios a aquellos con que verdaderamente han actuado, causando mucho daño a gente inocente.

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