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La masía cruzada

por 9 enero, 2021

La masía cruzada
Sin duda, que el mundo formativo, amerita muchas más columnas y horas de análisis. Es un trabajo arduo y de mucha vocación. Muchos de los buenos formadores se fueron de clubes por no ser reconocidos o bien remunerados. Otros cayeron en el vicio de trabajar para representantes, pero claramente el proceso de trabajo en divisiones menores es y seguirá siendo el alma de una institución, por la identificación y el sentido de pertenencia, por ver a los que llegaron de siete u ocho años vistiendo la camiseta del club, y eso en la Universidad Católica se refleja cada vez más.
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No es de ahora ni por azar que Universidad Católica hace muchos años venga haciendo bien las cosas en el fútbol formativo, respetando el proceso completo de captación, formación y promoción de sus jugadores jóvenes de forma permanente al primer equipo.

Y es que los cruzados han establecido una política clara y robusta de lo que buscan y pretenden realizar en su trabajo formativo, con profesionales idóneos y además el respaldo del directorio, que permite desarrollar esta labor sin los inconvenientes de estar rotando o cambiando las directrices cada vez que el resultado del primer equipo no es óptimo.

Y esa premisa es determinante. Porque a diferencia de los otros “grandes”, como Colo Colo y U.de Chile, los de la franja tienen respaldo y material humano que hace creer, con un recambio generacional asegurado por un buen tiempo en las huestes de San Carlos.

Tanto albos como azules hace rato no generan jugadores jóvenes de calidad y categoría para sustentar al plantel mayor y los que están incorporados, por distintas razones, tienen pocas oportunidades para jugar, ya sea porque los técnicos no apuestan por ellos y optan por los mayores o, también, porque estos jóvenes no aprovechan las oportunidades que les entregan. Hay otros equipos que entendieron este proceso y corrigieron sus políticas de trabajo y proyección. Hoy lo vemos en S. Wanderers, O’Higgins y U. Española, tres instituciones que ya suman cuatro o cinco nombres de casa en forma permanente. Eso es una buena señal.

Desde Raimundo Rebolledo hacia abajo y por edad, están Carlos Salomón, César Munder, Marcelino Núñez, Clemente Montes, Gonzalo Tapia, Ignacio Saavedra, Alexander Aravena, Diego Valencia, Aaron Astudillo y varios nombres más. Rebolledo, Saavedra y Valencia tienen muchos partidos nacionales e internacionales ya en el cuerpo y seguramente, en el mediano plazo, serán ventas al extranjero.

Por ello que esa política de trabajo en la Universidad Católica siempre ha sido destacada y cada año da la sensación que se va fortaleciendo más y más, sumando el hecho que cada técnico que llega al primer equipo -desde Mario Salas en adelante- debe aceptar y adscribirse a este formato de potenciar y proyectar a los valores cruzados de casa.

Un ejemplo para ir entendiendo cómo viene trabajando la UC. Hace un tiempo se determinó buscar centrales de envergadura física, pensando en el mercado europeo. Salieron Andía (hoy Roco), Maripán, Biskupovic y Kuscevic. Podemos discutir si alguno de ellos logró la consolidación europea -salvo Kuscevic, que comenzó su periplo por Brasil y que de seguro tendrá la oportunidad en el Viejo Continente (estuvo a punto de fichar en Croacia Zagreb)-, pero hay un camino que recorrieron los formadores cruzados para llevar adelante el proyecto y les ha resultado.

Después se puede reconocer que han trabajado en el perfil de los volantes. Jugadores de muy buena técnica, con desplazamientos físicos importantes y duplicidad en las funciones, desde Felipe Gutiérrez, Francisco Silva, Gary Medel y los más actuales como Ignacio Saavedra y Marcelino Núñez y otros que vistieron la franja como Jaime Carreño y Carlos Lobos.

Por cierto, el proceso tiene una etapa clave. Es la promoción. Cuando ya están visados por el fútbol joven, asoma el primer equipo y esa integración a la alta competencia se va realizando de manera gradual. Los jóvenes ganan partidos y los experimentados campeonatos, es una frase muy certera, pero cuando un plantel se potencia con savia nueva, gana en variantes y hoy la UC las tiene. Es prematuro aventurar el futuro de jugadores como Núñez, Montes o Tapia. Sin embargo, Holan ya ganó otras opciones para la recta final del torneo, donde la mente y piernas de los cracks cruzados comienzan a sentir la fatiga.

De verdad, todo el staff de divisiones menores del fútbol formativo de los cruzados merece no solo un aplauso, sino además un método y estructura que puede ser emulado.

La otra vereda es ciertamente de preocupación. Dudamel llegó para rescatar al equipo azul del mal momento de juego con Caputto y, hasta ahora, no se evidencias mejoras sustanciales. Y, claro, en esas urgencias del primer equipo, prácticamente no hay cabida para los jugadores más jóvenes de la savia azul. Salvo Camilo Moya y algunas apariciones esporádicas de Nicolás Guerra y Angelo Henríquez, el trabajo de menores de la U necesita mayor visualidad y, por ahora, esas luces parecen más bien apagadas.

Que la U tenga ciertos inconvenientes de cumplir con el minutaje oficial de jugador sub-21 en el torneo, es una muestra de lo que está pasando en las fuerzas básicas y políticas deportivas del club.

Ni hablar de los albos, que con Gabriel Suazo, Jeison Rojas (los últimos cuatro partidos) y algunas citaciones de Iván Morales, la cantera alba también viene viviendo los vaivenes de los resultados en el primer equipo y, claro, cada cierto tiempo se borra todo y se comienza de nuevo. Y este panorama se agrava con la posición actual de los albos en la tabla, por lo cual varias de sus promesas “desaparecieron” de la consideración de Gustavo Quinteros.

Tanto albos como azules hace rato no generan jugadores jóvenes de calidad y categoría para sustentar al plantel mayor y los que están incorporados, por distintas razones, tienen pocas oportunidades para jugar, ya sea porque los técnicos no apuestan por ellos y optan por los mayores o, también, porque estos jóvenes no aprovechan las oportunidades que les entregan. Hay otros equipos que entendieron este proceso y corrigieron sus políticas de trabajo y proyección. Hoy lo vemos en S. Wanderers, O’Higgins y U. Española, tres instituciones que ya suman cuatro o cinco nombres de casa en forma permanente. Eso es una buena señal.

Sin duda que el mundo formativo amerita muchas más columnas y horas de análisis. Es un trabajo arduo y de mucha vocación. Muchos de los buenos formadores se fueron de clubes por no ser reconocidos o bien remunerados. Otros cayeron en el vicio de trabajar para representantes, pero claramente el proceso de trabajo en divisiones menores es y seguirá siendo el alma de una institución, por la identificación y el sentido de pertenencia, por ver a los que llegaron de siete u ocho años vistiendo la camiseta del club, y eso en la Universidad Católica se refleja cada vez más.

Es cierto, no saldrán a lo mejor un Xavi, Messi o Iniesta, pero San Carlos es "la masía" chilena. Por ahora y un tiempo más, nadie podrá quitarle ese rótulo.

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