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El triunfo del trumpismo

por 20 enero, 2021

El triunfo del trumpismo
Trump sabe que, al final, él ha ganado. Que su match con ese movimiento estadounidense blanco, neofascista, experimental, incipiente, especulativo, de ensayo y error, que se alimenta de la dialéctica de la oposición de fuerzas entre el movimiento Black Lives Matter, la policía y los grupos paramilitares conspiracionistas –cuyas raíces se pueden encontrar en los ideales confederados (los estados esclavistas de la Guerra Civil)– le permite haber ganado, aunque haya perdido. La consolidación del trumpismo es su triunfo.
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Con total seguridad, Joe Biden jurará como presidente número 46 del país. El público asistente, antiguamente ciudadanos que llegaban al National Mall para escuchar el discurso del nuevo presidente, ahora serán 25.000 miembros de la Guardia Nacional y en los medios nacionales hablan de la zona militarizada de Washington como si fuera Bagdad. El presidente saliente, el más virulento mandatario que Estados Unidos haya tenido, no asistirá al juramento, Donald Trump estará en Florida, en su mansión de Mar-A-Lago, jugando al golf, como lo hizo por casi 300 días de sus cuatro años de gobierno. Estará relajado, quizás sonriendo. Aún después del intento de autogolpe de Estado del 6 de enero, un 29% de los estadounidenses aprueba su gestión.

Trump sabe que, al final, él ha ganado. Que su match con ese movimiento estadounidense blanco, neofascista, experimental, incipiente, especulativo, de ensayo y error, que se alimenta de la dialéctica de la oposición de fuerzas entre el movimiento Black Lives Matter, la policía y los grupos paramilitares conspiracionistas –cuyas raíces se pueden encontrar en los ideales confederados (los estados esclavistas de la Guerra Civil)– le permite haber ganado, aunque haya perdido. La consolidación del trumpismo es su triunfo.

Era en el espacio entre el triunfo de Joe Biden en las elecciones de Estados Unidos y su investidura, un periodo de dos meses, en el que podían aparecer los monstruos. Y aparecieron.

De todas las invasiones de los pueblos que los romanos llamaban “bárbaros”, hubo una que cambió la historia del Imperio Romano para siempre. El llamado "Saqueo de Roma" del año 410 liderado por Alarico el Visigodo. Si bien no provocó la caída del imperio, sí significó para Roma la pérdida de su aura, imagen e impronta imperial y de ahí en adelante, todo fue decadencia. Biden será el nuevo presidente y se enfocará en superar la pandemia y recuperar la economía, pero después del 6 de enero del 2021, el día del saqueo al Congreso, nada será igual en Estados Unidos. El trumpismo ha ganado.

El trumpismo –compuesto por personas (muchos policías, como han publicado medios como The New York Times) que creen en la excepcionalidad del estadounidense blanco, en la superioridad moral y en el destino manifiesto de su país, en la segunda enmienda y en las ideas que Robert Nozick desarrolló en su best seller de los 70, Anarquía, Estado y Utopía– sabe que tiene un poder. El poder de ensayar un autogolpe de Estado, pasearse por el National Mall y saquear el Congreso, la catedral de la democracia estadounidense, a vista y paciencia de las autoridades políticas, policiales y judiciales sin que haya mayores consecuencias para ellos. Todo, basado en una de las mentiras más repetidas en el último año: la del fraude electoral. Es sabido lo que pasa cuando una mentira es repetida cien veces.

La amenaza siempre fue local y las señales siempre estuvieron ahí. Ya en septiembre del año pasado, luego de la oleada de protestas por el asesinato de George Floyd en Minneapolis, el Departamento de Seguridad Interior publicaba que la principal amenaza terrorista eran los supremacistas blancos locales.

Y según publica The Washington Post esta semana, varios informes elaborados tanto por la policía del Capitolio como por el FBI señalaban al 6 de enero como una fecha con alta probabilidad de hechos violentos en la capital: era el día en que el Congreso debía ratificar la victoria de Biden en las elecciones. Era la última oportunidad del trumpismo para boicotear el proceso electoral.

Usando redes sociales tradicionales y alternativas, el trumpismo configuró una realidad paralela por la cual poder desplegar sus ideas. Sitios como 4Chan y QAnon, cuya teoría conspirativa original es la de la batalla entre Trump y la red de pedofilia a nivel nacional que tendría la clase política, dan espacio a las personas conspiracionistas a crear y creer en las teorías más desquiciadas posibles. La última, que Biden y Trump han cambiado rostros y que, por lo tanto, los demócratas en realidad estarían haciéndole un nuevo impeachment a Biden, mientras que Trump asumiría el poder nuevamente.

Trump, narciso por excelencia, les dejó creer en lo que quisieran, siempre y cuando sus creencias jugasen a su favor. “Soy el elegido”, repitió una y otra vez en sus mítines alrededor del país en los últimos años.

Así se fue gestando el triunfo del trumpismo, al tiempo que se fue degradando la democracia estadounidense, con Trump abriendo heridas antiguas y beneficiándose del dolor ajeno. Porque no hay que olvidar que, como todo oligarca, Trump no busca desarrollar un proyecto de país, sino que solo busca el beneficio propio. El de un supremacista blanco.

Al final de los cuatro años de gobierno de Donald Trump, aún hay un 64% de republicanos que creen que él ganó las elecciones de 2020. Por lo tanto, por defecto, creen que el gobierno de Biden es inconstitucional, según una encuesta del Pew Research Center publicada el 15 de enero. Además, un 44% cree que la conducta de Trump después de la elección ha sido buena, un 45% cree que no tuvo nada que ver en el intento de autogolpe en el Congreso y un 57% cree que debiese seguir siendo una figura mayor en la política en los próximos años. 75 millones de votos lo avalan.

De todas las invasiones de los pueblos que los romanos llamaban “bárbaros”, hubo una que cambió la historia del Imperio Romano para siempre. El llamado "Saqueo de Roma" del año 410, liderado por Alarico, el visigodo. Si bien no provocó la caída del imperio, sí significó para Roma la pérdida de su aura, imagen e impronta imperial y de ahí en adelante todo fue decadencia. Biden será el nuevo presidente y se enfocará en superar la pandemia y recuperar la economía, pero después del 6 de enero del 2021, el día del saqueo al Congreso, nada será igual en Estados Unidos. El trumpismo ha ganado.

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