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China y el beso de Judas

por 5 abril, 2021

China y el beso de Judas
Lo más lamentable de todo es que este patrón de desidia, falta de decisión o carácter ante los más diversos problemas de orden interno, a veces pusilanimidad y otras veces una cruda falta de claridad o racionalidad en las posiciones o estrategias, ha terminado permeando nuestra institucionalidad. Lo de la FNE es ciertamente un paso en falso, pero más que ello, es un buen y triste reflejo de la mediocridad ambiente, partiendo por el actual Gobierno, pero ciertamente no terminando en este. El potencial del país, que es extraordinario, sufre permanentemente las consecuencias de esto.
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Tras la investigación de la Fiscalía Nacional Económica (FNE) sobre la operación de concentración, consistente en la adquisición de la participación accionaria de la distribuidora eléctrica CGE por parte de la empresa china estatal State Grid International Development Limited (SGIDL), esta la aprobó sin condiciones y concluyó –con fecha 31 de marzo de 2021– que “la operación no es apta para reducir sustancialmente la competencia en los mercados de generación, transmisión y distribución eléctrica, así como también en los servicios no regulados asociados a la distribución y la comercialización de transformadores de distribución estándar (transformadores) y equipos compactos de medida (ECM)”.

SGIDL ya es dueña de la distribuidora eléctrica Chilquinta y, a través de una sociedad relacionada del mismo grupo empresarial estatal chino al cual pertenece, el holding State-owned Assets Supervision and Administration Commission (SASAC), CGE y Chilquinta están vinculadas con la empresa estatal china State Power Investment Corporation (SPIC), propietaria de la generadora eléctrica Pacific Hydro y con China Southern Power Grid (CSPG), partícipe del 27,79% de la empresa de transmisión eléctrica Transelec.

En el caso en comento, esta prohibición ya se vio contravenida abiertamente con la anterior entrada de SGIDL en Chilquinta –¿mera inadvertencia burocrática?– y ahora vuelve a ocurrir lo mismo. Sin embargo, la FNE agrega lo siguiente: “Por último, atendida la integración vertical de CGE y de SGIDL entre los distintos segmentos de la industria, y que el artículo 7° de la Ley General de Servicios Eléctricos limita dicha integración, la FNE remitirá los antecedentes a la SEC, el órgano competente, para que determine si existe o no una infracción a la normativa”. Pilatos tuvo más dignidad…

Más allá de lo que uno podría considerar como un profundo error, lo que no es opinable es que el artículo 7 de la Ley General de Servicios Eléctricos prohíbe expresamente la participación simultánea en generación, transmisión y distribución eléctrica: “Las empresas operadoras o propietarias de los sistemas de transmisión nacional deberán estar constituidas como sociedades anónimas abiertas o cerradas sujetas a las obligaciones de información y publicidad a que se refiere el inciso séptimo del artículo 2 de la Ley 18.046. Estas sociedades no podrán dedicarse, por sí, ni a través de personas naturales o jurídicas relacionadas, a actividades que comprendan en cualquier forma, el giro de generación o distribución de electricidad”.

En el caso en comento, esta prohibición ya se vio contravenida abiertamente con la anterior entrada de SGIDL en Chilquinta –¿mera inadvertencia burocrática?– y ahora vuelve a ocurrir lo mismo. Sin embargo, la FNE agrega lo siguiente: “Por último, atendida la integración vertical de CGE y de SGIDL entre los distintos segmentos de la industria, y que el artículo 7° de la Ley General de Servicios Eléctricos limita dicha integración, la FNE remitirá los antecedentes a la SEC, el órgano competente, para que determine si existe o no una infracción a la normativa”. Pilatos tuvo más dignidad…

¿Cuándo van a decir no cuando es no, en vez de derivar el problema a otros? En último término, si tan bien evaluada es toda la operación por parte de la autoridad de libre competencia, que se le exprese a SASAC que tienen que vender su participación en Transelec por contravenir una normativa vigente.

Así de simple, así de claro, cumpliendo con la formalidad de la Ley.

Pero, más allá de este episodio, en las últimas semanas hemos seguido conociendo más a China, no aquella de los ositos panda, sino la real:

a. H&M y Nike fueron advertidas por la autoridad china que no cabían cuestionamientos a los campos de reeducación de Uighurs en Xinjiang, promoviendo un boicot temporal al consumo de sus productos por tal atrevimiento.

b. China suscribió un Acuerdo de Cooperación con Irán por 25 años, mientras el mundo occidental intenta morigerar el protagonismo anárquico de este en el Medio Oriente.

c. “Una China, dos sistemas” ya es historia en Hong Kong. Se modificó la ley electoral de esta, pasando a un control total por parte de Beijing. Un acuerdo por 50 años entre China y el Reino Unido unilateralmente desconocido antes de su vencimiento por la primera, sin temor alguno.

d. La OMS emitió un controvertido e inconcluso informe sobre el origen del virus de la actual pandemia, el cual nunca pudo evaluar el eventual rol en este del ya famoso Laboratorio de Virología de Wuhan. Estados Unidos, Reino Unido, Japón, Israel, Canadá, Corea del Sur, entre otros, rechazaron el informe.

e. Y en Chile, se adjudicó la concesión vial de Talca-Chillán a China Railway Construction Corporation, entidad que figura en la lista de empresas militares chinas sancionadas por el Departamento del Tesoro de Estados Unidos y con las cuales sus nacionales no pueden tener relaciones de especie alguna.

En síntesis, un país que parece vivir –o querer vivir– en otra dimensión. Y lo más lamentable de todo es que este patrón de desidia, falta de decisión o carácter ante los más diversos problemas de orden interno, a veces pusilanimidad y otras veces una cruda falta de claridad o racionalidad en las posiciones o estrategias –la necesaria cautela en la relación con China es una de ellas y la apuesta firme de Chile por el mundo occidental y sus reglas es otra, incluyendo aprobar el TPP11–, ha terminado permeando nuestra institucionalidad.

Lo de la FNE es ciertamente un paso en falso, pero más que ello, es un buen y triste reflejo de la mediocridad ambiente, partiendo por el actual Gobierno, pero ciertamente no terminando en este. El potencial del país, que es extraordinario, sufre permanentemente las consecuencias de esto.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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