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La Moneda y la “tercera vía”: un salvavidas de plomo

por 21 julio, 2022

La Moneda y la “tercera vía”: un salvavidas de plomo
Ningún proceso constituyente encabezado por el Congreso o por el poder ejecutivo puede gozar de legitimidad, asumiendo también que el triunfo electoral de Boric en diciembre de 2021 tuvo que ver en gran medida con un voto anti-derecha más que con una adhesión popular a su programa de gobierno o a su liderazgo. Sobre esa base, las alternativas de La Moneda no son muchas, pues de ganar el Rechazo, será una derrota política para el gobierno, para la izquierda y para todo el pueblo chileno.
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“¿Qué salto a las estrellas será tarde de una esperanza raquítica y cobarde?

¿Qué mundo submarino no será nuestro porque un vigor no vino?”

Silvio Rodríguez, Canción contra la indecisión.

La política es una actividad contingente, en la cual las proyecciones en torno a los escenarios que están abiertos actúan siempre como estrategias de poder que buscan contribuir a la sobredeterminación de una tendencia dentro de la coyuntura. En ese sentido, debería leerse el anuncio del gobierno sobre la continuidad del proceso constituyente en caso de que se imponga la opción Rechazo en el plebiscito de salida del próximo 4 de septiembre.

Sin embargo, nuevamente La Moneda incurre en un error de cálculo político; si consideramos que la campaña por el Apruebo está recién comenzando y que, efectivamente, tal como en la segunda vuelta presidencial, es posible revertir el resultado de las encuestas. Lo que deja el anuncio entonces, es la sensación de que el plebiscito ya está perdido, lo cual desnuda un déficit político del gobierno para enfrentarse a la situación actual.

Porque esta “tercera vía” propuesta por La Moneda, si bien es útil para efectos de la guerra de cuñas, su viabilidad política es dudosa, como se lo han hecho saber al presidente Boric desde su propia coalición. Pues de ganar el Rechazo, dependerá de la oposición aprobar una reforma constitucional en el Congreso para, vía plebiscito y con una hoja en blanco, iniciar un segundo proceso constituyente, considerando además el desgaste que eso significa.

Con esto, se deja la iniciativa política en manos de la oposición y de las negociaciones que puedan realizarse entre los partidos, en una suerte de repetición del acuerdo del 15 de noviembre, pero en condiciones que seguramente se estiman más favorables. Si es así, es que definitivamente la coalición oficialista parece no comprender las características del escenario abierto después del 18 de octubre de 2019.

Si bien puede considerarse como inteligente y valorable que el gobierno se coloque en el peor de los escenarios y muestre un compromiso con el carácter democrático del proceso, el anuncio solo contribuye al posicionamiento del liderazgo presidencial, no siendo prenda de garantía para la continuidad del proceso constituyente por vías institucionales. Siendo así, lo que Boric debería tener claro es que, de ganar el Rechazo, su gobierno se termina políticamente, porque significaría en los hechos el triunfo de la administración por sobre las transformaciones.

Lo que podría, o debería, haber hecho el gobierno ya no importa; sin embargo, resultaba más prudente, si tanto es el peso que los sondeos de opinión pública tienen para La Moneda, esperar un tiempo más para medir el impacto de la campaña del Apruebo y así darle, al menos, la posibilidad de disputar el resultado del plebiscito.

Pero esta actitud del gobierno obedece a una interpretación, por cierto, totalmente discutible del momento que atraviesa el país por parte de un sector de la izquierda que se ha ido acercando cada vez más al mundo de los 30 años, tomando distancia del “estallido social”, en circunstancias que fue esa energía la que ha hecho posible el proceso constituyente y el propio triunfo de Boric en segunda vuelta, favoreciendo así la “democracia gubernamental” y la defensa del orden; derrotero peligroso, si se considera el deterioro de los indicadores sociales durante el último tiempo.



Ningún proceso constituyente encabezado por el Congreso o por el poder ejecutivo puede gozar de legitimidad, asumiendo también que el triunfo electoral de Boric, en diciembre de 2021, tuvo que ver en gran medida con un voto antiderecha más que con una adhesión popular a su programa de gobierno o a su liderazgo. Sobre esa base, las alternativas de La Moneda no son muchas, pues de ganar el Rechazo, será una derrota política para el gobierno, para la izquierda y para todo el pueblo chileno.

Más que la propuesta del gobierno contribuya -como también se ha dicho- a que se imponga la postura de los sectores moderados, lo que hace en realidad es reforzar una concepción elitaria de la política, que por más radical y transformadora que se pretenda, se hace a distancia del pueblo, o se le incluye solo en términos alusivos a través de los medios de comunicación.

En cambio, una política en la cual el protagonismo reside en el pueblo entiende que la revuelta de octubre no es un hecho del pasado que pueda dialectizarse como poder constituido. Ese acontecimiento, que interrumpe el continuum histórico del orden, ha reconfigurado el presente político del país, por lo cual de esa potencia depende si el proceso constituyente continúa o si es neutralizado por el “partido neoliberal”. El gobierno, gane el Apruebo o el Rechazo, debe decidir si sus alianzas serán con el pueblo chileno o con las fuerzas elitarias que apuestan a blindar el statu quo e imponer un nuevo régimen gatopardista.

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