martes, 20 de octubre de 2020 Actualizado a las 20:44

Covid-19: momento de actuar por el Turismo en Chile

por 29 abril, 2020

Covid-19: momento de actuar por el Turismo en Chile
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Resulta una lamentable obviedad señalar que el turismo ha sido uno de los sectores económicos más duramente afectados con la pandemia del Covid-19 alrededor del mundo.

Esta enfermedad ha llevado a que los países y las personas adopten diversas medidas en los planos de la salud y sobre todo en la economía. Un efecto inmediato de esta situación para el turismo ha sido la disminución de los vuelos, la prohibición de recalar para cruceros, la cuarentena y el cierre de fronteras en diversos países, lo que ha generado probablemente la peor crisis en la historia de la industria con una contracción casi total de la demanda a nivel mundial.

En Chile, hace un par de semanas, la Federación de Empresas de Turismo de Chile (Fedetur) señalaba que las pérdidas en el sector rondarían los US$1.300 millones para el 2020, lo que en menos de una semana fue multiplicado por tres y corregido a U$3.900 millones por la misma entidad, argumentando algunas medidas que se tomaron durante esa semana, como, por ejemplo, el cierre de las fronteras de Chile y de diversos otros países.

Para España, el sector turístico significa entre el 12 y 14% del PIB, algo así como 150 mil millones de euros (€90.000 millones del turismo extranjero y €60.000 millones del turismo nacional), lo que se traduce en aproximadamente 2,4 millones de empleos directos formales (afiliados a la seguridad social) que representan el 13% del total del empleo en el país a Enero de 2020 según el Ministerio de Industria, Comercio y Turismo de España. Las cifras de España transmiten certeza y claridad a los agentes del mercado turístico (agencias de viajes, hoteles, posadas, trabajadores, etc), porque se actualizan constantemente y se trabajan en conjunto con la industria.

En el caso de Chile, llevamos varios años estancados en la misma cifra de aporte al PIB del turismo: siempre se habla de algo así como el 3,4% del PIB y 400.000 empleos sin importar la fecha o el gobierno a cargo. A estas alturas se hace necesaria una exhaustiva revisión del cálculo de esta cifra pues nos coloca en una posición bastante desmejorada para generar certeza, institucionalidad, inversión y capacidad negociadora por parte del turismo, que aún es un sector con bastante informalidad y poca representatividad a nivel de organizaciones.

Este punto es fundamental para entender el por qué este sector económico no ha tenido un verdadero respaldo y apoyo real por parte del Gobierno en la serie de medidas económicas que se han anunciado.

Al día de hoy, las cifras presentadas por la Subsecretaría de Turismo en el Barómetro del Turismo de Marzo de 2020, introducen en sus estadísticas el concepto de “Burbuja Turística Argentina”, de forma tal de justificar la baja de estos últimos tres años atribuyendo todo al efecto de los turistas argentinos. Pero este argumento es falaz dado que el turismo del resto del mundo hacia Chile creció hasta el 2018 de manera constante, por lo que al parecer, existiría falta de visión en cuanto a dónde apuntar y enfocar los esfuerzos de promoción turística (ni siquiera hemos pensado en India o China).

El problema es que los gobiernos de turno no han sido capaces de imprimir una visión de mediano y largo plazo al sector turismo y más bien nos hemos quedado en la necesidad de cubrir los gastos diarios de operaciones (cuentas de luz, agua, sueldos, arriendos, etc), lo que entrampa todas las posibilidades de entregar la tan deseada experiencia única al visitante, sean estos nacionales o extranjeros. De esta forma, seguimos perdiendo oportunidades y credibilidad entre nosotros mismos.

Ahora bien, entre las diversas medidas que se podrían generar en específico para el sector del turismo a propósito de Covid19, podemos mencionar tres aspectos que permitan: en lo inmediato gestionar la situación; luego, medidas que estimulen o que por el momento mantengan a flote los servicios turísticos; y por último, medidas que puedan proyectar lo que será un nuevo perfil del turista y de sus intereses.

Dentro de las primeras podemos señalar: la posibilidad de que el Estado pueda utilizar la infraestructura turística para atender a trabajadores en general. Esto significaría no solo poder destinar un lugar apropiado para quienes están trabajando en el área de la salud, sino también para menores, personas con movilidad reducida, transportistas, personas ligadas a actividades esenciales, etc. Dentro del segundo grupo, podemos mencionar medidas financieras que entreguen liquidez a las empresas del sector sin exclusiones, ya que una gran parte de nuestro turismo que tanto nos emociona es informal, por lo que también hay que buscar mecanismos para ellos (al día de hoy aún no es claro cómo están operando los bancos que adquirieron liquidez a 0,5% por cuatro años de parte del Banco Central para hacerla llegar a quienes hoy la requieren). Dentro del tercer grupo, la tecnología será clave y por lo mismo los incentivos a invertir en este ámbito serán fundamentales si queremos adaptarnos a las nuevas exigencias que tendrán los viajeros.

Otro tipo de medida, de mediano plazo, y quizás la más importante porque significará en definitiva la transformación de este sector, apunta a la gobernanza del turismo en nuestro país y al cómo podemos brindar seguridad al visitante. Dada las circunstancias sanitarias, todo lo referido a los nuevos requerimientos de los viajeros, apunta a que la industria, así como ha desarrollado los Sellos de Calidad y de Sustentabilidad (otro aspecto que tampoco ha sido medido con certeza), tendrá que asegurar la entrega de condiciones sanitarias y de higiene que de ahora en adelante serán claves para atraer nuevamente a los turistas. Tal vez la creación de un sello o certificado pueda servir de apoyo inicialmente: Seguridad y Confianza aparecen entonces como los conceptos claves para retomar el contacto con los clientes.

El turismo tiene la capacidad de recuperarse y reinventarse gracias a la resiliencia de sus actores, a la capacidad y esfuerzo de la industria, y sobre todo a la inagotable confianza y dedicación de cada pequeño emprendedor respecto de su aporte social, económico y cultural que realiza con cada acción destinada a dar a conocer las bellezas escénicas y las bondades del país. No en vano son esos pequeños emprendedores, que con mayor responsabilidad han intentado proteger a sus trabajadores hasta el último momento sin pasarlos por la ceremonia de la Ley de Protección al Empleo impulsada por el Gobierno, los que han logrado que nuestro país sea pentacampeón del premio al mejor destino de turismo aventura de la WTA que con tanto orgullo twittean nuestras autoridades.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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