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MERCADOS

Definitivamente no es Lavín: la ansiosa búsqueda de Moreno de su “marca registrada”

por 27 julio, 2018

Definitivamente no es Lavín: la ansiosa búsqueda de Moreno de su “marca registrada”
Por más despliegue que haga todavía no consigue instalarse en la pole position de Chile Vamos ni hacerse de las banderas de la derecha social, las que otros enarbolan sin problemas, como el alcalde de Las Condes, Joaquín Lavín, el senador RN Manuel José Ossandón e, incluso, José Antonio Kast. En La Moneda lo ven desorientado, que carece de un símbolo político potente y desde la derecha afirman que su problema es que se ha quedado en lo técnico y no entiende que tiene que hacer política.
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Nadie discute que trabaja de lunes a lunes, tiene hasta tres actividades diarias, ha repartido bufandas azules a moros y cristianos, siempre está al lado del Presidente Sebastián Piñera en cuanto acto público se le requiere, se hizo cargo de la Comisión de Infancia y ahora tiene a cargo la que deberá elaborar el Plan para La Araucanía. El ministro de Desarrollo Social, Alfredo Moreno, no se da tregua, pero así y todo no logra dar en el clavo, encontrar su sello, esa “marca registrada” que lo sitúe en el radar político del electorado como en un lugar de la carrera presidencial en la derecha, que empezó antes de tiempo.

Como muestra, un botón. Solo esta semana, la agenda de Moreno ha tenido varios hitos: aparte del despliegue propio de los meses de invierno para resguardar del frío nocturno a la gente en situación de calle, ayer acompañó a Piñera en la firma del proyecto para cambiar el nombre de su cartera a Ministerio de la Familia y Desarrollo Social; por cuarta vez visitó Temuco; lideró la mesa de trabajo interministerial para el Plan Impulso Araucanía 2018-2026; hizo una entrega de tractor a una cooperativa mapuche gracias a una alianza público-privada entre Derco y Desafío Levantemos Chile y fue protagonista de la reunión entre el Lonco Aniceto Norín y Jorge Luchsinger Mackay, hijo del matrimonio asesinado en 2013 en Vilcún.

Pero por más despliegue que haga el ministro –quien ha expresado su abierta disposición a ser una alternativa viable para la derecha en la siguiente carrera presidencial–, no consigue instalarse en la pole position de Chile Vamos ni hacerse de las banderas de la derecha social, las que otros enarbolan sin problemas, como el alcalde de Las Condes, Joaquín Lavín, el senador RN Manuel José Ossandón e, incluso, José Antonio Kast.

Es cierto que solo lleva cuatro meses y medio en Desarrollo Social, aunque también lo es que Moreno no ha podido ”brillar” como se pensó originalmente cuando Piñera lo puso en esa estratégica pero compleja cartera. Es verdad que parte de la responsabilidad transversalmente apunta a las debilidades de su jefe de gabinete, Juan Pablo Longueira –hijo del ex hombre clave de la UDI–, quien no goza de las habilidades políticas de su padre y no por nada en Palacio le dicen “el niño del café”, lo que a ojos de muchos en La Moneda, el Gobierno y Chile Vamos, ha perjudicado al ministro.

Moreno hace marca donde puede y entre los privados es donde ha visto frutos de manera rápida. Ahí sus aliados están en todas partes. Las empresas, los gremios y los ejecutivos no tienen problema en asociarse al ministro y ven con buenos ojos aparecer “en la foto” con él. Lo hizo Mall Plaza cuando lanzó una campaña de invierno; la semana pasada Moreno almorzó con el gerente general de Enel (futuro gerente general de Cencosud) a fin de amarrar apoyos para el trabajo con la gente en situación de calle, y cuadró a Desafío Levantamos Chile en materias de desarrollo en la Región de La Araucanía.

Una observación que es compartida en el sector privado, donde atribuyen al hijo de Longueira su falta de llegada.“Ser una nueva figura política toma mucho tiempo y en eso Alfredo debe contar con apoyo de su equipo. No se ven tan seguro que su jefe de gabinete pueda cumplir ese rol”, precisó una fuente del mundo privado.

El debate público y político no gira en torno a las opiniones, actividades ni propuestas de Moreno y ese es su gran problema.Un análisis de la discusión en redes sociales durante las últimas realizado por la Universidad Central arrojó que la conversación virtual sobre pobreza -con más de 3 mil menciones sobre el tema- fue influenciada por tópicos como Venezuela y figuras como José Antonio Kast.

En La Moneda, incluso algunas autoridades, confiesan que ven a Moreno “desorientado”, muy disperso y que su problema es que no tiene un símbolo político real, no las bufandas azules que hace casi quince días usan varios en la administración piñerista, sino que uno de verdad, como la inclusión, tema del que se apoderó Lavín con su propuesta de crear viviendas sociales en la Rotonda Atenas.

“Vamos a tener un excelente, un brillante Plan Araucanía, pero no va a tener alma, la gente no lo va a sentir propio”, afirmó una autoridad de gobierno, aludiendo a que Moreno peca de exceso de intelectualidad y no aterriza a cosas prácticas ni concretas.

Dicen que el ministro tiene tres flancos por los no encuentra “su destino”, no ha podido tocar la tecla política adecuada: no ha llegado a la clase media, no tiene relato y no tiene carisma, ese no se qué con el que algunos nacen, que los convierte casi en rockstar cuando salen a terreno y que más allá de lo que digan, la gente se “encanta” con ellos. Y eso va más allá de cualquier agenda, despliegue ni cifra.

Según el análisis de la Universidad Central, Moreno tiene un 51% de valoración positiva, gracias a la difusión de las actividades relacionadas con la capacidad del gobierno y el despliegue del plan invierno para ayudar a la gente en situación de calle. El 32% de valoración negativa, se debe a que no ha logrado despojarse de la asociación pública con los casos de irregularidades en el financiamiento de la política, por su relación familiar con el Fiscal Nacional Jorge Abbott y por haber sido el jefe máximo de Penta tras la salida de Carlos Alberto Délano y Carlos Lavín.

En la derecha dicen que Moreno está haciendo un “gran trabajo”, que es un “excelente” ministro, que trabaja mucho y que se nota que está activo en diferentes temas, que su cultura empresarial lo ayuda mucho a la buena gestión que realiza desde el Ministerio de Desarrollo Social, pero reconocen que su problema es que "un ministro tiene que hacer política y él no lo hace”, que ese es un talón de Aquiles complicado, porque se ha quedado atrincherado en lo técnico.

Eso coincide con lo que señalan en Chile Vamos. En RN afirman que Moreno no tiene una buena relación con las tiendas de la coalición en general, en parte por falta de cultura política y en parte también –afirmó un histórico de la colectividad– por un cierto “desprecio” hacia los partidos, al rol que cumplen en un Gobierno y a la hora de sostener los liderazgos.

En el oficialismo agregan que el ministro no ha comprendido cabalmente que el tránsito que ha hecho de ser el líder de los empresarios a querer ocupar un lugar protagónico en la derecha social, “no es una conversión de seis meses”, sino que es una barrera difícil de sortear. “No lo entiende, está muy ansioso”, sentenciaron en Chile Vamos.

Dicha ansiedad –explicaron en la arena política y empresarial– se ha reflejado en algunos aspectos, como el no escatimar recursos para intentar conseguir su posicionamiento. También en la sobreexigencia que imprime en el ministerio, una que –aseguran– roza muy seguido con exceso de efectismo, ya que si algo o alguien no funciona inmediatamente, considera que no le sirve, que hicieron mal el trabajo y lo dice. Y además, su falta de autocrítica al creer que no logra dar con esa marca registrada por exclusiva responsabilidad de su equipo de trabajo y no de sus propias debilidades políticas.

No por nada Moreno ha buscado apoyo de forma directa en el mundo privado. Por ejemplo, reclutó a Octavio Vergara como director del Servicio Nacional del Adulto Mayor, quien venia de la Fundación Oportunidad Mayor de Nicolás Ibáñez y que logró llevarlo a su equipo después de un “telefonazo” directo a Ibáñez, con el argumento que era “importante” que llegara al gobierno. También recurrió a Libertad y Desarrollo, desde donde sumó a la subsecretaria de Evaluación Social, Alejandra Candia.

La inversión a futuro

En su mundo, el privado, son mucho menos críticos con el abordaje de Moreno. Ven su gestión con buenos ojos y a diferencia de las dificultades para consolidarse en la arena política, entre sus ex colegas del empresariado hay una buena observación de lo que ha hecho hasta ahora. Consultados varios círculos que han interactuado con el secretario de Estado, lo primero que sacan a colación para destacar sus aciertos es el acuerdo por la infancia, porque fue esa instancia en la cual consiguió –consideraron– resultados con una inédita transversalidad de actores.

Moreno hace marca donde puede y entre los privados es donde ha visto frutos de manera rápida. Ahí sus aliados están en todas partes. Las empresas, los gremios y los ejecutivos no tienen problema en asociarse al ministro y ven con buenos ojos aparecer “en la foto” con él. Lo hizo mall plaza cuando lanzó una campaña de invierno; la semana pasada Moreno almorzó con el gerente general de Enel (futuro gerente general de Cencosud) a fin de amarrar apoyos para el trabajo con la gente en situación de calle, y cuadró a Desafío Levantamos Chile en materias de desarrollo en la Región de La Araucanía.

El sector privado le ha respondido a Moreno. En efecto, una de las cosas que a nivel interno más conforme tiene al ministro es que, a través de la Confederación de la Producción y del Comercio (CPC), ha recibido apoyo para avanzar en el Mapa de la Vulnerabilidad.

A tono con eso, en el entorno de Moreno recalcan que uno de sus logros ha sido precisamente sumar al empresariado. “Es el único ministro que ha logrado involucrar al mundo privado en lo social, no solo con recursos, sino que con un compromiso real con los talentos, con los temas como la inclusión”, precisó Jacqueline Plass, asesora clave del Mindes para la alianza estratégica público-privada.

“La marca registrada del ministro es ser un gran moderador, él ha logrado sentar en una mesa al mundo público y privado, juntar las voces de ambos mundos, de gente que no dialogaba, él los ha juntado, porque ha estado en ambas partes, conoce las debilidades de ambos mundos y así los sienta a la mesa”, recalcó Plass.

En la segunda quincena de agosto se debería dar a conocer el Mapa de la Vulnerabilidad, algo en lo que Moreno tiene puestas sus expectativas. Se trata de un trabajo del ministerio en el que en estos cuatro meses han identificado una serie de grupos vulnerables, la nueva pobreza que hay en el país en áreas como la educación, la salud, la gente en situación de calle, para lo cual se están definiendo soluciones a corto, mediano y largo plazo. “Queda un largo camino por recorrer”, puntualizó Plass.

En el mundo empresarial mantienen las fichas puestas en Moreno. “Hay que darle tiempo”, aseguran desde el sector privado, donde creen que compararlo con el éxito político de personajes como Lavín no es justo. “Creo que el radar empresarial dice que lo ha hecho bien, no podemos compararlo con políticos de fuste. Es decir, para ser un ex gerente del grupo Penta, la instalación ha sido rápida, pero todavía va a demorar”, aseguró un observador del círculo empresarial.

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