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Así se mueven los mercados a merced de la política

por 16 septiembre, 2019

Así se mueven los mercados a merced de la política
Las tendencias negativas en la fabricación y la inversión globales son en gran parte efectos derivados de la política, no de una recesión tradicional a causa de un exceso de inversión y deuda. La guerra comercial entre EE.UU. y China ha generado un declive en el comercio global y la confianza en los negocios, cuyo impacto se ha sentido particularmente en la manufacturera y sensible a las exportaciones Alemania.
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La caída del mes pasado en los rendimientos de los bonos del tesoro a largo plazo asustó a muchos observadores del mercado, quienes temen una recesión y otro periodo prolongado de crecimiento económico lento. Sin embargo, se están fijando en la amenaza equivocada.

Si bien las bajas tasas de interés a principios de esta década se debieron al pesimismo económico –un desempleo alto y un exceso de deuda a finales de la gran recesión–, las bajas tasas de interés de hoy reflejan más la incertidumbre política y el pesimismo. Es más probable que un cambio en la trayectoria de las tasas se deba a un cambio en el entorno político que en el económico.

La mejor manera de demostrar que ese es el caso es observar qué eventos han causado que los mercados se muevan inesperadamente en los últimos meses. Sin duda, el avivamiento de la disputa comercial entre EE.UU. y China ha sacudido los mercados y ha enviado las tasas de interés hacia abajo. Las señales de una distensión o la perspectiva de conversaciones –como la que tuvimos el miércoles pasado– han generado repuntes del mercado de valores y una recuperación de las tasas de interés. Los titulares negativos relacionados con el brexit han perturbado a los mercados: la libra ha caído y el dólar se ha disparado. Los repuntes del dólar estresan los mercados globales y llevan a caídas de las tasas de interés.

Por el otro lado, cuando vemos señales de que un "brexit duro" es menos probable, la libra repunta. Las noticias no son malas en absoluto, pero son tan inciertas que los mercados se sacuden día a día.

Las tendencias negativas en la fabricación y la inversión globales son en gran parte efectos derivados de la política, no de una recesión tradicional a causa de un exceso de inversión y deuda. La guerra comercial entre EE.UU. y China ha generado un declive en el comercio global y la confianza en los negocios, cuyo impacto se ha sentido particularmente en la manufacturera y sensible a las exportaciones Alemania.

El lento crecimiento económico de Alemania ha causado que los rendimientos económicos alemanes sean cada vez más negativos. Los rendimientos cada vez más negativos de Alemania han llevado a que los rendimientos en otros países caigan para ser acordes a los movimientos en las tasas alemanas, de modo que la correlación entre los rendimientos alemanes y los rendimientos de los bonos del Tesoro de EE.UU. en los últimos meses ha estado cerca a 1. Pero, nuevamente, los mercados están inseguros, no en pánico: muchos inversionistas siguen esperando que Alemania considere un estímulo fiscal para evitar o escapar de una recesión.

Es el pesimismo por la política lo que ha afectado las tasas de interés en el mundo desarrollado. La lógica es más o menos esta: la guerra comercial entre EE.UU. y China nunca mejorará, y de hecho puede empeorar. Podría ocurrir un brexit duro perturbador en un futuro cercano. La confianza en la economía seguirá sufriendo, por lo que los volúmenes del comercio global caerán y los negocios no estarán dispuestos a invertir hasta que el entorno geopolítico sea más estable. Alemania caerá en recesión pero se negará a un estímulo fiscal a la altura de sus dificultades económicas. Finalmente, la disfunción política en Inglaterra y EE.UU. impedirá una respuesta de estímulo fiscal a gran escala que compense los impactos negativos del brexit y la guerra comercial.

Infortunadamente, todo en esta lógica negativa es posible.

Si la política es la razón del malestar económico, ¿puede la política sacarnos de él?

Tal vez dentro de 14 meses el presidente Donald Trump pierda la reelección contra un candidato demócrata favorable al gasto libre, como Bernie Sanders o Elizabeth Warren, que se comprometa a terminar la guerra comercial con China. La carga impositiva para los hogares se aliviaría, la inversión empresarial se recuperaría y el gasto gubernamental podría incrementar.

Imagine un cambio político en Gran Bretaña, como en el improbable escenario de que Jeremy Corbin se convierta en primer ministro. Los ricos podrían despreciarlo, pero un cambio como ese representaría un reordenamiento dramático del panorama político y podría proporcionar el impulso a la inflación y las tasas de interés para el que los mercados no están preparados.

Hay otros catalizadores políticos posibles. Tal vez un cambio político en Alemania generará una mayor voluntad para usar el estímulo fiscal de modo que apoye el crecimiento económico alemán y el global. Tal vez la Reserva Federal, ya sea por su cuenta u obligada por la Casa Blanca, cambie su enfoque aun más para apoyar el crecimiento económico y el mercado laboral, en vez de preocuparse por la inflación.

Si los mercados se llevan una sorpresa, ya sea por buenas o malas noticias, es más probable que el golpe sea político, no económico.

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