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¿Poner al INE a cargo de las cuentas nacionales de Chile?

por 16 julio, 2020

¿Poner al INE a cargo de las cuentas nacionales de Chile?
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Bajo este provocativo título, queremos poner el dedo en un tema importante para la sociedad chilena: la calidad de sus estadísticas. No puede haber una buena política económica y social sin un sistema estadístico de alto desempeño. El de Chile, según la opinión de las organizaciones internacionales, hace parte de los muy buenos en el continente latinoamericano. Pero muy bueno, dados los nuevos desafíos que enfrentan las economías, ya no es suficiente.

Aclararemos esto en un momento, pero la conclusión es clara: frente a estos desafíos, el INE es todavía una institución débil. Los repetidos errores en la fabricación del IPC y la rotación del cargo de director general son testimonio de ello. Se necesita un reclutamiento de calidad con un alto perfil técnico, se necesitan sueldos atractivos, se necesita una institución que sea muy respetada y valorada, que adquiera mayor independencia, en particular en el nombramiento de su director.

Una debilidad en este sentido es la brecha que existe en Chile entre el INE, que se encarga de las estadísticas básicas, y el Banco Central, que se encarga de las cuentas nacionales, el producto de síntesis estadística más importante y prestigioso. Sólo Corea del Sur y Bélgica, entre los países de la OCDE, y Costa Rica que se unirá pronto, siguen este modelo de separación.

Esto no es para poner en duda la calidad del trabajo realizado hoy por el Banco Central. El ingreso de Chile a la OCDE ha contribuido en gran medida a ello, a través de la mezcla de presión y emulación que esta institución ha ejercido sobre los estadísticos locales. Simplemente queremos subrayar el contraste: el Banco Central alberga a estadísticos que benefician del prestigio de un banco central, con una remuneración acorde y con la reputación que se atribuye a la producción de este buque insignia que son las cuentas nacionales. Y, al lado de ellos, ponemos a otros estadísticos, de segunda clase digamos, lo que no es bueno para su motivación. Además, los profesionales insisten en un factor clave para garantizar la buena calidad de las cuentas nacionales: debe haber una gran fluidez en el intercambio entre las personas que elaboran las cifras básicas (especialmente las encuestas de empresas, vitales para la elaboración de las cuentas anuales) y las que las sintetizan. Es a través de este diálogo cruzado que el trabajo de ambos mejora. Tal fluidez es obviamente más fácil de lograr dentro de la misma entidad.

Estamos hoy en medio de una revolución en el campo de la estadística, con cuestiones cada vez más complejas que requieren perfiles de alta calidad técnica. A riesgo de ser técnicos, subrayemos algunas de ellas.

El ingreso a la economía digital hace cada vez más difícil medir los precios. Por ejemplo, Waze está tirando a la basura los mapas de carreteras que solíamos guardar en nuestros autos: se trata de una gran innovación en un producto cuyo servicio está mejorando y cuyo precio está bajando, hasta el punto de ser cero o pagado por la publicidad. ¿Cuál es el aumento del volumen? ¿Cuál es la disminución del precio? Esto tiene importantes implicaciones para la medición del crecimiento y la inflación. La tarea es particularmente desalentadora en el caso de los bienes de capital, dado que la inversión empresarial es cada vez más inmaterial.

Otro ejemplo son las tradicionales encuestas anuales de empresas, en un momento en que, gracias a la informática, las grandes empresas pueden elaborar cuentas casi a diario, utilizando normas de contabilidad modernizadas. ¿No hay un nuevo tipo de recopilación de datos?

Los índices de precios tienen un potencial extraordinario en su modo de producción: ahora podemos explotar la fuente estadística que son las cajas de los supermercados, tipo Líder o Falabella. ¡Imagínese! Por fin podemos capturar en tiempo real las compras de cientos de miles de productos que cruzan los códigos de barras de estas tiendas.

Las estadísticas coyunturales, que son fundamentales para la elaboración de las cuentas trimestrales, también están experimentando grandes cambios ya que los datos de las tarjetas de crédito, los de geolocalización y la información blanda que proporciona Internet están ahora disponible. Los indicadores pueden construirse utilizando técnicas de análisis textual y de aprendizaje automático (machine learning) mediante el análisis semántico de textos económicos. Esto es todavía una prospección, pero hay que prepararse.

El autor de esta columna está muy consciente de que el problema del INE no se restringe para nada a su falta de control sobre las cuentas nacionales, las que son bien llevadas por el Banco Central. Estamos aquí ante un síntoma de otro problema mayor: la necesidad de reforzar las capacidades del INE mediante una inversión significativa en recursos financieros, en fortalecimiento de su independencia, transparencia y prestigio para asegurar que el sistema estadístico esté a la altura del desafío de una economía del siglo XXI.

 

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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