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Europa todavía no sabe el ABC de la respuesta a la crisis

por 5 julio, 2012

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Por Clive Crook, columnista de Bloomberg

Yo no comparto el entusiasmo de los mercados financieros por las últimas medidas de la Unión Europea para estabilizar la eurozona, y no espero que la excitación dure demasiado. Sin duda, la cumbre de la semana pasada hizo cierto avance: no fue la inmovilidad habitual. Sin embargo, hay una cosa que no cambió: Los gobiernos de la UE siguen cometiendo el mismo error básico.

Su error característico es combinar tres tareas distintas, cuando en realidad cada una requiere actuar con diferentes grados de urgencia. ¿Conoce el dicho, lo primero es lo primero? Según tengo entendido, es útil en las emergencias. Por ejemplo, antes de retirar los restos en ruinas de la autopista, sacar a los heridos de los autos, una idea de ese estilo.

El accidente en la zona del euro podría ser complicado, pero la secuencia correcta para manejarlo no. Primero, frenar la crisis de confianza que está llevando a gobiernos de lo contrario solventes a la insolvencia. Segundo, reparar el sistema fiscal y financiero para reducir las probabilidades de otra crisis. Tercero, abordar las causas subyacentes de las dificultades en la eurozona –a saber, la moneda única propiamente dicha.

Los líderes de la EU unen constantemente las tres instancias, con lo cual es más probable que fracasen por partida triple.

Compromiso total

La clave para el Paso 1 es un aumento del compromiso. Cuando la confianza en un deudor se derrumba y las autoridades quieren convencer a los mercados de que no se producirá una cesación de pagos, deben prometer rápidamente hacer lo que sea necesario. El respaldo ilimitado es, en general, lo más barato a la larga porque es creíble. En ese sentido, la cumbre de la semana pasada falló totalmente: no aportó ningún recurso nuevo a la tarea.

Los inversores se entusiasmaron cuando los líderes dijeron que el Mecanismo Europeo de Estabilidad podría intervenir en forma más flexible para respaldar los bonos españoles e italianos. El MEE ya puede hacerlo, de modo que no queda claro qué cambió. El primer ministro de Italia, Mario Monti, quería que el MEE fijara un tope explícito a los costos de endeudamiento de Italia, prometiendo intervenir si era necesario para frenar una infracción. Eso habría sido una novedad, pero la idea fue rechazada.

Hay que admitir que la cumbre significó un avance en otro sentido, al obtener una concesión de la líder alemana, Angela Merkel. Los gobiernos dijeron que el MEE podía apoyar a bancos en problemas directamente en vez de prestar a los gobiernos, reduciendo así la carga de la deuda para los afligidos emisores soberanos endeudados. A los mercados les gustó la idea, con toda razón. Lamentablemente, la promesa depende empero de un acuerdo para consolidar la supervisión de la banca de la UE. Esto también constituye en sí mismo una buena idea, pero elaborar los detalles llevará meses.

Lo peor de todo es que el MEE no recibió dinero nuevo para cumplir con sus obligaciones adicionales. El MEE tiene sólo 500.000 millones de euros (US$630.000 millones), en su mayor parte ya asignados. Haría falta una suma mucho mayor, de 2 billones de euros y más, para hacer lo que Monti quería y respaldar un compromiso de limitar las tasas de interés para los gobiernos de la eurozona en problemas.

Idealmente, la UE debería comprometer recursos ilimitados para la tarea. El Banco Central Europeo puede emitir todos los euros que necesite. Los economistas esperan que el banco baje las tasas de interés mañana, y con el desempleo en la eurozona todavía en alza, debería hacerlo. Pero Europa necesita que su banco central haga mucho más que eso. El banco debe respaldar un MEE abierto o actuar por sí mismo como prestamista de última instancia.

Alemania y algunos otros países nórdicos europeos insisten constantemente en que el compromiso es demasiado peligroso. Si el BCE prestara sin límite a España e Italia, ¿por qué sus gobiernos habrían de reducir su endeudamiento ahora o en el futuro?

Nuevas reglas

Buena pregunta, pero la respuesta está en el Paso 2. Si el BCE se transforma en un verdadero prestamista de última instancia, tal como lo exigirá controlar esta emergencia, harán falta nuevas reglas fiscales. Alemania tiene razón en eso. Diseñar nuevas reglas y redactarlas como legislación para la UE lleva tiempo, empero, y el tiempo para frenar esta crisis se está agotando.

Merkel está convencida de que lo que se necesita es presión, no tiempo. Europa requiere una recesión, un desempleo alto y la amenaza de una quiebra indiscutida para elaborar nuevas normas efectivas. De lo contrario, Europa del sur gastará como si el mañana no existiera. Bueno, España tenía superávit fiscal antes de que se produjera la crisis, e Italia redujo su déficit antes de que los mercados amenazaran con un desastre inminente. De todos modos, si usted está convencido de que sus socios son unos gandules incompetentes, ¿para qué se asocia con ellos, por empezar? Si Alemania tiene razón, ¿cómo puede llegar a funcionar alguna vez una unión política más estrecha –justamente lo que Merkel dice querer?

Lo primero es lo primero. Estabilizar la economía de la EU ya mismo. Poner a la discusión nuevas reglas fiscales –Paso 2- en una vía aparte. Si los temores de Merkel se hacen realidad y el esfuerzo no llega a ninguna parte, Alemania y sus amigos pueden reducir los nuevos poderes del BCE o repensar otros aspectos de la integración de la UE.

Si todo funciona bien, se avanzará al Paso 3: aprender a vivir con la moneda única. Esta es la tarea más difícil de Europa, y la que llevará más tiempo.

Una economía del euro próspera requiere una reforma estructural país por país, de modo que los acuerdos para fijar los salarios no arruinen la competitividad alejando los costos de mano de obra. Requiere una medida prudente de integración fiscal y, por ende, política –totalmente distinta de las nuevas reglas del Paso 2 para limitar los déficits y las deudas nacionales- para que las divergencias cíclicas den lugar a una compensación de las transferencias fiscales. Requiere mucha más migración intra-Unión Europea, uno de los remedios más potentes para el desempleo estructural.

Europa tendría que haber actuado siguiendo este programa incluso antes de que se creara el euro –el programa que posteriormente desdeñó durante la primera década del euro. Si la UE quiere tener éxito y que la moneda única sobreviva, los líderes de Europa deberán adoptar estas ideas con vigor en los próximos años.

Primero, no obstante, deben frenar esta crisis. El resto será académico a menos que los líderes de Europa respondan al reto inmediato –y hasta ahora muestran pocos indicios de hacerlo.

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