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Opinión

Un país en reconstrucción: urgencia y largo plazo

por 5 febrero, 2017

Un país en reconstrucción: urgencia y largo plazo
ecesitamos cambiar el paradigma de la reconstrucción, como una tarea de mera infraestructura, hacia una mirada de recuperación de los ecosistemas. Hoy “reconstruir” la calidad del agua que tomamos, el aire que respiramos y los bosques que plantamos, ya no es una cuestión meramente ambientalista, sino una condición necesaria para la superación de la pobreza y la justifica social.
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Con el impacto de los mega incendios forestales de este verano, una gran parte del territorio nacional estará en procesos de reconstrucción. Desde el megasismo 8.8 y tsunami del 2010, pasando por el terremoto en Tarapacá, el aluvión en Atacama, el efecto devastador de la sequía, los incendios urbanos en Valparaíso, y ahora las zonas afectadas desde O´higgins hasta La Araucanía, no nos queda más que asumir que somos un país en reconstrucción, pero ¿qué estamos construyendo para el futuro?.

Sin duda que es urgente responder a las familias, solidarizar con el dolor ajeno y tener un sentido de urgencia con esta desgracia. Pero no podemos quedarnos ahí, el riesgo de los desastres naturales sigue siempre latente y somos una sociedad en permanente reconstrucción. Para enfrentar este desafío hay tres lineamientos mínimos que como sociedad debemos ser capaces de discutir y resolver, más allá de las diferencias históricas y las crisis de confianza, no podemos dejar de organizarnos para afrontar nuestra realidad y vulnerabilidad ante la naturaleza y el cambio climático.

Se requiere el liderazgo a nivel de Estado para avanzar hacia una planificación territorial que ponga énfasis en la seguridad y calidad de vida de las personas. ¿Por qué no empezamos a construir las escuelas públicas con criterios que permitan transformarlas en albergues de calidad y ganar en efectividad cuando es necesario ir en ayuda de los damnificados?

Primero, redefinir el rol de las Fuerzas Armadas. ¿Tiene sentido acaso seguir destinando recursos públicos para dotarlas de más armas, más bombas y más tanques, para que estén preparados para una guerra que tal vez nunca llegará? Hoy el principal enemigo de la seguridad nacional son los desastres naturales y el cambio climático, por lo que es urgente que las FF.AA focalicen sus esfuerzos, desarrollo, preparación de personal y compra de equipamiento en tener las herramientas adecuadas para afrontar los desastres naturales. En el futuro es más probable que seamos afectados por un tsunami de gran magnitud a que nos invadan los hermanos peruanos, bolivianos o argentinos y de pasada, podríamos ser un ejemplo de paz en el mundo.

Segundo, dotar a los gobiernos y líderes locales de capacidades. ¿Qué pasa si un desastre natural es de tal magnitud que desconecta el país?, lo que estuvo muy cerca de suceder el 2010. Es urgente que desde las juntas de vecinos, pasando por municipios e intendencias, cuenten con las capacidades humanas, técnicas, operativas y económicas para afrontar de forma autónoma un desastre natural. Ciudades como Antofagasta, Valparaíso y Concepción deben estar operativa, tecnológica y financieramente preparadas para asumir su liderazgo. ¿Qué pasa si el próximo 8.9 es en el centro de Santiago? Es urgente prepararnos para eso.

Tercero, realizar una planificación territorial efectiva. No resiste análisis que un pueblo como Santa Olga, sea vecino -con ese nivel de cercanía- de una plantación forestal de pinos y eucaliptus, lo que no es muy distinto de lo que ocurre con el desarrollo forestal a espaldas de los cerros de Valparaíso. Se requiere el liderazgo a nivel de Estado para avanzar hacia una planificación territorial que ponga énfasis en la seguridad y calidad de vida de las personas. ¿Por qué no empezamos a construir las escuelas públicas con criterios que permitan transformarlas en albergues de calidad y ganar en efectividad cuando es necesario ir en ayuda de los damnificados? Territorializar la mirada, nos obligaría a mayor cooperación entre los actores, lo que impactaría enuna respuesta más efectiva ante esta amenaza permanente.

Pero hay una última tarea que es esencial y quizá el punto de partida de una nueva política en torno a los desastres naturales. La comunidad, las Ong´s y el Estado deben entender que lo social y lo ambiental son hoy un mismo problema y por lo tanto una misma responsabilidad.

Necesitamos cambiar el paradigma de la reconstrucción, como una tarea de mera infraestructura, hacia una mirada de recuperación de los ecosistemas. Hoy “reconstruir” la calidad del agua que tomamos, el aire que respiramos y los bosques que plantamos, ya no es una cuestión meramente ambientalista, sino una condición necesaria para la superación de la pobreza y la justifica social. Si no pregúntele a las familias de Santa Olga. El camino es largo, entre antes empecemos mejor.

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