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El País es un Organismo Enfermo

por 4 julio, 2012

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El país está enfermo porque no tiene defensas. A mí suelen decirme que me he quedado "pegado" en el pasado. Pero yo veo muchas cartas y columnas sobre el Museo de la Memoria y temas similares, y ninguna la he escrito yo. Es el país el que está "pegado" en el pasado. Y lo está porque sabe que está enfermo de lo mismo que en el pasado. Cuando el 11 de septiembre de 1973 el general Leigh dijo que iban a "extirpar el cáncer marxista" se equivocó. No lo extirparon. Bastó un Aylwin para revivirlo. Y basta un Piñera para que rebrote más.

El Museo de la Memoria es una institución privada marxista que exhibe una versión manifiestamente falsa y sesgada de la historia reciente de Chile. Sin embargo, recibe más de mil millones de pesos anuales del presupuesto, que hace aprobar cada año (teniendo él iniciativa exclusiva para los gastos) un gobierno sedicente (porque su cabeza no lo es) "de centroderecha". ¿Alguien osaría pensar que ese gobierno se atrevería a suprimir el referido ítem de la propaganda marxista?

Vi una foto de la "sala Lonquén" de dicho museo. ¿Ustedes creen que ahí se ilustra sobre la persecución que una familia de extrema izquierda y sus allegados y afines desataron durante la Unidad Popular contra gente que no era de sus ideas? ¿Ustedes creen que ahí se informa que la vindicta encabezada por carabineros rasos de Lonquén, poco después del 11, y también por civiles, que terminó en la eliminación física de los marxistas autores de los abusos, nunca fue siquiera conocida, ni menos ordenada, por la Junta de Gobierno? Pues ni siquiera supo de ella el Comisario de la unidad policial. Por supuesto, la "Sala Lonquén" del Museo de la Memoria no informa de nada de eso, sino que se preocupa exclusivamente de destacar el horror de las ejecuciones y los entierros y de asignárselos al Gobierno Militar. Es como si en un "Museo de la Memoria de Hitler" éste se concentrara en los horrores de los bombardeos de Bremen y Hamburgo, y no dijera nada más de la II Guerra Mundial.

El otro día intervino la Directora de Bibliotecas, Archivos y Museos, Magdalena Krebs, en la polémica sobre el Museo de la Memoria, y dijo una verdad elemental: que si está financiado con dineros públicos debía exhibir el contexto completo de las situaciones que mostraba. Pero surgió un vocerío que pedía su renuncia y ella se atemorizó y tuvo que retractarse parcialmente de sus dichos. Pues en Chile está prohibido, de hecho, defender la verdad completa, porque los recursos públicos, como en el caso del Museo de la Memoria, están dedicados a ocultarla o disfrazarla. Y si uno intenta defenderla, lo amenazan o agreden. Se ha impuesto una mentira oficial.

Lo que se sabe o no se sabe del pasado reciente lo determinan los marxistas. Si usted pretende comunicar una verdad distinta de esa mentira oficial lo golpean los encapuchados en la calle y, si es funcionario o funcionaria y demanda objetividad, exigen su renuncia. Son ellos los que mandan. Orwell dijo: "El que controla el pasado, controla el presente. Y el que controla el presente, controla el futuro". ¿Quién es ése, en el Chile hoy? El marxismo. Hasta ha propuesto una ley para sancionar penalmente a los que discutan su versión del pasado.

Está prohibido hasta saber de qué nos libramos. El otro día un profesional distinguido refirió que, poco antes del 11 de septiembre de 1973, un obispo de izquierda que era amigo suyo e iba a viajar a Europa le relató que uno de sus amigos de extrema izquierda le había advertido que, cuando se encontrara allá, iba a tener noticias sangrientas de Chile, porque aquí habría un golpe revolucionario con 200 mil muertos, pues había que asegurarse de que "la burguesía no volviera a levantar cabeza". Por supuesto, estaba todo en el "Plan Z" y la fecha del golpe era el 19 de septiembre de 1973. La izquierda hoy dice que el "Plan Z" era inexistente. Pero hubo un obispo de izquierda que sabía que no. De eso nos libraron los militares, pero está prohibido recordarlo.

En un reciente informativo del Plan Ahora que circula en internet fueron detalladas todas las partidas del presupuesto del Instituto de Derechos Humanos del Ministerio del Interior. Esa es otra creación marxista, funciona como tal e insume otros miles de millones de pesos anuales que le asigna en el presupuesto el "gobierno de centroderecha" (risas en la sala). ¿Ustedes creen que el gobierno de Sebastián Piñera se atrevería a redestinar esos recursos a la lucha efectiva contra el delito, el vandalismo y la violencia subversiva? Jamás se atrevería. La izquierda lo lapidaría. Las legiones de abogados de izquierda del Instituto, financiados por el presupuesto, se dedican a querellarse contra militares en retiro por hechos de hace más de treinta y cinco años y a agravarles las penas, cuando pueden. Todo, por supuesto, en directa contradicción con la promesa que el candidato Piñera les hiciera a los uniformados en retiro. Y esa legión de abogados marxistas llega a la sevicia (crueldad), como en el caso de hace poco, en que apelaron ante la Corte Suprema una sentencia que había condenado a 541 días de presidio remitido (que se cumplen en libertad) a cinco hoy ancianos oficiales, por hechos de 1973. El ministerio del Interior apeló para que se les aumentara la pena. Y la Sala Penal marxista de la Corte Suprema entonces la aumentó a cinco años y un día de presidio efectivo. Pura vindicta ilegal, ¡por iniciativa del gobierno! Ahora el único problema es que los ancianos condenados no caben en Punta Peuco, donde deben entrar en estos días.

¿Y quién manda en el sur? El marxismo armado. Hoy el diario informa que un anciano agricultor abandonó su hogar a raíz de las amenazas de la guerrilla. Se lo incendiaron, pero escapó vivo. Otro agricultor, de nacionalidad alemana, está herido de bala en el Hospital Alemán de Temuco. Ya mandó a su familia de vuelta a su patria y él se irá apenas pueda, llevando lo que le dejó la banda asaltante. Nadie sabe cómo pudo ocurrírsele venir a Chile a trabajar un campo en el sur. ¿Y qué hace el ministerio del Interior? Sus abogados marxistas persiguen a ex uniformados septuagenarios, les agravan las penas y les inician nuevos procesos. Cuando llegó este gobierno de "centroderecha" (nuevas risas en la sala) había 300 querellas. Ahora van mil. Acogidas con aplausos por los ministros sumariantes de izquierda dedicados a encarcelar ilegalmente a uniformados (r).

¿Soy yo, entonces, el que está "pegado en el pasado", o es el país? El país, por supuesto, porque siente que está enfermo, que el "cáncer marxista" a que aludía Leigh no sólo no fue extirpado, sino que ha rebrotado y se extiende. Sus tumores son de tres clases: el del odio --agresión al adversario que discrepa--; el de la violencia --destrucción insana de bienes privados y públicos--; y el de la mentira --"verdad oficial" y repudio o amenaza contra quienes propalen la verdad completa. Esos tumores brotan en diferentes órganos del cuerpo social. Y éste no tiene defensa, porque una vez más han desertado de ella los kerenskys de siempre (hasta recorren el territorio en compañía de jefes marxistas) y ahora también los "arrepentidos", los que se han dado vuelta la chaqueta y se han convertido en cómplices y propaladores de la mentira oficial.

Sí. El cuerpo social está enfermo. Ha perdido sus defensas y no se ve a nadie que lo pueda sanar.

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