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Matrimonio ¿sólo entre un hombre y una mujer?

por 20 diciembre, 2012

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Todos hemos escuchado estas frases más de alguna vez. Seguramente, la hemos oído en alguna sobremesa donde se discuta sobre la homosexualidad, como también, la escuchamos muy seguido de la boca de algún político o autoridad de moda. Sin más, nuestro presidente ha sostenido que el “matrimonio debe ser entre un hombre y una mujer”; al igual que el precandidato Laurence Golborne, que insistió en lo mismo. El segundo “argumento” es algo menos común, quizás por ser más fuerte o menos populista, de todos modos, hay muchos que sostienen que la homosexualidad no es “natural”. Pareciera que basta decir las palabras mágicas para acabar con cualquier debate, teniendo el interlocutor que entender de inmediato el peso del argumento y desistir en la discusión, en circunstancias que ambos enunciados, son completamente inaceptables e irrelevantes.

La primera afirmación es falsa e insuficiente. Decir “el matrimonio es entre un hombre y una mujer”  (y por ello no puede haber matrimonio homosexual), es lo mismo que decir que no puede haber matrimonio homosexual “porque no” o “porque siempre ha sido así”. Los defensores de estos argumentos muestran, por un lado, una preocupación semántica incomprensible, pero en el fondo, buscan ocultar sus verdaderos pensamientos detrás este tipo de eslóganes. Hay quienes afirman: “que hagan un contrato o un acuerdo de vida en pareja, pero no matrimonio, porque no se puede llamar así”. Lo extraño es que, aun hablando sobre el matrimonio homosexual sin adopción, siguen sosteniendo lo mismo. Entonces, ¿qué es lo que realmente les preocupa? ¿El “mal uso” de la palabra “matrimonio”?

Suponer que lo relevante es el concepto y su inmutabilidad no tiene sentido. Significa desconocer el carácter mutable del lenguaje, el cual está en constante cambio y evolución, por lo que, no es nada raro que aparezcan y desaparezcan palabras, como tampoco lo es que un término existente cambie de significado. Por de pronto, la RAE cambió hace poco su definición de felicidad de “estado de grata satisfacción espiritual y física” por “estado del ánimo que se complace en la posesión de un bien”. Pese a lo discutible que puede ser una u otra definición, lo cierto es que la RAE define según el concepto que se usa actualmente en la sociedad (o el que ellos creen que se usa), por lo que, podríamos decir que una definición puede cambiar con el tiempo y que el matrimonio no es necesariamente heterosexual. En los países donde se ha regulado el matrimonio entre personas del mismo sexo, es evidente que esta unión NO es, por definición, entre un hombre y una mujer. La misma RAE define matrimonio civil como “El que se contrae según la ley civil, sin intervención del párroco”, y como sabemos, la ley civil varía según el país en que estemos, por lo que el concepto puede ser distinto en cada uno de ellos.

Por otra parte, se podría pensar que el problema está en el origen del vocablo. Matrimonio viene del latín matrimonium y significa “cuestión, deber, condición, calidad de madre”. Esto no tiene nada que ver con que la palabra deba usarse siempre en su sentido originario.

En segundo lugar, si lo que les preocupa es la tergiversación de su institución, debemos pensar que el matrimonio civil es una institución jurídica que, al igual que el lenguaje, puede cambiar con el tiempo. El ejemplo más evidente de esto lo encontramos en el concepto de persona que, en el ámbito jurídico, es el sujeto de derecho.  En la antigüedad, los esclavos no eran considerados personas (no tenían derechos), luego, todo ser humano paso a ser considerado persona, y actualmente, se han incluido junto a las personas naturales las personas jurídicas. La institución ha ido evolucionando y adaptándose a los cambios socio-culturales, por lo que hoy, una empresa (persona jurídica) no solo puede tener derechos y contraer obligaciones, sino que incluso puede tener responsabilidad penal. Ante esto, nadie reclamaría que se deba usar otro vocablo porque “persona” solo se puede aplicar a los seres humanos y no se debe modificar la concepción que se tuvo antiguamente. Esta clase de argumentos deben ser superados y sus defensores deberían manifestar las verdaderas razones de su oposición, para así, finalmente, saber con quién estamos hablando.

Junto a lo anterior, es común escuchar que “la homosexualidad no es natural”,  justificando con ello diversas posiciones (oposición al matrimonio homosexual, adopción homoparental, homosexualidad como enfermedad, aberración). Más allá de la conclusión a la que llegue quien afirma lo “no natural” de la homosexualidad, lo que interesa es demostrar lo irrelevante de la premisa.

Los sectores conservadores dicen que una relación homosexual no es natural porque lo natural es la heterosexualidad y la procreación. Muchas veces, tras estas posiciones hay fundamentos religiosos, por lo que, resulta curioso que no perciban que ese argumento de “no natural” se podría aplicar al celibato del clérigo o a cualquier renuncia consciente de la sexualidad. Tomás de Aquino señalaba que la sexualidad (heterosexual para procrear) era un bien, y que los sacerdotes renunciaban a dicho bien por un bien supremo (Dios), lo cual hacía que el celibato fuera un acto bueno (en estos términos, ¿puede ser el bien supremo de un homosexual el amor?). Si lo natural fuera la procreación y las relaciones entre parejas de distinto sexo, habría (para ellos) una conducta no natural mala (homosexualidad) y otra conducta no natural buena (celibato). Si esto fuera cierto, afirmar que algo no es natural sería insuficiente, dado que puede ser no natural bueno o no natural malo, entonces, habría que probar porque es malo. Es curioso escuchar gente conservadora y apegada a la religión católica afirmar que “la homosexualidad no es natural” como si, por solo este hecho, se concluyera que la homosexualidades una conducta inmoral.

No basta la simple apelación a lo “no natural” de cierta conducta (para los que creen que la homosexualidad no es natural); deben ir más allá y demostrar por qué, según ellos, esta conducta es “mala”  (y por qué se oponen al matrimonio igualitario).  

Decir que los homosexuales pueden tener un Acuerdo de Vida en Pareja, y que se debe llamar de otra forma distinta al matrimonio, es discriminatorio. El proyecto de AVP que ha presentado el Gobierno es insuficiente. Seguramente es un avance, porque ante la nada solo podría haber un avance, pero que regule solo bienes muebles o que no constituya estado civil es una broma de mal gusto. Jonathan Richardson escribió una carta al diario La Tercera (15/07/2011), que leí hace poco en la página de la fundación Jaime Guzmán, en la que afirma “los homosexuales hablan del matrimonio como si se tratara de una institución que sólo entrega derechos sin exigir responsabilidades. Y el matrimonio es principalmente una institución de responsabilidades: engendrar y criar hijos. i se elimina esta responsabilidad de procrear, del concepto de matrimonio, va a cambiar su significado también para las parejas heterosexuales, porque no pueden existir dos definiciones para el mismo concepto”. El señor Richardson se equivoca si cree que solamente “los homosexuales” buscan un matrimonio igualitario, también hay muchos heterosexuales que, por razones de justicia, comparten esta lucha. Además, el matrimonio no es principalmente para “engendrar y criar hijos” (lo que dejaría fuera a personas infértiles además de homosexuales). El matrimonio regula la convivencia de dos personas que, por razones de afecto han decido institucionalizar un proyecto de vida en común. El Estado debe entregar las herramientas para que los homosexuales puedan desarrollar sus planes de vida, porque el matrimonio no es principalmente para “engendrar y criar hijos”; el matrimonio es principalmente amor y en eso no hay distinciones de género. No hay problema con que el concepto vaya a “cambiar su significado”. eso es lo que exigimos.

(*) Texto publicado en El Quinto Poder.cl

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