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Análisis

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CEP: la importancia de una primaria sexy

por 4 enero, 2013

CEP: la importancia de una primaria sexy
Por mucho aprecio que genere la ex presidenta Bachelet, otros números de la encuestan prueban que la lealtad de los electores en el momento de levantarse e ir al centro de votación no es segura.
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Aunque los datos de la encuesta CEP resultaron ser bastante similares a lo que se respiraba en el ambiente, no deja de llamar la atención que las primarias de la Coalición, que tiene serias probabilidades de perder la elección, son las más atractivas para la opinión pública y para el electorado en general.

No solamente porque una de las cosas que mostró el sondeo es que la tesis original de Golborne de que él debía ser el ungido de la Alianza, porque en realidad era el más competitivo frente a Bachelet, se cae, sino porque en la misma discusión y en la elección se definirá cuál será el modelo de derecha que predominará para los siguientes años.

Lo primero quedó definitivamente desterrado, con el dato que la ex presidenta Bachelet, si las elecciones fueran ahora, los derrotaría en primera vuelta a ambos. Este hecho dramático fue reconocido por quien se está convirtiendo en el Pepe Grillo de la Alianza: el ex alcalde y actual candidato a senador, Manuel José Ossandón

La tabla de dicha papeleta, tomada de la encuesta CEP es decisiva:

Más aún, los otros candidatos de la Concertación, pese a los ingentes esfuerzos místicos de unos, la inversión en publicidad de otros y el copamiento de la agenda pública con temas ciudadanos abiertamente derrotados, no logran hacerse competitivos. Marco Enríquez-Ominami es la única alternativa seria en el mundo de la centroizquierda. Y al frente, la ex presidenta que no solamente no está en la contingencia, sino que con su contundente expresión sobre la angustia y su dead line de que hablará en marzo, les quita dos valiosos meses en su posibilidad de confrontarla.

Suena extraña esta hipótesis, pues para la actual oposición es un regalo no merecido tener a una candidata tan validada como la ex presidenta Michelle Bachelet. Pero falta demasiado tiempo para las elecciones, demasiado, y como se probó en las pasadas municipales unas primarias mediáticas y competitivas agregan valor para el candidato final. Lo sabe muy bien Josefa Errázuriz, cuyo despegue empezó después que derrotara al candidato de la Concertación y al de las redes sociales, logrando lo que parecía imposible, desbancar a Cristián Labbé.

Y por cierto, la encuesta CEP validó el silencio de Bachelet, no solamente en una dimensión de ética pública, contradiciendo el cuestionamiento en ese sentido del Rector Peña en su habitual homilía de los domingos en El Mercurio, sino incluso práctica, pues no existe en la opinión pública cuestionamiento alguno a cómo está actuando la ex presidenta. Su concepto de que ya vendrán los tiempos de debatir los contenidos de la presidencial es compartido por la ciudadanía tal como lo refleja la encuesta. Pese a que día por medio surge algún orador hábil que cuestiona con catilinarias su silencio, la evidencia muestra que son estrategias fallidas.

Por eso resulta más incomprensible aún la lógica de desprestigiar a quienes, dentro de la Concertación, aceptaron ir a primarias contra Bachelet. Se trata de una cierta pasión excesiva por tener ordenadas las filas opositoras, pero debilitar a los otros candidatos es un mal negocio, pues le quita atractivo a las primarias de la oposición.

Si las de la Alianza son más atractivas para la opinión pública, pueden galvanizar a los votantes de derecha, y forzar una segunda vuelta, en especial si los votos más blandos de Bachelet sospechan que la elección está ganada y por tanto tienen menos incentivos para ir a votar. Eso ya pasó en varias comunas para las municipales, y ha empezado a ser conocido como “el síndrome del balcón” haciendo referencia a la vergüenza que pasó la coalición de gobierno que empezó a celebrar antes de tiempo la reelección del alcalde Pablo Zalaquett.

Suena extraña esta hipótesis, pues para la actual oposición es un regalo no merecido tener a una candidata tan validada como la ex Presidenta Michelle Bachelet. Pero falta demasiado tiempo para las elecciones, demasiado, y como se probó en las pasadas municipales unas primarias mediáticas y competitivas agregan valor para el candidato final. Lo sabe muy bien Josefa Errázuriz, cuyo despegue empezó después que derrotara al candidato de la Concertación y al de las redes sociales, logrando lo que parecía imposible, desbancar a Cristián Labbé.

Ese puede ser uno de los efectos de la contienda Allamand-Golborne en la Alianza. La estrategia del primero de colocar ideas por sobre popularidad está teniendo éxito. Hay que recordar que es la derecha la que votará principalmente y en el caso de una alta tensión mediática, podría darse el resultado inesperado que voten muchos más en una primaria peleada, que en la vereda del frente donde los contendores no superan el 5 %. Por mucho aprecio que genere la ex presidenta Bachelet, otros números de la encuestan prueban que la lealtad de los electores en el momento de levantarse e ir al centro de votación no es segura.

Una de las preguntas más ingeniosas es la que indaga respecto a si los consultados habían ido a votar. Un 56 % dijo que lo había hecho, siendo que en realidad fue un 41 %. Lo más probable es que se haya producido lo que en la literatura se conoce como “espiral del silencio”, donde a las personas les da vergüenza reconocer que no fueron a votar. Ergo, Eloísa Gonzalez, que se atribuyó como victoria suya la alta abstención, no está pasando gato por liebre.

Más adelante la encuesta CEP le pregunta a los mismos electores respecto a la disposición a votar en la presidencial, y un 54 % dice que sí lo hará. Por tanto, una simple regla algebraica nos lleva a suponer que la abstención en la presidencial, salvo que sea muy reñida, será muy similar a la de las municipales. En esos escenarios, como se demostró para las municipales, las predicciones de las encuestas empiezan a volverse inestables y, por tanto, el panorama político mucho más líquido.

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