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El incorruptible pro-Mapuche

por 8 enero, 2013

Él podría haber optado por tomar el lado de los vencedores y mimetizarse en ese discurso, pero Erlandsen era incorruptible, tenía una concepción de la ética periodística bastante sólida y prefería ir siempre a terreno por la comodidad de un despacho. No dudo, por tanto, comunicar la voz de los mapuches en el diario El Correo de Valdivia, hoy El Austral, como también en diversos medios extranjeros donde era corresponsal y firmaba muchas veces con el seudónimo de Overland.
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En los últimos años se había caído en la pasividad de no sopesar la importancia del incendio mediático provocado por el conflicto mapuche. Mientras más lejano se estaba de sus brasas, poco se hacía por apagarlo o lo que es peor, poco importaba verdaderamente para la gran mayoría de la población.

Las últimas muertes de este conflicto son síntomas de una sociedad centralizada, lejana y egoístamente solidaria. Cuando se toca a uno de los nuestros, es decir, al chileno no mapuche, va el país entero en declaración de guerra contra los insurgentes, los incivilizados a nuestros ojos occidentales.

Estamos en vía de una nueva Pacificación de La Araucanía. Una campaña militar que se llevó a cabo entre los años 1861 y 1883, y lo que menos tenía entonces era ser pacífica. Ahora ha resurgido con el mismo ímpetu con lenguajes de guerra interna como la Ley Antiterrorista y el eco de conceptos como “estado de sitio”, “zonas militarizadas”, entre otros, todo bajo el marco de un film de blancos e indios, con Píñera y Chadwick de sheriffs.

Tanta obstinación del Estado chileno de hacer oídos sordos al pueblo mapuche ha llevado a la transformación de movimientos moderados a radicales en el sur del país. ¿Y qué creían que iba a salir de ello? ¿Cuánta rabia y resentimiento se podría haber ahorrado el pueblo mapuche si hubiese sido más comprendido —que escuchado— por los distintos agentes de la sociedad civil chilena?

Él podría haber optado por tomar el lado de los vencedores y mimetizarse en ese discurso, pero Erlandsen era incorruptible, tenía una concepción de la ética periodística bastante sólida y prefería ir siempre a terreno por la comodidad de un despacho. No dudo, por tanto, comunicar la voz de los mapuches en el diario El Correo de Valdivia, hoy El Austral, como también en diversos medios extranjeros donde era corresponsal y firmaba muchas veces con el seudónimo de Overland.

Vale la pena nombrar en este caso al profesor y periodista Oluf Erlandsen González, hijo de un inmigrante noruego, que, en enero año 1907, fue uno de los tres (junto al sacerdote capuchino Fray Sigfrido de Franenhands y el periodista Aurelio Díaz Meza) privilegiados no-mapuches de estar presentes en el último Parlamento mapuche de Coz Coz en la ciudad de Panguipulli, donde se reunieron cerca de dos mil loncos y caciques. Allí fue testigo de la sistemática campaña de apropiación de tierras, abusos, engaños y difamaciones contra este pueblo.

Cito sus palabras con relación a lo que él vio y escucho en el sur: “Es curioso lo que allí pasa…va un fulano y pide permiso para estar en su casa unos cuántos días…este señor se queda un largo tiempo. Después, hace un cerco donde le parece mejor, por último, considera a ese indio como un inquilino”. Agregando: “….existe la creencia de que los indios son escasos y cobardes, y esto alienta al mayor número de los que hoy son ricos propietarios en esas regiones para molestarlos, para robarles, estrecharlos y aún matarlos”.

Él podría haber optado por tomar el lado de los vencedores y mimetizarse en ese discurso, pero Erlandsen era incorruptible, tenía una concepción de la ética periodística bastante sólida y prefería ir siempre a terreno por la comodidad de un despacho. No dudo, por tanto, comunicar la voz de los mapuches en el diario El Correo de Valdivia, hoy El Austral, como también en diversos medios extranjeros donde era corresponsal y firmaba muchas veces con el seudónimo de Overland.

A comienzos del siglo XX, era fácil caer en el caldo de cultivo de las difamaciones diarias que se escuchaban en la época, como las señaladas años antes por El Mercurio: “Los hombres no nacieron para vivir inútilmente y como los animales selváticos, sin provecho del género humano; y una asociación de bárbaros tan bárbaros como los pampas  o como los araucanos no es más que una horda de fieras, que es urgente encadenar o destruir en el interés de la humanidad y en el bien de la civilización”.

Sin embargo, Oluf Erlandsen era un periodista íntegro que viajó a la zona de Temuco y Valdivia, reporteando el tema de los mapuches, entre otros. Fue un hombre tremendamente honesto, objetivo en sus relatos, sensible ante los temas mapuches, razón por la que contó con toda la confianza de éstos.

Ciento cinco años después (18 de enero es el aniversario) del último Parlamento mapuche, queda constancia que Erlandsen conoció de los mapuches el calor de sus rucas, vistió como ellos y alcanzó a comprender que había algo más de fondo que la mera defensa de las tierras en la ladera sur del río Bío-Bío. Tal vez logró interpretar que el modo de vida más libre y menos “rentable” de los mapuches, era una amenaza latente para los wuincas y su inamovible estado quo, pero eso ya es novela.

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