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Un Chuquicamata encima de Santiago

por 20 marzo, 2013

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El “modelo de desarrollo” muerde su propia cola. La imagen de una serpiente que, desplegándose completa hasta llegar a la forma circular, recorre todo el camino del mundo para encontrar su propio extremo. La serpiente se come a sí misma, porque se ha tragado ya todo el mundo.

Una metáfora para intentar dimensionar lo que por estas semanas está ocurriendo con el barrio de La Dehesa, de la comuna de Lo Barnechea de Santiago. Para quienes conozcan el barrio, no necesito muchas palabras. Para los que no, algunas:

La Dehesa es algo así como una isla y un fortín de barrio, ubicado en la precordillera al este de Santiago. Está aislado tanto de la comuna de Lo Barnechea como del resto de Santiago. Cerros la rodean por todos lados. Está escondido. Escarpadas laderas que suben desde el cauce del Mapocho lo ocultan; el cerro Manquehue le sirve como atalaya para mantener lejos al resto de la ciudad.

Construyeron autopistas especiales para que sus habitantes, que inevitablemente deben bajar al gran Santiago, puedan entrar y salir. Son pocas; son como puertas en las murallas. La Costanera Norte tiene su comienzo (o su fin) en el acceso a La Dehesa. Unas lenguas habladoras dicen que en realidad la diseñó el dictador cuando pretendió construirse un palacete en Lo Curro –barrio, por demás, muy expuesto, que se deja ver desde la ciudad. Como que quedó más abajo que La Dehesa.

Pues en este barrio no hay ni pobres ni clase media (ni siquiera clase alta, se sugiere). Es algo más que eso. Es la residencia convencional de la exclusiva y excluyente clase social que dirige y monopoliza el “modelo de desarrollo” del Chile de los últimos 40 años. Aquí viven los dueños de las empresas chilenas transnacionales; los integrantes de los directorios de las transnacionales no chilenas eligen chalets por aquí. Los gerentes con pretensiones de escalar en las pirámides del poder económico se vienen para acá. Sus hijos usan los colegios para continuar la carrera escaladora que proyectan los progenitores.

Los políticos chilenos comenzaron a cambiarse de barrio y preferir La Dehesa, hace ya por lo menos 25 años. Probablemente cuando con la llegada de la democracia, el enganche poder económico-poder político estrechó su abrazo. Pregunte a su diputado o senador (y a su alcalde) –aunque represente a una provincia lejana- dónde vive en Santiago.

Pues esta serpiente se está comiendo su cola. Una transnacional chilena –con la curiosa característica de ser propiedad del Estado de Chile-; una transnacional que “pertenece a tod@s los chilen@s”, como dice el dicho, pero que a esta altura del partido opera con exactamente los mismos [des]criterios de mercado que cualquier transnacional con sede en cualquier país, empresa llamada, para los efectos, CODELCO-División Andina, ávida de comerse la cordillera y sus preciosos glaciares, impulsada por este objetivo del “modelo de desarrollo” que es, primero que todo, mostrar un PIB de mucho más que veinte mil dólares, ha iniciado el proceso de poner en marcha un proyecto de ampliación de su yacimiento de cobre.

¿Qué tiene eso que ver con La Dehesa? Nada más que esta ampliación está proyectada de modo que l@s chilen@s vamos a terminar disfrutando de ser dueños de una mina a tajo abierto aún más grande que la actual Chuquicamata –que es, hasta ahora, la más grande del mundo-. Y que esta mina se ubicará a pocos kilómetros del barrio de La Dehesa.

¿Un Chuquicamata en el patio trasero? ¡En el patio trasero de los empresarios, directores y gerentes de la gran mayoría de las transnacionales que operan en Chile!  Horror de “modelo”. Se derrumba el barrio, el barrio fortín, el barrio isla: en pocos años, si el proyecto continua, La Dehesa va a quedar rodeada por su lado este-noreste, por una mina de cobre más grande que Chuquicamata.

¿Cómo vivir con un yacimiento minero de ese calado como vecino? Pues, parece que hasta ahora, estos conductores del “modelo de desarrollo” se habían paseado por Chilito poniendo sus empresas contaminantes y abusadoras por todas partes –siempre bien lejos de sus casas-. Hoy día, sin embargo, la ambición del “desarrollo” –este engendro ideológico con temperatura de fiebre- los enceguece al punto que están dispuestos a sacrificar su propio barrio exclusivo… para ganar más dinero.

La serpiente ha recorrido el país entero. Los poderosos nunca se satisfacen; la vida siempre les pesa (y pena) demasiado. La autodestrucción es también parte del “modelo”.

(*) Texto publicado en El Quinto Poder.cl

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