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El candidato de la derecha

por 3 mayo, 2013

El candidato de la derecha
En la principal fortaleza de la figura del gremialismo está también su principal disonancia para con la elite ya que, tal como decidieron en su minuto dejar de confiar en un gerente que deslindó responsabilidades en sus superiores ante la primera dificultad, la idea de apoyar a alguien cuyo mandato proviene de una instancia inasible tampoco les es demasiado cómoda.
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La caída de Laurence Golborne no se produjo por la dureza de los ataques de Allamand en su contra, sino por la cristalización definitiva del mensaje que el precandidato RN instaló desde que salió del Gobierno: que Golborne no daría el ancho para ser el abanderado del sector. Y para hacer carne dicha afirmación, mucho más importante que la sentencia de la Suprema o que las cuentas en paraísos fiscales fue la respuesta del ex gerente de retail culpando al directorio de Cencosud por sus acciones cuando estaba a cargo del holding.

La contienda Allamand–Golborne fue entre el candidato más confiable y el más popular, pero la irrupción de Pablo Longueira altera profundamente el eje político de la competencia. Lo que dice la UDI, un giro en 180 grados en materia de atributos, al elegir a su nuevo abanderado es que Allamand se les había instalado en un lugar que consideran estratégico para la sobrevivencia del partido. Con ello, anuncian que será ahí, en la representación simbólica de la derecha, en donde darán la batalla de los próximos 60 días. ¿Debe Allamand entrar a la disputa en ese enmarcado?

A diferencia de lo que sucede en la masa, en el electorado histórico de la derecha y más aún entre sus poderes fácticos, la carta UDI ha suscitado no pocas dudas por su personalidad y por su despliegue mientras fue titular de Economía. Visto esto, para que el precandidato RN pueda girar y aprovechar su perfil “moderado” para crecer electoralmente, es vital encontrar un mensaje nuevo que consiga hacer con Longueira lo mismo que logró realizar en su minuto con Golborne: relativizar su idoneidad como carta para el sector.

El sentido común politológico indica que las campañas de primarias se dan hacia los polos y que las carreras nacionales se libran en el centro. Pero este aforismo no aplica necesariamente a la competencia que veremos en junio, ya que en ella los militantes sólo podrán votar por las cartas de sus respectivas coaliciones, pero quienes no lo sean podrán elegir del total de candidatos en disputa su opción presidencial. Es decir, para un votante independiente, habrá 5 o 6 candidatos potenciales.

En principio, para Allamand podría parecer atractivo aprovechar su posicionamiento histórico dentro del grupo de políticos “moderados” en desmedro de la imagen “dura” de Longueira. A nivel nacional el UDI es un candidato que está indudablemente más a la derecha que su par de RN, pero esto —que sería una ventaja para este último en noviembre— no necesariamente asegura un triunfo en junio.

Por otra parte, a diferencia de lo que sucede en la masa, en el electorado histórico de la derecha y más aún entre sus poderes fácticos, la carta UDI ha suscitado no pocas dudas por su personalidad y por su despliegue mientras fue titular de Economía. Visto esto, para que el precandidato RN pueda girar y aprovechar su perfil “moderado” para crecer electoralmente, es vital encontrar un mensaje nuevo que consiga hacer con Longueira lo mismo que logró realizar en su minuto con Golborne: relativizar su idoneidad como carta para el sector.

Ahora que se enfrentan los herederos de Guzmán y de Jarpa, la batalla no pude centrarse en las credenciales políticas de cada cual. Y siendo la UDI una fuerza táctica mayor, radicar la diferencia sólo en la filiación partidaria de cada uno podría constituirse en un error mortal para Allamand, así que todo apunta a que su candidatura deberá profundizar en una idea que esbozó en sus primeras e instintivas reacciones frente a la debacle de Golborne: la naturaleza mesiánica del liderazgo de Longueira.



Ahí, en la principal fortaleza de la figura del gremialismo está también su principal disonancia para con la elite ya que, tal como decidieron en su minuto dejar de confiar en un gerente que deslindó responsabilidades en sus superiores ante la primera dificultad, la idea de apoyar a alguien cuyo mandato proviene de una instancia inasible tampoco les es demasiado cómoda.

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